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domingo, 19 de junio de 2011

El Nene -Leo Masliah-


"La del pirata cojo con pata de palo
con parche en el ojo
con cara de ¿malo?"

-Joaquín Sabina-





El NENE Y SUS MEMES


Una vez más recurrimos al “inigualable” Leo Masliah para reflexionar –aunque sea un poco- a través de su irónico discurso.
A simple oído, la que traemos hoy aquí, es una canción muy sencilla, tanto en su letra como en su melodía. Sin embargo, y ahora solo hablando de la letra, nos damos cuenta que si prestamos atención, la misma, aborda un tema bastante profundo.
Independientemente de la actitud piratezca del nene, que de que se lanza al abordaje del cerebro del adulto ¿En qué estamos pensando? Es, básicamente, la pregunta a donde apunta la canción.
Yo le añadiría una pregunta más: ¿En realidad podemos decir que los pensamientos- por más sofisticados que sean- son “nuestros”?

“A mí nadie me dice que tengo que pensar, yo pienso en lo que quiero y así vivo feliz.”

Sin dudas, esta frase es el “Quid de la canción”, así como también es la que nos invita a desarrollar, y a que llevemos un poco más allá esta entreverada cuestión.
Más adelante, posiblemente, profundizaremos sobre este tema.

Saludos!

Juan Carlos










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domingo, 5 de junio de 2011

FRASEGRAFÍAS -El Replicador de Sueños-

"La boca culmina rotos y agudos versos
la boca te anuncia besos por alcanzar
y saltan de entre los labios como sucesos
las frases más encendidas de pronunciar."

-Amaury Pérez-



FOTOFRASEANDO EN TERCERA CULTURA






En estos días, como algunos se habrán enterado, este barco virtual cumplió dos añitos de navegación ininterrumpida. Por “suerte”, este año no nos dio por festejar haciendo papelones ante cámara, así es que no se preocupen. Nuestro festejo de este año no es otro que el de, simplemente, seguir replicando; y hoy lo hacemos, a través de esta nueva sección a la que decidimos llamar Frasegrafías.
¿En que consiste? Algo muy sencillo, la elaboración de etiquetas que contienen unas frases que nos pueden resultar útiles para reflexionar en algún momento, las cuales están impresas, cada una, en la fotografía de su autor.
La idea es que las frases seleccionadas se integren con una intencionalidad tercer culturista, esto quiere decir que en las etiquetas podremos ver como se empiezan a lamer en sus fronteras, una a la otra, la buena ciencia y la buena literatura.
A quienes le resulten interesantes, curiosas, o sólo simpáticas, demás está aclarar que las pueden coleccionar y/o pegar en sus muros de facebook.

Saludos y gracias por estos dos años de visitas!!!

Juan Carlos y Facundo



Bertrand Russell





Jorge Luis Borges








Richard Dawkins









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domingo, 6 de marzo de 2011

¿Por qué resulta necesaria una ley para despenalizar la interrupción voluntaria del embarazo? -Juan Carlos Alonso-



"Los hijos que no tuvimos se esconden en las cloacas, comen las últimas flores, parece que adivinaran que el día que se avecina viene con hambre atrasada."



-Luis Eduardo Aute-





LAS RAZONES QUE EN LOS MEDIOS TAMBIÉN SE DEBERÍAN ESCUCHAR





El año pasado, se debatía en el congreso de la Nación la ley de matrimonio igualitario. Esta ley, como todos sabemos, es la que permite la unión en matrimonio (y patrimonio) de dos personas del mismo sexo. Luego de acaloradas disputas entre legisladores, finalmente resultó siendo aprobada y hoy, felizmente, está en plena vigencia.
En aquella oportunidad, tras escuchar a través de los medios de comunicación, los argumentos que esgrimían tanto los que estaban a favor de la ley, como los de los que estaban en contra, desde este espacio, también nos sumamos con la intención de aportar nuestros argumentos favorables a su aprobación, ya que éstos, eran de los que no se solían escuchar en el debate mediático generalizado.
Como en poco tiempo más será tratada la ley que permite la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo y, debido a la importancia de la misma, también quiero exponer mi aporte. Sólo que esta vez, me anticiparé a los futuros argumentos que se expondrán en el medio que mencioné antes, debido a lo previsible de la actitud de muchos de los que los promulgan.
¿O debería decir comulgan?
Sé perfectamente que la despenalización del aborto es un tema mucho más complejo y delicado para debatir, que lo que pude resultar una discusión sobre el matrimonio igualitario. Sobre todo, si hay que hacerlo contra los mismos que en aquella oportunidad, simplemente se oponían a ella, principalmente, por la sola “razón” de defender viejos tabúes potenciados por una tradición religiosa e, incluso, recurriendo también a razones biológicas claramente incompletas y descontextualizadas de la realidad .
Seguramente, en esta ocasión, también habrá legisladores que, sin estar contagiados directamente por un pensamiento religioso, votarán en contra de la ley; como así también habrá quienes voten a favor siendo personas creyentes de la existencia de algún dios de los, supuestamente, posibles.
Independientemente del pensamiento (o de los intereses) que defiendan cada una de las posturas, no podemos negar que en discusiones de este tipo, el discurso religioso es el que más protagonismo cobra, pasando a ocupar, prácticamente, la totalidad de la escena. Esto resulta tan lamentable como comprensible si consideramos que aún, como sociedad, no podemos conciliar del todo la idea de lo que es un auténtico estado laico.
Así es que, en esa dirección apuntaremos en primer lugar, para luego, abordar el tema desde lo concerniente a la condición social.

Tratándose de un tema político, para empezar, bien podría recurrir a la vieja y trillada “chicana” como herramienta, y decir, por ejemplo, aquello de que si consideramos que un 20% de los embarazos son interrumpidos en forma espontánea antes de los dos meses de curso, sin que los padres si quiera lleguen enterarse, entonces dios se convertiría, sin duda alguna, en el mayor abortista de la historia.
Este sería un dato que la gente creyente no debería desestimar pero, en su lugar, seguramente lo justificarán diciendo que es parte del “plan” o que dios a veces utiliza caminos misteriosos, o bien, simplemente, que las personas no tenemos derecho a cuestionarlo. Sin embargo, no vamos a tener en cuenta esta chicana, ya que justamente se trata de un tema de derechos humanos, por lo que, el tal dios, debe quedar excluido por razones mucho más que obvias: No corta ni pincha. Aunque los que los que cada día se lo inventan a su imagen y semejanza, sí lo hacen-y bastante bien-. A ellos les digo: ¡Ojo! Acá todos cortamos y pinchamos. (Y mordemos, en caso de ser necesario)
Es por este motivo que no podemos dejar de lado bajo ningún concepto, debido a su influencia, el pensamiento religioso y, para ello, es necesario mirar hacia atrás de manera inevitable. Por mayoritario en estas latitudes, contrastaré con el sistema de creencias católico (Usted aplique la variantes que le plazcan para cualquier otra religión y dará igual)


En mi opinión, lo primero que habría que considerarse en esta cuestión, es que el problema, justamente y como es lógico, es un problema de origen.
El inicio del universo no sólo es el punto de partida de todo lo que conocemos, sino que también resulta ser, el punto de referencia en el que se bifurca esta arcaica y, a día de hoy, ya casi insostenible dicotomía.
Mientras los religiosos creen que éste origen fue provocado por un chispazo divino hace unos 6.000 años, a partir del cual, en seis días, surgió todo (sin agregarle una idea más), muchos de los que no lo somos, podemos pensar únicamente en otro tipo de chispazo -que de divino no tuvo nada- y que sucedió hace mucho, muchísimo, tiempo más atrás. A partir de esta gran explosión, se inició un proceso muy –muy- lento del cual somos parte, y que además, por suerte, aún nos seguimos preguntando e intentando saber cómo es que sucedió.
Básicamente, a lo que ellos llaman chispazo divino, muchos otros, les decimos proceso NA-TU-RAL. Esta diferencia conceptual es importante y a continuación veremos por qué.

Me gustaría que nos enfoquemos, en lo que nos ocupa puntualmente ahora, que es la cuestión humana.
Desde el preciso instante en que se unen dos células conformando lo que denominamos concepción, hoy sabemos, que el desarrollo de lo que inicia como cigoto y que luego será un embrión y luego un feto y luego bebé (y más tarde un Juan/a y recién muchos años después, si tiene suerte, tal vez lo considerarán ser humano) se produce de manera comparable al mismísimo proceso evolutivo, sólo que, lo que uno tarda millones de años, el otro apenas nueve meses.
Si tenemos en cuenta esto, nos resultaría de “suma” utilidad evocar el inconsistente reconocimiento que tuvo que hacer el carismático Sr. Karol Jósef Wojtyla (JP II) en. 1996 sobre la evolución de Darwin. Para quienes no estén al tanto, en dos palabras, lo que él declaró públicamente en aquella oportunidad, fue que la “teoría” de la evolución era algo serio y posible, pero que dios “en algún momento” del proceso -obviamente sin especificar cuál- le inyectó un alma a uno de esas “bestias” convirtiéndola en ser humano.
Esto no es más que un intento de justificar lo injustificable, es la no explicación de un origen incierto, una idea confusa que no aporta absolutamente nada y, que incluso, hay muchos fieles que la pasan por alto y siguen creyendo literalmente el cuento de Adán y Eva. Estos son sus chispazos.
La realidad es que hoy sabemos perfectamente cuál es la ascendencia del ser humano al conocer, en cierta medida, nuestra genealogía. Y lo que resulta aún más importante: lo podemos comprobar. No sólo recurriendo al confiable método científico y a la abrumadora evidencia que éste nos brinda, sino también, cuando nos observarnos a nosotros mismos e, inevitablemente, advertimos esos resabios de nuestro pasado primitivo que están expresados de manera tan clara en nuestro comportamiento cotidiano. Estos son nuestros procesos.

Veamos ahora como estas diferentes posturas de chispazo divino y proceso natural derivan en sus argumentaciones respectivas y, también, lo relevante que resulta la visión que se tenga con respecto al tiempo, al espacio y al entorno


Generalmente, quienes están en contra del la despenalización y regulación del aborto, se manifiestan acérrimos defensores de “la vida” y consideran que esta práctica es, literalmente, un asesinato. La primera pregunta que se desprende es ¿Cuál es la vida que defienden? Luego de ponerse a pensar que, con esto de que felizmente las personas empezamos por fin a proteger, en cierta medida, a algunos otros animales; fueron sacando la palabrita “humano” de sus consignas panfletarias, ya que decir “la vida” suena emocionalmente más impactante; entonces me responderá, clarificando de manera solemne: Defendemos la vida de un ser humano.
Sinceramente me encantaría que defendiesen, con el mismo énfasis, la vida de “varios” seres humanos más, que en el mundo entero mueren injustamente como moscas, y no que sólo se limiten a decir ¡qué barbaridad! cuando lo ven por la televisión, o bien cuando lo defienden, es alimentando el altruista, pero perverso, engranaje de la caridad para, de paso, salvar sus almas. Pero bueno, todo no se puede.
Ya escucharán el “ecoevangélico” discurso de la diputada Hotton y entenderán en forma mucho más gráfica de lo que hablo.
Si volvemos al momento en que se produce la concepción y su inmediato desarrollo, es claro que nadie puede negar que lo que hay allí es vida. Como así también la hay en un espermatozoide o en un óvulo por separado, o incluso también la hay en la más (para nosotros) insignificante de las bacterias. Y acá es donde debemos ser específicos y dejar las hipócritas consignas de impacto emocional de lado. No se defiende “la vida”. Se defiende la vida de un ser humano, pero es imperioso preguntarnos ¿es eso un ser humano? Al parecer, para los promotores del chispazo divino si que lo es. Es en algún estadio de esa instancia, cuando el dios de cada religión de las existentes sobre la Tierra viene con la jeringa celestial y le aplica su dosis correspondiente de alma, declarándolo un auténtico ser humanos hecho y “con” derechos, entonces ahí sí que lo es. Lo que no me explico es por qué, si así fuere, la iglesia no lo ingresa a sus filas en ese momento, y no que tenga que esperar hasta que se desarrolle y nazca para empezar a lavarle la cabeza con agua bendita con el fin de limpiarlo del pecado original y también de “otros” pecados que, eventualmente, pudiese tener ya de fábrica, según el sacramento bautismal.
¿Será porque en esa etapa, si ni si quiera la madre se entera que está embarazada, mucho menos se enterará un “padre”?
Esto es análogamente confuso al discurso de Juan Pablo II en su intento de justificar la creación del hombre inserta en el proceso evolutivo ¿A cuál hombre fue que se le inyectó un alma? ¿Al homo sapiens? ¿Al homo antecessor? ¿Al homo erectus, acaso?
La pregunta no puede tener respuesta porque las denominaciones de las especies que conforman el parentesco de nuestra ascendencia, no son más que eso, denominaciones.
Las claras diferencias que hoy vemos entre ellas son apreciables porque están separadas por miles y miles de años, pero si tuviéramos que ubicarnos en un punto intermedio entre generaciones, cualquier diferencia nos resultaría imposible de percibir.
Es como cuando nos crece el pelo, entre un día y el siguiente no notamos la diferencia pero si vemos una foto nuestra de hace meses, ésta es contundente.
Yendo hacia atrás en el tiempo, si nos propusiéramos establecer una línea divisoria clara y precisa entre especies ¿A cuál consideraríamos humano y a cuál animal?
Otra vez nos encontramos en un embrollo. Entonces, lo que hacemos para tomar un parámetro aproximado, es considerar como punto de referencia el desarrollo del cerebro.
En la actualidad, nuestro pariente más cercano, de los que sobreviven, es nuestro primo el chimpancé, y la diferencia entre su cerebro y el nuestro es bien clara. Recién en estas últimas décadas hay intenciones altruistas de contemplar unos derechos básicos que los protejan, como así también a algunas otras especies de animales no humanos. Es natural que no se les puedan considerar los mismos derechos que a una persona, ya que obviamente les resulta imposible tener obligaciones. Pero imaginemos lo siguiente ¿Qué pasaría, en el supuesto caso que la ciencia genética pudiese traer a la vida a uno de nuestros ancestros? Sería físicamente mucho más similar a nosotros que un chimpancé, se comunicaría, sabría hacer fuego, incluso dibujar o hacer artesanías, y seguramente aprendería algunas cosas más, así como también, si nos descuidamos, muy posiblemente nos lanzaría una piedra por la cabeza para sacarnos nuestra hamburguesa o se lanzaría encima de nuestra hermana sin invitarla a tomar algo previamente. Estas características y aptitudes, sin duda, resultarían determinantes para que lo considerásemos de manera diferente que a un animal en cuanto a sus derechos, pero si su cerebro no estuviese lo suficientemente desarrollado como para comprender los actuales códigos de civilidad, encontrándose en una suerte de “mitad de camino”, tampoco podría ejercer las obligaciones que estos códigos exigen. Por lo tanto otra vez estaríamos un brete. Lo que quiero destacar con esto, más que nada, es la importancia que tiene el desarrollo del cerebro en una persona, de hecho, es principalmente lo que nos diferencia del resto de las especies y, en definitiva, lo que nos hace humanos.
Volviendo a nuestra analogía con el desarrollo del feto, podemos decir que hasta que éste no desarrolle su cerebro (y sistema nervioso) no deberíamos considerarlo como un ser humano que cuente con derechos, y esto lo aclaro, porque instintivamente es lo primero que se suele utilizar como consigna antiabortista.
Lo que sí hay allí – y otra vez esto nadie puede negar- es un “potencial” ser humano que comienza a formarse. Veamos ahora el tema de esta potencialidad.
En este punto es donde, en muchas ocasiones, al pensamiento religioso le encanta sacar a relucir lo que ellos llaman el argumento de Beethoven, cuando en realidad, se trata de una falacia.
En dos palabras, para quienes no la conozcan, es aquella que dice que el padre y la madre del genial músico tenían sífilis y tuberculosis respectivamente, que también él tenía como cuatro hermanos mayores de los cuales uno salió sordo mudo, el otro muerto, el otro con tuberculosis y el otro con no se qué cosa de esas. La cuestión del supuesto argumento es que si los padres hubieran aplicado la lógica de posibilidades según la estadística, deberían haber abortado, pero sin embargo, si lo hubiesen hecho, no hubiera nacido jamás el bueno de Ludwig.
Muy poco de esto fue cierto, basta remitirse a la biografía del compositor. Pero pongamos por caso que lo hubiese sido. ¿Por que sólo mirar la cara bonita de la moneda? ¿Y por qué no aplicar el mismo criterio a un Hitler o a un Torquemada y ver la otra cara posible? Claro, me dirán otra vez de manera solemne: el hombre nace con su alma pura(bueno, sólo con pecado original) y luego el mismo ser humano la corrompe, surgiendo a partir de allí la idea que el hombre es malo, es pecador, el hombre todo lo estropea. Yo simplemente respondo que precisamente, eso, es despreciar la vida de la raza humana. No querer ver las evidencias de nuestro origen y pensar que el hombre tiene que ser bueno “porque sí” no va a arreglar las cosas. Las cosas se pueden arreglar si reconocemos y tomamos real conciencia de una vez por todas, que gracias a un proceso evolutivo somos, en general, más o menos buenos y más o menos malos, algunos estarán más a los extremos del espectro que otros, pero de esa manera, en parte, nacemos y, en parte, nos hacemos.
Incluso también, de a poco nos vamos dando cuenta que el “ser buenos” no sólo nos hace de una mejor convivencia, sino que, aparte, nos conviene. Hay que tener en cuenta que nuestro cerebro aún se sigue desarrollando. Hoy recién empezamos a comprender los primeros mecanismos de su funcionamiento y sabemos con certeza que en muchos casos nos engaña. La visión, por ejemplo, nos deja ver sólo lo que nos sirve para subsistir en nuestro entorno y no el resto de lo que existe. Cuando usted ve el borde de una mesa o cualquier línea recta, en realidad no esta viendo la línea en su totalidad, punto por punto, sólo ve los extremos y el cerebro construye el resto. También, mientras usted piensa que esta ahí quietecito leyendo esto, en realidad esta rodando a una velocidad de 1000 Km. /h (o a 1600 si estuviese sobre el ecuador o quitecito si estuviese justo en el polo) que es la velocidad en que gira la tierra, pero ¿quién podría vivir con la sensación constante de que se está sobre una tasa loca como la de los parques de diversiones?
Otra de esas tantas ilusiones de nuestro cerebro es la idea del alma e, incluso de similar manera, el sólo hecho de decir “nuestro cerebro” también es ilusorio. No es que el cerebro sea “nuestro”, sino que nosotros directamente “somos” ese cerebro. Pienso que la ilusión del “yo” aún nos resulta de utilidad para desenvolvernos y, sobre todo para comunicarnos (que es tan importante para nosotros), pero la del alma, por más bella que nos resulte la idea, ya está quedando obsoleta y, lo que es peor, nos está causando problemas a la hora de interactuar con las nuevas realidades que hemos descubierto recientemente en nuestro entorno. Por lo que creo, que iría siendo conveniente seguir utilizándola, sí, pero sólo como metáfora en el imaginario de poesías y canciones. De esta manera, tal vez, llegue a hundirse en las profundidades de ella misma y, con un poco de suerte, finalmente se ahogue.
Es hora que dejemos de engañarnos -y sobre todo- que dejemos de engañar a nuestra descendencia en su edad más vulnerable, al menos, si es que tanto nos preocupamos por el futuro de los potenciales seres humanos. El alma no es otra cosa que un producto más de nuestro cerebro y, de hecho, está más relacionada con la muerte que con la vida.
No podemos elaborar -bajo ningún concepto- leyes terrenales que estén fundadas en un simple deseo de continuidad en el difuso paisaje de otro supuesto mundo ideal.
Sin cerebro no hay alma ni tampoco hay ser humano, en cambio con cerebro puede no haber alma, pero, indefectiblemente, siempre hay ser humano.

Hasta aquí vimos las diferencias conceptuales en el origen y las respectivas consecuencias de ambas posturas. Mediante una analogía didáctica también nos dimos cuenta de lo difícil que nos resulta establecer lo que es humano y lo que no, pero si hay algo que nos queda claro en ese punto es que, sin este cerebro, podemos ser cualquier otra cosa, pero de ninguna manera, seres humanos.
Finalmente quedamos en que el potencial ser humano que se esta gestando se los suele mirar con un solo ojo, seguramente que para cuando lo reciban, hacerlo con un guiño, como diciéndole ¡bienvenido al club!

Ahora es momento abrir bien los ojos y ver el aspecto social, que en realidad es lo que debería resultarnos mucho más importante. Para ello nuevamente y, como es lógico, debemos mirar tanto hacia atrás como hacia adelante en el tiempo y, también, hacia los costados en el espacio.
Una ley de derechos humanos como resulta ser la despenalización del aborto no se puede hacer sin mirar a futuro. Como mencionaba anteriormente, el pensamiento religioso tiene un fuerte anclaje en el pasado y cuando quiere mirar a futuro sólo ve fantasmas celestiales. Si abrimos bien los ojos de una vez por todas e intentamos ver hacia adelante, que en realidad, no es otra cosa que ejercer la “especialidad” de la raza humana, deberíamos tener en cuenta ciertos puntos a la hora de preguntar ¿Por qué necesitamos despenalizar y regular el aborto?
Uno de ellos es tener en cuenta que los avances aceleradísimos de la genética y otras ciencias nuevas, de los cuales hoy (si queremos), podemos ser testigos, van a colocarnos en un escenario totalmente diferente al actual. Y no estoy hablando en este caso de miles o millones de años, como cuando miramos hacia atrás, me refiero solamente a un par de generaciones más adelante, o sea, nuestros hijos o nietos (Suponiendo, claro, que dentro de dos años falle, como tantas otras veces, el “bendito” armagedón).
Pensemos seriamente en qué vamos a hacer en el futuro, cuando una sustituta ecografía que, vaya a saber uno cómo se llamará por eso años, nos diga, por ejemplo: Su hijo nacerá con el cabello rubio y los ojos celestes. En su madurez alcanzará una altura aproximada de 1,78 m, pero esto sólo si ocurre un milagro, ya que también tendrá una afección severa en el miocardio y existe un 98% de posibilidades que la palme antes de los dos o, a lo sumo, tres años de vida.


¿Diremos que tiene derecho a nacer para vivir en esas condiciones? ¿Estaremos dispuestos a sufrir el “calvario” de vivir ese tiempo corriendo al hospital a cada rato para luego afrontar el terrible dolor que implica la muerte excesivamente prematura de un hijo? ¿Acaso esperaremos el milagro? ¿O preferiríamos cortar a tiempo y esperar por lo sano? Debemos tomar real conciencia que este escenario no es el set de una película de ciencia ficción. Se trata de algo que muy posiblemente empezará a suceder en forma gradual y, tal vez, bastante antes de lo que imaginamos. Calculo que en esos momentos las discusiones pasarán por intentar regular normativas para los casos en que los pronósticos sean desalentadores pero en puntos intermedios. Se debatirá probablemente si hay derecho a nacer para sobrellevar una enfermedad complicada de por vida, o bien, si hay derecho, sabiendo que no hay mucha probabilidad de que vaya a pasar de los diez o quince años de vida. Pero sinceramente no creo que haya dudas en interrumpir el embarazo cuando los resultados sean claramente determinantes.
Como analogía premonitoria de esta situación, tenemos en el presente el caso de los chiquitos en adopción ¿Cuántas personas adoptan chicos sanos y cuántas a uno que padezca alguna enfermedad? …No creo que haya mucho más que agregar.
Pasemos ahora a otro de los puntos de la cuestión social, que seguramente nos resultará sensible, pero que no podemos pasar por alto en esta discusión.
En el debate sobre el matrimonio igualitario, que mencioné al principio, se dio el caso que un diputado (que lleva el mismo apellido de un capo cómico argentino ya fallecido) se oponía a la ley sosteniendo el siguiente razonamiento básico: Hay una isla habitada sólo por hombres y otra habitada por hombres y mujeres. Al cabo del tiempo, los de de la isla unisex se extinguen y los de la mixta sobreviven. ¡Brillante! Claro que al escuchar esta obviedad no podemos negar que tiene razón, sin embargo lo que debemos tener en cuenta ahora es que –ese- no es precisamente el escenario actual, sino que de a poco nos vamos aproximando, cada vez más, justo al opuesto. Por más que el corazón sea grande, la casa nos está quedando cada vez más chica. Este es otro claro ejemplo de la presunción de defender “la vida” porque sí, sin tener el mínimo reparo en la manera en que ésta se desarrolla y en qué tipo de contexto.
Siguiendo los lineamientos de ese tipo de razonamiento básico, me podrán decir ¡pero si hay espacio de sobra! Señores, bien sabemos que no sólo es espacio físico lo que hace falta, las personas, para vivir, hoy necesitamos todo un paquete de recursos que son justamente lo que en la actualidad necesitamos reorganizar y estar muy atentos a su distribución, al menos, si es que en unos años no queremos experimentar en carne propia lo que significó la edad media.
A muchas personas de clase media para arriba, con bastante frecuencia, se le escucha decir muy a la ligera: ¿Sobrepoblación? ¡Imposible! Si la gente cada vez tiene menos chicos
Si uno le dice que no sólo mire los índices de natalidad de la clase media alta europea de los últimos diez años, sino que mire también los índices de aumento exponencial de bastante más tiempo atrás e incluya a las clases de más bajos recursos, entonces responden de manera enfática ¡Esos porque son ignorantes y sólo les importa el sexo! ¡Tienen de a seis hijos y no piensan que luego no los pueden mantener!
Es lógico que sean ignorantes, si consideramos que ellos no tienen la misma oportunidad de recibir educación que tienen otros y, si por casualidad la tienen, en muchos casos, el mismo entorno en el que viven puede hacer que la desaprovechen.
Sin embargo se trata de otro error, el sexo les gusta de la misma manera que le gusta a cualquiera y no es por eso que tengan más hijos. Una persona con suficiente poder adquisitivo puede tener seis hijos porque sabe que puede mantenerlos, mientras que una persona sin recursos económicos puede tener seis hijos, lamentablemente, porque de esa manera tiene más posibilidades de que, en un entorno difícil, algunos de ellos tengan más probabilidades de sobrevivir. Y eso no se piensa, eso es instinto en plena acción.
Hay que tener en claro que la urgencia de tener en la actualidad una ley de estas características es justamente para proteger la vida de los que tienen menos recursos y están prácticamente condenados a someterse a una mala praxis. Una persona que va a escondidas a una interrumpir un embarazo en condiciones seguras, es obvio que no la necesita; a ver si todavía, al estar legalizado y regulado, tiene que dejar asentado con su firma en algún registro que cometió semejante ”pecadillo”.
Es inminente que se van a tener que tomar medidas para que se empiece a equiparar un poco la cosa entre las abismales diferencias entre clases sociales a nivel global, más aún de lo que ya se equipararon, si tomamos como referencia tan sólo un par de siglos atrás. Ya que de lo contrario, sin vaticinar Apocalipsis, podemos llegar a tener serios líos si la población aumenta como se prevé y, o escasean, o no se reparten de manera más equitativa lo recursos.
¿Qué pasará en ese caso? ¿Por fin los pobres tomarán el poder por sobre los ricos? Es vidente que no. Ya tenemos experiencia a montones en ese tipo de situaciones a partir de ejemplos más aislados, morirán de a miles. La diferencia está en que eso, en la actualidad, cada vez más, gracias a loas avances en comunicación, está empezando a quedar mal visto y a ser condenado a nivel global.
Aparte, basta con dejar de creernos tan” divinos” y sólo mirar en la naturaleza cómo cuando en un grupo de organismos, son demasiados y escasean los recursos, la manera poco simpática en la que éste se autorregula.
También, otra de las cosas que hay que considerar, es que tenemos la posibilidad de un futuro en que los avances de la medicina harán que la gente que no puede tener hijos, los pueda tener de manera mucho más eficiente de lo que se hace hoy en día. Si a eso le sumamos que seguramente también se prolongará, como se viene prolongando, la expectativa de vida (no olvidemos que menos de ciento cincuenta años prácticamente se duplicó), tendremos mucha más gente por todas partes y “afortunadamente” viviendo más tiempo.Y mejor ni hablar si se siguen descubriendo células madre en diferentes partes de nuestro organismo. Sabiendo que una célula madre también es un “potencial” ser humano, no sea cosa que cada vez que nos cortemos las uñas o vayamos a la peluquería, nos convirtamos en los más seudo-inconcientes de los genocidas de la historia.
Es por esto que debemos ser concientes que una ley como ésta es una herramienta más, de las tantas otras que hay, que nos sirve para ir autorregulando gradualmente un posible futuro complicado, de una manera mucho menos drástica que si lo hacemos actuando ante una emergencia. Claro que una nueva enfermedad, un meteorito o una terrible erupción pueden diezmarnos en un santiamén, pero bueno, eso es otro tema y, en ese caso, sacarán leyes mediante las cuales se les pague o incentive a las personas para tener hijos.
Pensemos que hoy, en algunos países de lo que para occidente aún sigue siendo la cara oculta de la Tierra, hay leyes que limitan la natalidad por la densidad demográfica en que hay en ellos.
¿Cómo reaccionaríamos llegado el caso que tengamos que tomar medidas similares?
Seguramente pondríamos el grito en el cielo para que, una vez más, éste sea únicamente escuchado en la tierra por los seres humanos (como es natural), sin más reacción que la de ponernos a llorar y patalear.
Para terminar, y luego de ver muy resumidamente, las factibles consecuencias sociales que puede acarrear el hecho de no tomar a tiempo las medidas preventivas necesarias, las cuales, adicionalmente, nos hacen caer en la cuenta que también nos resultan útiles para que en la actualidad exista más equidad, debo decir, que el resto de las argumentaciones que seguramente expondrán, principalmente, los sectores feministas en relación a la defensa del cuerpo y el cerebro(que es parte del cuerpo) de la mujer, me resultan sumamente plausibles, pero como dije al principio, mi intención en esta reflexión personal, es considerar los puntos que, posiblemente, no se tengan en cuenta en la discusión mediática.

Saludos

Juan Carlos


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viernes, 28 de enero de 2011

Una canción más que especial -Karel García-


"Porque una flor es la prueba, de que en medio de lo triste,
lo sensible se renueva."

-Karel García-





LO SENSIBLE SE RENUEVA


Bueno, este blog ya andaba necesitando una dosis de música y, es por eso, que traigo una de las canciones con discurso más realista, entre las tantas que conozco.
Esta vez, el súper citado en este espacio, Silvio Rodríguez, acompaña al también cubano, Karel García, quien es el autor de esta genialidad de canción.

Me resulta inevitable no aprovechar la ocasión para adjuntar una breve reflexión sobre un punto en particular.
Seguramente habrá quienes, quizás por deporte, interpreten la letra relacionándola con la situación sociopolítica de la isla, como si los artistas cubanos sólo hablasen de eso. Sinceramente, no se qué fue lo que inspiró al autor a escribirla, pero en mi opinión, su contenido se sumerge en lo profundo de la condición humana, y lo hace recurriendo a la herramienta más complicada que existe para describir algo tan complejo, o sea, la simpleza.
Dicho esto, me gustaría detenerme en la frase la verdad no existe, que en la canción está perfectamente contextualizada y reforzada por la estrofa que le sigue. Sin embargo, es una frase que con mucha frecuencia se la suele utilizar para justificar cualquier tipo de ilusorias sandeces totalmente fuera de contexto.
Afirmar que la verdad no existe, es evidente, que es una contradicción, ya que si lo hago, estoy diciendo que es verdad que la verdad no existe, por lo tanto, si ese precepto es cierto, entonces la verdad ya existe.
Esto me recuerda a la frase dios es omnipotente y aquello de ¿y entonces cómo hace para crear una piedra tan pesada que no pueda levantar? O una cosa o la otra, pongámonos de acuerdo en eso.
Hay verdades (“razones con bastante fundamento” dice la canción) que existen y nos sirven para vivir. Una piedra, puede que sea “mentira” que sea una “piedra”, pero es verdad que es lo que es, y si es muy pesada y nos cae en la cabeza, nos morimos de cajón.
Sólo eso, espero les guste la canción


Saludos


Juan Carlos




video confeccionado por : Limonade




Somos madero en deriva dentro y fuera de la costa,
somos bardos sin silencio con algunas libertades,
porque todo prisionero, de sí mismo extrae verdades,
aunque la verdad no existe.

Somos algunas razones con bastante fundamento,
somos lo que busca, a tientas, un futuro que persiste
en dejarnos como atados, no en mostrarnos como libres,
pues la libertad no existe.

Somos parte de los pasos de la historia cotidiana,
somos como una ventana
que espera que un ojo mire para anunciar su mañana.

Como una veleta nueva que no sabe dirigirse,
porque siempre los caminos,
son pocos para escogerse y largos para seguirse.

Somos piedra sobre piedra, piedras de generaciones,
que actuamos como mortales y pensamos como flores,
porque una flor es la prueba, de que en medio de lo triste,
lo sensible se renueva.



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domingo, 16 de enero de 2011

Cuanto mas conozco a mi perro, más quiero a las personas. - Juan carlos Alonso-


"Doña Disparate llama a los bomberos,
a la policía y al sastre y al cura,
pero cuando llegan todos,
el perrito esta muy contento bailando la rumba."

-María Elena Walsh- (In memorian)





¿CUANTO MAS CONOZCO A LAS PERSONAS, MÁS QUIERO A MI PERRO?




Un par de noches atrás, mientras me hallaba concentrado en un asunto en el ordenador, una de las perras que vive en casa empezó de repente a ladrar. El monótono e insistente ladrido, cumplía bastante bien con su función principal, que era la de defender el territorio ante los otros dos perros que comparten entorno con ella. Sin embargo, también desempeñaba una función extra, pero ésta, más que bastante bien, se podría decir que la ejercía a la perfección. Logró que yo de inmediato me desconcentre y, a los pocos segundos, me fastidie. Fue entonces cuando acudí a incitarla a que se calle arrojándole un chorro de agua, ya que decirle ¡callate! (aunque a veces lo haga) no tiene ningún sentido, debido a que la pobre perra es sorda. Al volver al ordenador, tal vez, para canalizar mi fastidio por la desconcentración, fue que mediante una humorada, se me ocurrió jugar irónicamente con las palabras y puse en el muro de facebook:
“Cuanto más conozco a mi perro, más quiero a las personas”
A partir de algún comentario pro-perruno en respuesta a la publicación por parte de una querida amiga, es que recordé viejas discusiones con diferentes personas en lo que respecta a este tema y decidí, a través de este post, desenmascarar lo que subyace en la conocida y trillada frase:
“Cuanto más conozco a las personas, más quiero a mi perro” ya que de esta manera, por más que en principio no parezca significativo, podremos develar, por un lado, como nos relacionamos con los perros y, por el otro, qué es lo que esperan de las demás personas los que gustan tanto de repetir esta frase casi mecánicamente.
Para empezar, debemos tener en cuenta que con los perros utilizamos estándares de valoración, en cierta media, similares a los que utilizamos con las personas. Esto quiere decir: Cuando vemos un cachorrito cualquiera, nos enternece; cuando vemos un perro lindo, nos gusta; cuando es uno de “raza” o con pedigrí, nos llama especialmente la atención; cuando nos topamos con uno enfermo o hambriento, nos da pena; cuando uno nos amenaza, le tememos; o bien, cuando vemos a un perro común caminar por la calle, simplemente, lo ignoramos. Otra característica, es que también solemos sentir más afecto por “nuestros” perros y los de nuestros familiares o amigos, que por los de cualquier otra persona.
Ahora bien ¿Por qué escribí nuestros entre comillas? La respuesta a esta pregunta es la punta del ovillo del cual, si tiramos de ella, se empieza a desenredar esta enmarañada cuestión.
Al utilizar el posesivo y decir nuestro perro, no lo hacemos sólo de manera referencial como cuando lo utilizamos con la personas. Yo puedo decir: Tal es mi hermano, mi amigo o mi vecino y, en función de esa premisa, mi hermano puede decir que yo soy su hermano, mi amigo que yo soy su amigo y mi vecino que soy su vecino. O sea el posesivo ejerce sobre un eventual calificativo. En el caso del perro, lo utilizamos directamente sobre el sustantivo o sujeto.
La cuestión es que nosotros decimos “mi perro” y el perro no puede decir absolutamente nada, eso está más que claro. Pero qué pasa si nos preguntamos, por ejemplo ¿Qué seríamos nosotros para el perro? Pasa que de manera casi inevitable y, sin pensarlo, surgen de nuestros labios palabritas tales como “dueño” o “amo”. Si lo pensamos un poco más, nos damos cuenta que, no siempre, pero en muchos casos, incluso pagamos una suma de dinero por hacernos de ellos ¿…? Un momento. ¡Acá hay perro encerrado!
Este breve análisis surgió a partir de aquellos que suelen comparar de manera muy liviana a la gente con los perros. Acabo de mencionar sólo un par de simples y básicos detalles que hacen a nuestra relación con lo perros. Si estos mismo detalles los aplicamos a la gente, es muy probable que en siglos anteriores, más allá de ser aberrantes, hubiesen pasado desapercibidos como algo normal, pero a día de hoy
¿No se trataría de una actitud esclavista?
No claro, a los perros no los explotamos haciéndolos trabajar (bueno, salvo algunas excepciones)
Entonces ¿Qué es lo que hacemos con los perros?
Los alimentamos, les brindamos un lugar para dormir seguros, jugamos un rato con ellos, los vacunamos, los sacamos a pasear, los adiestramos, en la medida que podemos, para que nos hagan caso, les hablamos, los bañamos, a veces los hacemos tener cría y, cuando lo consideramos molesto, los castramos o los aislamos, les cortamos el pelo, etc.
Es muy probable que el perro sólo espere de nosotros el alimento y un poco de atención, nada más. El resto es cosa humana y los perros no tienen la capacidad cognitiva de comprenderlo por más que muchas personas insistan en atribuirle humanización a diferentes aspectos de su comportamiento. Si un perro va en busca del palito que le arrojamos y lo trae “alegremente” no es porque se siente feliz de ser parte de un juego, al menos de la manera en que lo entendemos nosotros, es muy posible que lo haga mecánicamente a partir de una conducta adquirida ancestralmente de la época en que nuestros antepasados le arrojaban a los lobos los huesos con restos de carne para que se alejen de la fogata. Lo que habría que ver, es si nuestro comportamiento en ese juego es igual de mecánico por los mismos motivos o sólo lo hacemos porque disfrutamos al ver como controlamos fácilmente los movimientos del perro.
La actitud esclavista o de dominio humano al animal no le importa, él reconoce y es más funcional o condescendiente con quién le da de comer, incluso si éste, para que le obedezca, lo maltrata. En lo personal, no estoy de acuerdo con estas prácticas porque independientemente que al perro le importe o no, al impartírsele un golpe, en ese momento, es evidente que le duele y lo sufre, pero así y todo, nadie puede negar que pasado el castigo, el perro mantiene su “fidelidad” respondiendo a quien lo maltrató.
Lo que quiero decir con esto y, para terminar, es que si vamos a comparar a los perros con las personas en cuanto a su comportamiento, la gente que repite la famosa frasecita, si es sensata, debería reconocer que en realidad lo que más les gusta de los perros es cuando les hacen compañía, cuando son dóciles, cuando los obedecen, cuando son cariñosos (sin que haya sexo de por medio), o bien, cuando los escuchan hablarles y no les contestan. Entonces, si afirman que cuanto más conocen a las personas más quieren a “su” perro, la pregunta que responde a esta cuestión es…
¿Cómo quieren que sean el resto de las personas para ser queribles?


Algunas aclaraciones para evitar malas interpretaciones: Me gustan los perros en general, interactúo con ellos y les suelo brindar afecto, sin embargo la palabra amor me sigue sonando grandilocuente y hasta hipócrita en este tipo de relaciones. Más allá que la mayor parte de mi vida conviví con perros jamás fui el “dueño” de ninguno de ellos. La perra en cuestión es la de la foto y se llama Abril. Sí, supertierna...¡porque las fotos no ladran!

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miércoles, 6 de octubre de 2010

Palabras Reencontradas -Juan Carlos Alonso-




"Cuéntame el cuento de las cadenas que te trajeron"

-Pedro Guerra-


Hoy vuelvo a desempolvar viejos papeles para dejar en este rincón de la bodega un monólogo que se me dio por escribir unos cuantos años atrás como tarea de un taller literario que estaba realizando en ese momento. Como en aquella oportunidad, la profesora me dijo que el título era incomprensible (me parece que tampoco se esforzó demasiado en intentar comprenderlo) les dejo la pista que revisen el significado de los números en los sueños con relación al juego de lotería en Argentina y el misterio se develará como por arte de magia… ( Perdón por la ironía, pero no tuve oportunidad de hacerla en su momento je je je)

Saludos!


Juan Carlos





Cuarenta y ocho de veintiuno, del encierro y del cansancio




Dicen que la vida es una lotería. Por lo que veo, muchas veces, la muerte también.
Aunque parezca contradictorio, debo confesar que ya estoy cansado de estar muerto, y digo contradictorio, porque los muertos, siempre nos dijeron que estábamos para descansar en paz y no para cansarnos.
La verdad es que nunca en la vida me imaginé que la muerte pudiera llegar a ser esto. Tampoco supe advertirlo al ver los rostros de los muertos o las muertas con los que me había topado cuando aún estaba vivo, tal vez por ingenuidad propia o, tal vez, no lo noté porque ellos, una de las primeras cosas que aprenden a hacer, es a disimular. Cosa que con el tiempo, aprendí muy bien a hacer yo también.
La causa inicial de nuestro deceso (el mío y el de mi mujer) se produjo, naturalmente, y como en tantos otros casos, por accidente.
Si consideramos que un accidente es un estado que aparece en algo, sin que sea parte de su esencia o su naturaleza, al decir “naturalmente”, en apariencia, se trataría de otra contradicción, sin embargo, si contemplamos la naturalidad con que aceptamos ciertos estados de nuestra civilidad, está visto que no lo es.
El día que se produjo la desgracia fue un sábado por la noche, hace aproximadamente una década atrás. Ella y yo nos encontrábamos sentados en el asiento de atrás de un coche negro, semilujoso y de alquiler. Hay que reconocer que íbamos demasiado rápido y, tal vez, por lo emocionados que estábamos, no le prestamos atención a las luces de precaución.
Pasamos un año y medio en estado de coma compartiendo habitación en el hospital hasta que, finalmente un paro, más cardio que respiratorio, perfectamente sincronizado entre ambos, nos terminó de matar al mismo tiempo. Si, como creíamos, habíamos nacido el uno para el otro, no me parece nada raro que hayamos muerto del mismo modo.
Supe que el chofer del auto aquella noche se salvó, pero según dicen, unos años después murió en otro accidente, aparentemente, en esa oportunidad el “estado” que apreció fue el de embriaguez. Iba solo. Y de un golpe seco de su cabeza contra el espejo retrovisor fue a parar al fondo de una tumba que queda cerca de este lugar.
“Este lugar”… vaya si nos costó conseguirlo. Como muertos recién estrenados que éramos, mucho fue los que nos esforzamos, nos desmorimos ahorrando peso a peso durante interminables años para pagar el crédito que nos permitió seguir muriendo cómodamente en esta bóveda. Siempre signados por los lineamientos que define una sociedad de, y para los muertos.
Luego intentamos alcanzar un alto estilo de muerte como nos habíamos propuesto, pero como tantos otros, nunca lo conseguimos. Recuerdo cuando, por separado, cada uno tenía su vida y en ese tiempo era impensado ahorrar para invertir en estilismos.
Con el paso del tiempo, poco a poco comencé a sentir este encierro. Nuestra muerte cotidiana se tornaba cada vez más rutinaria. Ella no me hablaba ni yo tampoco a ella, la mayor parte del tiempo la pasábamos dentro de nuestro panteón, solo alguna veces, de cuando en cuando, íbamos de visita a los nichos de otros cadáveres con los cuales lo único que teníamos en común era la cesación de nuestras vidas.
Siempre dentro del cementerio.
Las noches eran interminablemente largas pero a esta altura ya dormíamos en féretros separados, lo que implicaba que llevábamos, lo que se dice, una verdadera muerte sexual intensa. Yo, con las ventajas del rigor mortis concentradas en mis músculos más íntimos y ella con su interior seco, tan característico de toda aquella mujer que ya no tiene vida. Cualquier intento resultaba en vano sin la presencia de esa tibia y perfumada humedad que sólo un corazón latiendo es capaz de hacer fluir.
Como de otra forma hubiese sido imposible que suceda, al tiempo, fue el cielo quien se encargó de enviarnos a dos lúdicos angelitos de la guarda, con la injusta misión de ser la última opción de conservar algo entre nosotros, algo que a esta altura ya era inconservable.
Ahora nuestra bóveda esta llena de tierra y se fue cubriendo de telarañas…ya no traigo flores y las únicas visitas que recibimos son cuñadas y suegros que vienen a contarnos de sus muertes. A veces, voy a charlar con los que están en las tumbas comunes, los que por causa o destino terminaron solos en un ataúd, como el chofer del coche. Ellos están muertos como yo, pero suelen ser algo más sabios por el sólo hecho que vivieron más tiempo, murieron sí, pero más viejos. Y me hacen reflexionar…
Siempre fui muy creyente, y no creo que Dios me haya enviado al infierno, pienso esto porque toda mi vida cumplí obedientemente con su mandato divino, acepté las reglas y el destino que Él había marcado para mí, sin embargo, no se por qué estoy acá…
Ya no tolero este encierro, me siento cansado de saber que estoy rodeado de aire y no lo puedo respirar.
Millones de personas sospechan que hay vida después de la muerte. Yo, tengo la firme certeza que la hay. Mañana mismo le pido el divorcio a mi mujer.
Mi conciencia estará en paz con Dios y con la iglesia, ya que cuando aquel sábado en el altar juré honrarla, amarla y respetarla, fue sólo hasta que la muerte nos separe.





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miércoles, 1 de septiembre de 2010

¡ATENCIÓN! Una Forma Diferente de Hacer Publicidad Engañosa. -Juan Carlos Alonso-



"Cuando me dejes, cuando me rechaces, estarás destruyendo, negando a mis padres, a todos mis hijos, a lo que me hizo y a lo que yo vine a hacer."

-Silvio Rodríguez-





UNA PUBLICIDAD "DE CEPCIÓN"








Luego de ver esta publicidad, cualquiera de nosotros puede decir: Me gusta… utilizan una buena idea a través de su slogan, es corta, sencilla y el mensaje es directo ¿Dónde está el engaño?
Si vamos al concepto de publicidad engañosa, nos dice que es aquella que puede inducir a error a sus destinatarios o la que afecte su comportamiento económico, o también la que pueda perjudicar al competidor.
La podemos volver a ver nuevamente y comprobar que aparentemente no cumple con estas premisas. Simplemente nos muestra una réplica del “robotito ese” que enviaron a Marte, fallando ante un sencillo obstáculo, luego, ante la eventualidad, las caras de “nerds” que ponen los controladores reflejando la imposibilidad de dar solución al problema y, finalmente, en contraposición a esta situación, realza la tecnología de punta que utiliza la reconocida marca de automóviles, la cual satisface nuestras necesidades más terrenales.
No perjudica al competidor, no afecta nuestro comportamiento económico, pero…Seguro que ¿No nos induce al error? ¡Claro que sí!
Pasa que no es un error que afecte nuestro bolsillo, sino que se trata de un error que afecta nuestro conocimiento. Y eso no parece importar demasiado a la hora de vendernos productos.
Sucede que, infelizmente, justo se les ocurrió utilizar el peor de los ejemplos para utilizar el calificativo decepcionante, ya que “el robotito ese” no es nada menos que una emulación de alguno de los dos robots, Opportunity o Spirit enviados por la NASA a Marte a fines del año 2003 en la misión Mars Exploration Rover, la cual tenía una estima de durabilidad en el tiempo de tan sólo tres meses, y que recién está llegando a su “aparente” fin, luego de de enviar valiosísima información sobre el planeta rojo durante seis años.
Entonces mi pregunta es ¿Qué necesidad había de utilizar este recurso tan erróneo como bajo e innecesario para hacer un comercial?
Sospecho que se trata de la actitud que muchas empresas de publicidad están adoptando últimamente, esto es, realzar más la idea utilizada para la publicidad, que las bondades propias del producto a publicitar. Lo que significa que se promocionan más a ellos mismos que a la empresa que los contrata. Cosa que no me molesta para nada, ya que celebro las buenas ideas y no compro sólo por la publicidad. Pero no me molesta, siempre y cuando, éstas no falten a la verdad, y sobre todo, de una manera tan descarada.
Esta publicidad en particular, no sólo me molesta sino que, en cierta medida, también me preocupa, ya que me recuerda a una frase que en mi país se la suele adjudicar a un periodista tan amarillista como patético, dudo que sea de él, pero le cuadra perfectamente. Dice así: “Que la verdad no te impida hacer una buena nota”. El caso de esta publicidad no creo que sea muy diferente.
Hay personas que, muy tranquilamente desde el sillón de sus casas, frente al televisor pueden decir en este caso ¿Y? A mí que me importa el robotito. El automóvil es de buena calidad y aparte es cómodo y elegante. Yo, en lo personal, no tengo dudas que lo sea, pero me parece más que contraproducente, no sólo el hecho de mentir, sino el agravante de subestimar de manera totalmente innecesaria avances tecnológicos tan relevantes como éstos. No olvidemos que gracias a misiones similares, pudimos advertir los problemas que hoy tenemos en casa, sobre el calentamiento global y el agujero en la capa de ozono, entre tantos otros.
Tampoco olvidemos que estos robotitos son los que resultarán precursores de encontrar las posibles soluciones á los problemas que tendrán que afrontar sus hijos que en este momento están jugando alegremente a los videojuegos de consola en la habitación de al lado.
Hay otra publicidad de la misma serie del producto, en la que el slogan cambia la palabra “decepcionante” por “aburrida” y nos muestra a dos ingenieros aburridísimos al escuchar como el robot humanoide que crearon, toca tristemente un pianito. Yo pregunto ¿Para llegar a este exclusivo modelo de Peugeot, no saben que sus ingenieros primero tuvieron que hacer un Peugeot 404? Un auto, que si lo recuerdan, no contaba con un diseño ni con una tecnología tan “divertida” que digamos.
Bien sabemos que el amarillismo se nutre de la ignorancia. Lamentablemente mucha gente que lo consume no tiene acceso a la educación adecuada. Pero usted, que está en condiciones socioeconómicas medias de comprarse un 3008 Cossover by Peugeot ¿le gusta que a través de una publicidad lo traten de ignorante?
Aunque lo parezca, no creo estar exagerando en advertir estos detalles, los cuales me parecen importantes de destacar. Ya que la suma de esos detalles es la que nos hace encerrarnos en un presente ciego y egoísta, subestimando a lo mejor de la inteligencia humana e impidiendo que intentemos ver más allá y celebrar nuestros avances.
Los señores publicistas de este comercial, seguramente estarán con su corta visión enmarcada en sus gafas de diseño, brindando con Dom Pérignon, al ver orgullosos, como premian sus ideas.
No creo que sean ignorantes, pero si existiese tal posibilidad, les pregunto por qué no utilizaron para su publicidad la sonda Beagle II, la cual no llegó a transmitir una sola señal desde que posó sus ruedas en Marte. Tal vez ¿Por tratarse de un proyecto fallido de la Agencia Espacial Europea? De todos modos, si así fuere, mi opinión hubiese sido exactamente la misma, ya que no considero bajo ningún concepto, que los intentos de llevar a cabo tales empresas de avanzada, sean del país que fueren, sean tan livianamente vistas como un fracaso, por un grupo de mediocres que no tienen la más mínima idea de lo que están diciendo y del perjuicio que están causando.
Por eso yo, desde este humilde espacio, les explico por qué, no solamente la considero una pésima idea sino que aparte la condeno.
Aquí les dejo un video en el cual nos muestra brevemente lo que significó llevar a cabo lo que esta gente considera “decepcionante”Algo a lo que todos deberíamos estar atentos y es por eso que lo replico. Sepan disculpar mi mal humor en esta oportunidad.


Saludos
Juan Carlos






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sábado, 28 de agosto de 2010

Me voy a Morir y tengo Miedo. Una Opinión Personal (parte II) -Juan Carlos Alonso-



"La muerte, madre y consejo, rompe a afilar la guadaña, me alza la voz, me regaña porque no espero a ser viejo.Traspasando su entrecejo llego al fondo del secreto. Y con crecido respeto veo cómo se deslizan dos lágrimas por las lisas mejillas de su esqueleto."

-Silvio Rodríguez-



UNA IDEA MÁS ÚTIL A LA HORA DE ASUMIR LA MUERTE (Segunda y última parte)







[...] La gente se siente “infinitamente” reconfortada con la idea de la continuidad y elige, entre las tantas que hay, la opción que mejor le place. Ya sea pasar una eternidad en el cielo (si su dios considera que se portó bien e hizo los deberes), otros prefieren la idea de la reencarnación en otras personas, e incluso algunos prefieren reencarnarse tal vez en un repollo (que no tiene carne) para luego indefinidamente ir mutando de especie en especie de forma azarosa, hay también quien piensa que pasará a otras dimensiones, y así muchos supuestos más.
Este tipo de respuestas son las escuchaba normalmente al hacer la segunda pregunta que mencioné anteriormente, y todas apuntan a la idea de eternidad a manera de consuelo. Pero ¿Alcanza para consolarnos el sólo hecho de basar esta idea en la continuidad?
Si pensamos en el ejemplo de la reencarnación podemos preguntarnos ¿Qué gracia tiene reencarnarse en otra persona si no se tiene conciencia de ello? o ¿Cuál es la ventaja de creer reencarnarse en un perro si ni siquiera tiene conciencia de ser perro? Evidentemente no resulta demasiado consoladora la sola idea de continuar y debe ser por eso que no es demasiada gente la que la adopta. Si analizamos las opciones más aceptadas ampliamente, que son las religiosas, nos damos cuenta que la perpetuidad está necesariamente complementada con otros valores que las personas consideramos importantes, tales como resultan ser la felicidad, la paz o el bienestar.
Me resulta sumamente curioso y útil, al intentar desmenuzar esta cuestión, ver la actitud dubitativa o contrariada que surge en quienes creen en este tipo de cosas ante preguntas tales como ¿Te gustaría vivir tu vida -tal cual es- eternamente? O bien ¿Tomarías un pastilla de las del tipo Un mundo feliz, en caso que la ciencia diera con la fórmula? Generalmente, en la primera muchos dudan en un primer momento, para luego decir que no, mientras que en la segunda suelen responder automática y enfáticamente que no ¡A quién se le ocurre semejante cosa! Aunque, por otro lado, no tienen demasiado problema en recurrir a la química a la hora de dormir o de calmar ansiedades. De esto podemos deducir que una vida eterna y humana, alternando alegrías, momentos neutros, y tristezas no es algo deseado; lo mismo que no se desea una vida feliz inducida por otra persona en forma artificial, pero sí se acepta con gusto una vida espiritual, eterna y feliz, autorizada por una entidad divina en forma ¿natural?
Con estos conceptos contradictorios en juego, lo que podemos advertir con claridad, es que con lo que se está lidiando en realidad, es con lo que llamamos una utopía. Para ser aún más claro, bien sabemos que asuntos como la eternidad, la felicidad o la paz constantes, son utópicos; vivimos esforzándonos para alcanzarlos, y por más que se han logrado algunos avances con el correr de los años, y sobre todo en los últimos, siempre van un paso más adelante ¿Y qué hace la mayoría de las personas entonces?
Se conforma con el consuelo de hacerlos realidad de manera ilusoria para cuando se mueran. Esto, como dije al principio, a mí no me sirve ni un poco.
Considerar especialmente este punto, fue lo que me llevó a reflexionar sobre el tema y ver si de alguna manera podía hallar algo, que aparte de resultar reconfortante (por más que no deje de ser un consuelo) sea estrictamente realista y también resulte definitivamente más útil para los momentos en que pensamos en ello.
No es muy difícil encontrarlo si nos hacemos la siguiente pregunta ¿Cuál es otro de los importantes valores humanos que constantemente perseguimos y nunca terminamos de alcanzar?
La respuesta casi que surge por sí sola ante nosotros:
LA LIBERTAD.
Sin dudas, la libertad es uno de los anhelos más altamente valuados por el hombre, y mucho es lo que se ha luchado y lo que se sigue luchando por ella, sin embargo, ya va siendo más que necesario que asumamos de una vez cuál es la medida justa en que las personas podemos tener acceso a ella, sin que esto tergiverse el sentido de tal premisa y se utilice para coartarla.
Por más que no nos guste decirlo, debemos reconocer que nunca podemos ser tan libres como “supuestamente” quisiéramos. Entre las utopías mencionadas, la libertad, tal vez sea la más utópica de todas.
Si consideramos tanto la paz como la felicidad o el bienestar, por más que resulten inalcanzables en cuanto a una continuidad prolongada en el tiempo, al menos por lapsos cortos podemos experimentarlas (y bastante seguido). En cambio a la libertad propiamente dicha jamás podemos tener acceso, ni siquiera por una millonésima fracción de segundo. Siempre estamos limitados por algo que nos impide se enteramente libres, ya sea por cuestiones biológicas, como así también, por cuestiones culturales y/o meméticas.
No contamos, sólo por poner un ejemplo, con la libertad de mantenernos con vida sin ser, literalmente, parásitos de las plantas y depender del oxígeno que nos brindan. Tampoco somos libres de hacer lo que queramos, no sólo en relación a lo más comprensible, que es al relacionarnos con otras personas para convivir en sociedad, sino que tampoco lo somos, en muchos casos, en lo que depende de nosotros mismos.
La realidad nos dice que tenemos cierta libertad en lo que respecta a la hora de tomar algunas decisiones y no mucho más. El sólo hecho de ser concientes que nuestras acciones tienen consecuencias, y muchas de ellas las podemos predecir, ya nos limita tremendamente y de manera categórica.
Muchas veces, de manera algo ingenua, tendemos a relacionar el vuelo con la libertad; la imagen de del espacio abierto, del desplazamiento raudo por el mismo en la dirección que se nos ocurra nos da esa sublime sensación; como si la realidad no nos demuestre, que para poder hacerlo, necesitamos depender de un par de alas que nos sustenten, de una costosa energía que nos impulse o de estar limitados por ciertas reglas naturales, que de incumplirlas, nos precipitaríamos como una bola de hierro a tierra.
Mencioné esta analogía, que tan bellamente suele funcionar cuando hacemos poesía, porque también suele estar íntimamente ligada a los consuelos que las religiones, de manera igual de bella, ofrecen a sus fieles mortales. El alma o el espíritu ascienden al cielo donde gozan de eterna libertad.

Cuando tenía nueve años, en esta misma habitación en la que estoy sentado escribiendo ahora, a unos escasos 80 cm. de mi espalda, estábamos velando el cuerpo de mi abuelo fallecido.
En ese entonces, mi abuela me decía que su alma iba a estar cuidando de mí desde el cielo. Bueno, era un chico, empezaba a desconfiar un poco de esas cuestiones, pero era aún sólo era un chico…
Lo que sinceramente me resulta increíble es que a día de hoy, gente adulta siga creyendo en estas cosas sin hacerse preguntas tan sencillas como ¿Dónde esta la libertad celestial si tenemos que andar velando por nuestros seres queridos hasta cuando van al baño? O ¿Cómo podemos ser felices eternamente si somos testigos desde el cielo del sufrimiento terrenal que eventualmente padecen nuestros seres queridos?
Tristemente, entrado el siglo XXI, época en la que ya se vislumbra la definitiva puesta en evidencia y aceptación del yo como un mecanismo ilusorio de nuestro cerebro; aún infinidad de gentes siguen creyendo en la existencia del espíritu o el alma.
Sin ánimos de ofender a nadie, permítaseme decir que hoy no nos podemos dar el lujo de creer en cosas de las cuales no tenemos ni la más mínima evidencia, al menos si ni siquiera nos tomamos el trabajo de intentar encontrarla. Es necesario de manera urgente tomar conciencia en forma más generalizada que esas, son antiquísimas ideas que se utilizaron y se aprovecharon para controlar a la gente y que a la gente le resultaban útiles porque se sabía muy poco o, directamente nada en comparación a lo que sabemos hoy del funcionamiento de nuestro cerebro. Sus imperativas premisas doctrinarias lo dicen sin tapujos en la voz de una serpiente “El día que comiereis de él [árbol] serán abiertos vuestros ojos y seréis como dioses sabiendo el bien y el mal”.
El hecho de decir yo creo, y con eso es suficiente como certeza, por más que la cantidad de “yoes” sea inmensa y mayoritaria, es una clara actitud egoísta, lo que no quiere decir que se trate de personas egoístas en otros aspectos de su vida; pero sí en este. Y la idea de una continuidad eterna del alma, que en este caso es prácticamente indistinguible del yo, lo pone claramente en evidencia. “Yo no puedo dejar de existir”
Si la humildad es otro de lo valores que perseguimos, sería bueno que al menos lo intentemos, ella está mucho más a nuestro alcance incluso que las otras utopías. Nuestra oportunidad es mientras estamos vivos; como así también, el ser lo más felices, lo más pacíficos y lo más libres que podamos a los largo del tiempo que tengamos para experimentarlo.
Acá es donde, si contraponemos las formas de responder a la pregunta, al comienzo formulada, pueden develarse importantes diferencias en la actitud con la que encaramos nuestras vidas. Si pensamos que al morir vamos a continuar existiendo de una manera ciertamente conciente, y encima ideal, en cuanto a lo que a sentimientos respecta; es posible que aunque sea en una proporción, por mínima que fuere en algunos casos, ésta actitud, puede influir de manera directa en que no invirtamos todos nuestros esfuerzos posibles en intentar conseguir acercase a esos ideales a lo largo de nuestras vidas. Total, lo bueno viene después, lo mejor está a partir del principio del fin. Mientras tanto, pasamos nuestros días adjudicándonos culpas de manera casi constante, y todo por no haber sido como a alguien se le ocurrió que teníamos que ser, y tuvo la brillante idea de comunicárnoslo a través de nuestros miedos. Pero bueno, el sufrimiento en vida luego, supuestamente, es compensado, ahora dediquémonos sólo a quejarnos y a distraernos: la humanidad es un desastre, la gente es mala y no merece, todo lo destruye, ¡No aprendimos nada!…ya Dios nos va a volver a castigar otra vez. Está escrito
¿O es que algo aprendimos?
Si pensamos, en cambio, como ya mucha gente esta pensando -o al menos ahora lo pueden decir sin que se la den por la cabeza- que en el último suspiro se nos fue la vida y eso es todo; es muy posible que nos demos cuenta que, contrariamente a lo que supone mucha gente, en lugar de que todo es un sinsentido vacío de propósito, en realidad se trate de que, justamente, el sólo hecho de vivir y saber que es la única oportunidad, sea el propio fundamento del sentido o el propósito.
De esta manera es mucho más probable que intentemos aprovechar al máximo cada momento, sin dejar de ser concientes que a veces las cosas las hacemos bien y a veces mal y que en general no somos ni tan buenos ni tan malos.
En gran medida, quienes empezaron a verlo de este modo, justamente fueron los que consiguieron lo mayores avances de los cuales hoy todos somos beneficiarios. Con esto, por su puesto, no quiero decir que los únicos, pero si una gran cantidad, y sobre todo en nuestros días. Hoy sabemos de donde venimos y gracias a eso nos empezamos a entender un poco más a nosotros mismos, más o menos estamos empezando a tener idea que lo bueno y lo malo de nosotros tiene sus raíces lógicas y biológicas
También sabemos los errores que cometimos y los que seguimos cometiendo, y también predecimos cuáles son los posibles problemas que se avecinan y empezamos a imaginar en cómo tratar de solucionarlos.
Si nosotros pensamos que la vida es única y es esta, y que tenemos la casi infinita suerte de haber nacido y que somos una posibilidad que resultó favorecida entre otras casi infinitas que no lo fueron, es muy posible que tomemos real conciencia de lo que eso significa, y por ende actuemos en consecuencia.
Nietzche, al contrario de la finitud, tenía su teoría del eterno retorno, la que planteaba, grosso modo, que nuestra vida se repite eternamente tal cual fue, una y otra vez, como un espiral infinito. Esta teoría no la considero plausible como tal, sin embargo sí me parece, que resulta un excelente ejercicio imaginativo para, en caso que no tengamos costumbre de hacerlo, replantearnos la manera en que estamos viviendo nuestras vidas y tal vez, si es necesario, generar algunos cambios.

En resumen, hoy en día, la ciencia, mayoritariamente posee este tipo de pensamiento, mientras que la religión, en su rol de “padre” que sabe lo que no nosotros no sabemos, posee el descrito anteriormente. Muchos pueden ver a la ciencia también como a un “padre”, que sabe los que nosotros no sabemos y que se dedica a regalarnos juguetes tecnológicos a todos aquellos que nos dedicamos a otras tareas y nos resulta difícil entenderla.
¡Ojo! Porque, en el fondo bien sabemos que no sólo ese eso.
Un presidente argentino, en un discurso hace años y ante un país entero, enérgicamente dijo: “Con la democracia, se come, se cura y se educa“
Bueno, yo digo que la democracia debe ser la herramienta que nos sirva para votar a políticos que tenga la “humildad” de reconocer que si vamos a la raíz, es la ciencia la que en realidad nos alimenta, nos cura y nos enseña. Y no sólo eso, es también la que en el futuro, llegado el caso, llevará a nuestro linaje a mundos más seguros.
Pero para poder conseguir esto, somos nosotros mismos los que primero tenemos que hacernos de esa humildad y empezar a reconocerlo.
Con esto, obviamente, no pretendo endiosar a la ciencia ni que nos tengamos que arrodillar ante ella. Eso aparte de carecer de sentido, sería inútil, porque ella se autorregula en forma independiente; pero sí pretendo remarcar lo importante que resulta hoy que le brindemos una mayor atención y un mayor apoyo desde nuestros lugares en la medida que nos sea posible.
Ciencia y religión. Es evidente que ambos magisterios, nunca se pueden pisar, si nos damos cuenta, que en el fondo, uno prioriza la vida, mientras que el otro prioriza la muerte.
Para finalizar, sólo me resta decir, que si a esta idea de auténtica libertad en la muerte, la queremos apuntalar con nostálgicas y bellas ideas de continuidad… y sí…podemos hacerlo, nuestros restos mortales pasarán a formar parte de un proceso en el cual la vida se retroalimenta y los átomos de los que estuvimos compuestos vaya a saber uno de qué otras millones de cosas serán parte. En esencia, por más que sea cierto, esto no es muy diferente a la idea de la reencarnación. En cambio si no nos ponemos nostálgicos y miramos a futuro, esa continuidad biológica la encontramos, como es sabido, en nuestros hijos y no en nosotros mismos. De nosotros sí depende, darle mejores y más útiles herramientas para que puedan ser superadores. También contamos con la continuidad cultural como una realidad, pero debemos considerar que ésta pueda servir para inspirar nuevas ideas y no que se perpetúe como una tradición inmutable.
Si alguno de los pro-psychos de siempre que mencioné al comienzo, llegó a leer hasta aquí, y con una sonrisa ladeada y auto suficiente, concluye para sus adentros que esta reflexión, por más que yo lo niegue, no es más que el producto de una crisis, y que en realidad lo mío es una queja por no haber podido ser lo que había soñado de chico y que por ello -y por mi situación actual-, estoy culpando a mis padres. A ellos simplemente les digo: que cuando dieron una vuelta, yo ya estoy mareado. (Si no advierten la ironía y buscan la literalidad en esta frase popular, añado que estoy en el justo equilibrio y sé perfectamente donde estoy parado)
Los demás por favor sepan disculpar mi insistencia en dejar claro este tema, pasa que ya sabemos cómo funcionan a veces estas cosas, tomamos una etapa que es fantástica para el discernimiento en la cual surgen lógicas dudas, y enseguida la empaquetamos y le ponemos carteles de FRÁGIL, ¡no dude! ¡No piense! ¡Es normal…ya se le pasará! Mientras tanto, tranquilícese, busque algo en que distraerse y duerma tranquilo. Para todo tenemos pastillas.
Otra vez alguien diciéndonos que hacer… no es muy diferente a la adolescencia, sólo que ahora ya estamos más grandecitos y de ninguna manera deberíamos acusar inexperiencia para justificarnos. La poca libertad a la que tenemos acceso en nuestras vidas no me parece nada bueno desperdiciarla de esa manera.
Hay también quien pueda pensar de manera más complaciente y de buen grado, pero no mucho menos autosuficiente ¡Ay éste tipo…otra vez filosofando! Esto lejos está de la filosofía. Ese es otro pensamiento empaquetado, otra de las frases hechas de las que son fácilmente aceptadas por mucha gente, y que sirven como justificación para evitar el ejercicio de pensar sobre ciertas cuestiones, como si esta actividad de mínima reflexión en los temas más profundos, sólo estuviera reservada de manera exclusiva a los filósofos. No dejemos que nos engañen y, sobre todo, no nos engañemos nosotros mismos, esto debe ser, en la medida que nos dé la cabeza a cada uno, una tarea de todos, al menos si queremos, a través del conocimiento, ser más felices y convivir mejor unos con otros.
Si hay algo que me aterra más que la muerte propiamente dicha, es la idea de poder hacer ese repaso final y darme cuenta de que lo único que me voy a perder al estar muerto, es el hecho de dejar de ser parte de un culebrón guionado con mero cotilleo. El cotilleo es parte nuestra, es cierto, somos humanos… pero sería terrible darse cuenta que es a lo único que hemos dedicado nuestro tiempo.
Claro que cada uno tiene la "libertad" de pensar y hacer lo que quiere, o bien, de elegir el método que mejor le resulte. Mi intención aquí sólo es develar cuál es el mío, ya que considero mucho más relevante, ir encontrando luz a medida que avanzamos en nuestro recorrido, que andar tanteando a ciegas con la esperanza de encontrarla, de manera ilusoria, justo al final del mismo.
Sigamos temiendo a la muerte, que en cierta medida, eso no es malo. Pero tengamos en cuenta que para ser eternos y absolutamente libres como tanto anhelamos, debemos prescindir de cualquier tipo de anclaje, sobre todo del más fuerte e íntimo de todos, que es nuestra conciencia. Para esto, necesaria e inevitablemente, tenemos que estar muertos.
Esta idea definitivamente me resulta reconfortante, y de paso, debilita llevando a su punto justo y necesario, al mayor de nuestros miedos.


Saludos para todos!


Juan Carlos


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