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sábado, 14 de agosto de 2010

Adarme Divulgación -Jared Diamond-


"Ni las soledades de estas sociedades van a gobernar en ti, sólo realidades, suerte del camino por donde vas a morir."

-Santiago Feliú-




Tercera y última parte de este excelente artículo que me pareció imprescindible transcribir y replicar a través de nuestra sección Adarme Divulgación. No está demás aclarar que se trata de una síntesis súper compacta de la obra Armas, gérmenes y acero; la cual en 1998 le valió el premio Púlitzer a su autor, Jared Diamond.
Para mayor comodidad ambas publicaciones están interconectadas con sus respectivos links. parte. Retomaremos esta sección con un nuevo autor el próximo mes.

saludos!

Juan Carlos


NUEVA SÍNTESIS CIENTÍFICA DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD (Parte III)



viene de: parte I y parte II



...¿Por qué habían seguido siendo cazadores-recolectores todos los nativos australianos?

Hay tres razones obvias. En primer lugar, hasta el día de hoy ninguna especie animal nativa de Australia, y una sola especie vegetal, la macadamia, ha resultado apta para la domesticación. Sigue sin haber ningún canguro doméstico.
En segundo lugar, además de ser el continente más pequeño, la mayor parte de Australia, a causa de la escasez de lluvias y de productividad, puede ofrecer sustento únicamente a una población muy reducida; de ahí que el número de cazadores-recolectores no supera los 300.000.
Por último, es el continente más aislado. La única relación exterior de los aborígenes australianos eran los contactos marítimos indirectos con los habitantes de Nueva Guinea e Indonesia.
Para hacernos una idea de la importancia que el reducido tamaño de la población y el aislamiento tuvieron en el ritmo de evolución de Australia, pensemos en la isla australiana de Tasmania, que estuvo habitada por la más extraordinaria sociedad del mundo moderno. Aún siendo una isla de modestas dimensiones, por el hecho de ocupar la posición más alejada dentro del más alejado de los continentes nos ha ayudado a despejar una gran incógnita sobre la evolución de todas las sociedades humanas. Tasmania está situada a 200 kilómetros al sureste de Australia. Cuando los europeos llegaron a ella por primera vez, en 1642, estaba habitada por 4000 cazadores-recolectores que, si bien guardaban un parentesco con los australianos continentales, tenían la tecnología más simple de cuantas se habían encontrado en ninguna etnia reciente de la Tierra. A diferencia de los aborígenes de Australia continental, los habitantes de Tasmania no sabían hacer fuego; no conocían el boomerang, la lanzadera de jabalina – atlatl - ni el escudo; no tenían utensilios de hueso, ni instrumentos especializados de piedra, ni tenían herramientas compuestas, como una cabeza de hacha montada sobre un mango; no sabían talar un árbol ni vaciar un tronco para fabricar una canoa; no conocían la costura, ni por tanto disponían de indumentaria cosida, a pesar de las nevadas del frío invierno tasmanio, e increíblemente, aunque vivían mayormente en la costa, los tasmanos no pescaban ni comían pescado. ¿Qué dio lugar a estas enormes lagunas materiales en la cultura de Tasmania?
Encontramos la respuesta en el siguiente hecho. Tasmania había estado unida al sur de Australia continental cuando el nivel del mar era más bajo, durante el Pleistoceno; luego, hace 10.000 años. Una subida del nivel del mar acabó con aquel puente de tierra. La gente había pasado a Tasmania decenas de miles de años atrás, cuando todavía formaba parte de Australia; pero una vez que el puente de tierra desapareció, los tasmanos no volvieron a tener absolutamente ningún contacto con los australianos continentales ni con ningún otro pueblo de la Tierra hasta que los europeos llegaron en 1642, ya que ni los tasmanos ni los australianos continentales disponían de embarcaciones capaces de cruzar el estrecho de 200 kilómetros que separaba Tasmania de Australia. La historia de tasmania es por tanto el estudio de un aislamiento humano sin precedentes, salvo en la ciencia-ficción; concretamente, el aislamiento absoluto de cualquier otro ser humano durante 10.000 años. Tasmania tenía la más pequeña y más aislada población humana del mundo. Es obvio que si el volumen de población y el aislamiento ejercen alguna influencia en el crecimiento acumulativo de invenciones, Tasmania debía ser buena prueba de ello.
Si toda la tecnología que he mencionado, ausente de Tasmania, pero presente en la Australia continental situada frente a ella, fue invención de los australianos en el curso de los últimos 10.000 años, tenemos al menos la certeza de que la pequeña población de Tasmania no inventó por su parte similares técnicas ni utensilios. Lo asombros es que los hallazgos arqueológicos muestran aún más: los tasmanos abandonaron, de hecho, algunas técnicas que habían traído consigo de Australia y que en la Australia continental siguieron empleándose. Los utensilios de hueso y la práctica de la pesca, por ejemplo, existían ambas en Tasmania en el momento en que el puente de tierra fue devorado por las aguas, y ambas habían desaparecido de Tasmania para el año -1500. Esto representa la pérdida de una tecnología muy valiosa, que hubiera permitido, por una parte, ahumar el pescado y tener así provisiones para el invierno, y por otra, fabricar agujas de hueso con las que confeccionar prendas de abrigo.
¿Cómo hemos de interpretar estas pérdidas culturales?
La única interpretación a la que yo encuentro sentido es a la siguiente:
Primero, la tecnología ha de ser inventada o adoptada. Las sociedades humanas difieren unas de otras en cuanto a los múltiples factores independientes que influyen en su apertura a la innovación. De ahí que, cuanto mayor sea el volumen de la población y mayor el número de sociedades que habitan una isla o continente, mayor es la posibilidad de concebir cualquier invención y de que ésta sea adoptada en otras partes del territorio.
Segundo, en todas las sociedades – exceptuando las de Tasmania, totalmente aislada- la mayoría de las innovaciones tecnológicas que se difunden proceden del exterior en vez de tener origen local, luego es de suponer que la tecnología evolucionará con mayor rapidez en las sociedades que más estrecho contacto establezcan con otras sociedades exteriores.
Por último, no sólo es necesario adoptar la tecnología, sino mantenerla. Todas las sociedades atraviesan momentos en que, llevados por la moda, adoptan temporalmente ciertas prácticas poco útiles, o abandonan otras de considerable utilidad. Cada vez que tales tabúes, disparatados desde el punto de vista económico, surgen en un área en la que compiten diversas sociedades humanas, solo algunas de ellas acogen el tabú en un determinado momento. Otras conservarán esa práctica de utilidad obvia, y bien competirán con las sociedades que la perdieron, o bien se mantendrán como modelo para que las sociedades en las que el tabú ha influido se arrepientan de su error y reanuden dicha práctica. De haber seguido los tasmanos en contacto con los australianos del continente, hubieran podido redescubrir el valor y la técnica de la pesca y de la fabricación de utensilios de hueso que habían perdido. Pero no había modo de que esto sucediera en completo aislamiento, y así, las pérdidas culturales de Tasmania se hicieron irreversibles.
En pocas palabras, el mensaje que podemos extraer de las diferencias entre la sociedad de Tasmania y la de Australia continental parece ser éste: en iguales condiciones, el ritmo de invención humana es más acelerado –y el de pérdida cultural, más lento- en aquellas áreas ocupadas por una diversidad de sociedades en competencia unas con otras, compuestas por un gran número de individuos, y en contacto con sociedades de otras áreas distintas. Si esta interpretación es correcta, puede que entonces su significación tenga un carácter mucho más amplio. Probablemente explica en parte por qué los aborígenes australianos, que habitaban el continente más pequeño y más aislado, permanecieron en la Edad de Piedra y siguieron siendo cazadores-recolectores mientras los pueblos de otros continentes adoptaban la agricultura y el metal. Es muy probable que ese mismo factor contribuyera a crear las diferencias que ya he mencionado entre los agricultores del África subsahariana, los de las Américas con su extensión mucho mayor, y los de la todavía mucho más extensa Eurasia.
Naturalmente, hay en la historia del mundo muchos factores importantes que no he mencionado. Por ejemplo, he dicho poco o nada sobre la distribución de las plantas cultivables; sobre la forma precisa en que las complejas instituciones políticas y el desarrollo de la escritura, la tecnología y la religión organizada dependen de la agricultura y el pastoreo; sobre las fascinantes razones a que atienden las diferencias, dentro de Eurasia, entre China, la India, el Oriente Próximo y Europa, y sobre el efecto que han tenido en la historia multitud de individuos y de diferencias culturales que no guardan relación con el medio ambiente. Pero ha llegado la hora de sintetizar el significado general de este viaje relámpago por la historia de la humanidad, con su desigual distribución de armas y gérmenes.
El patrón general de la historia –concretamente, las diferencias entre las sociedades
Humanas en los distintos continentes- me parece a mí que puede atribuirse a las diferencias medioambientales entre unos continentes y otros, y no a diferencia biológicas entre las personas en sí. La disponibilidad de especies vegetales y animales salvajes que fueran aptas para la domesticación, y la facilidad con que estas especies pudieron extenderse sin encontrar climas inadecuados tuvo un papel decisivo en el diverso ritmo de aparición de la agricultura y la ganadería; aparición que, a su vez, contribuyó decisivamente al incremento en número de la población humana, de la densidad de población, y a los excedentes de alimentos; hechos todos ellos que, asimismo, influyeron de un modo crucial en el desarrollo de las enfermedades infecciosas, en la escritura, la tecnología y la organización política. Además, la historia de Tasmania y de Australia nos advierte de que las áreas diferenciadas y el aislamiento de los continentes, al determinar el que existan o no sociedades en competencia y el número de éstas, puede haber sido otro importante factor en el desarrollo humano.Como biólogo que practica en el laboratorio una ciencia experimental, me doy cuenta de que algunos científicos quizá se inclinen a desechar estas interpretaciones históricas por considerarlas especulaciones indemostrables, ya que no se basan en experimentos replicados en el laboratorio. La misma objeción se podría hacer a la investigación de cualquiera de las ciencias relacionadas con la historia, como la astronomía, la biología evolutiva, la geología o la paleontología; objeción que puede aplicarse, desde luego, al campo de la historia en su totalidad y a la mayoría de las demás ciencias sociales. Esa es la razón por la que incomoda un poco considerar la historia como una ciencia, y por lo que se la clasifica como ciencia social, lo cual viene a decir que no es del todo científica. Pero recordemos que la palabra “ciencia” no se deriva del término latino equivalente a “experimento reproducido en el laboratorio” sino de la palabra latina scientia, que significaba “conocimiento”. En la ciencia buscamos conocimiento a través de cualquier metodología apropiada que esté a nuestro alcance. Hay muchos campos que nadie duda en considerar ciencia, pese a que hacer una reproducción experimental en el laboratorio sería inmoral, ilegal o imposible. No podemos manipular ciertas estrellas y mantener otras como patrón; no podemos originar ni detener glaciaciones, y no podemos diseñar y hacer evolucionar experimentalmente a los dinosaurios. Sin embargo, podemos alcanzar una formidable comprensión en esos campos a través de otros métodos; lo cual significa que, sin duda, deberíamos ser capaces de comprender también la historia de la humanidad, puesto que la introspección y los manuscritos hallados no permiten intuir con mucha mayor claridad el comportamiento de los antiguos seres humanos que el de los antiguos dinosaurios. Por eso, soy optimista y creo que finalmente encontraremos explicaciones convincentes a estos patrones generales de la historia de la humanidad.


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miércoles, 4 de agosto de 2010

Adarme Divulgación -Jared Diamond-



"Delante del escudo más arrogante la agricultura tiene su interrogante."

-Violeta Parra-




Como lo teníamos pautado, hoy continuamos con la segunda parte de este brillante artículo del profesor Jared Diamond publicado en el libro El nuevo humanismo. Y las fronteras de la ciencia. En él podremos comprender las causas primeras por la cuales los europeos se hicieron de los medios necesarios para poder conquistar otros continenetes y por qué fue que no ocurrió a la inversa.
Para mayor comodidad ambas publicaciones están interconectadas con sus respectivos links. la semana próxima publecaré la terecra y última parte.

saludos!

Juan Carlos




NUEVA SÍNTESIS CIENTÍFICA DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD (Parte II)




Viene de Parte I





Hagamos retroceder ahora la cadena de razonamiento un paso más atrás aún. ¿Por qué era mucho mayor el número de especies de animales domesticadas en Eurasia que en las Américas? Las Américas cuentan con más de mil especies nativas de mamíferos en estado salvaje, luego en principio uno podría suponer que aquellas tierras ofrecían abundante material inicial para la domesticación. El hecho es que sólo se ha logrado domesticar a una pequeñísima parte de las especies de mamíferos, debido a que la domesticación exige que el animal salvaje cumpla con numerosos requisitos: ha de tener una dieta que los seres humanos puedan proporcionarle, un ritmo de crecimiento rápido, una buena disposición a procrear en cautividad; debe ser dócil, estar habituado a una estructura social que conlleve un comportamiento sumiso ante animales más poderosos y seres humanos, y no debe ser propenso a sentir pánico al verse acorralado. Hace miles de años, los seres humanos domesticaron a todas las especies posibles de grandes mamíferos salvajes que se atenían a estos criterios y que valía la pena domesticar, y es curioso que, pese a los esfuerzos de la ciencia moderna, no hay habido ninguna adición significativa de animales domésticos en épocas recientes.
Eurasia acabó teniendo la mayor cantidad de especies domesticadas, en parte porque es la más extensa masa de tierra del mundo y ofrecía de entrada el mayor número de especies salvajes. Esa diferencia preexistente aumentó de un modo colosal hace 13.000 años, al final de la última glaciación, cuando la mayoría de las especies de grandes mamíferos de América del Norte y del Sur se extinguieron, quizá exterminadas por los primeros indios en llegar al continente . Como resultado, los nativos americanos heredaron muchas menos especies de grandes mamíferos salvajes que los eurasiáticos, y de entre ellos sólo la llama y la alpaca para poder domesticarlos. Las diferencias entre el Viejo y el Nuevo Mundo en cuanto a especies vegetales domesticadas, sobre todo cereales de semilla grande, son cuantitativamente similares a las del caso de los mamíferos, aunque la diferencia no sea tan extrema.

Otra razón que explica la mayor diversidad local de plantas y animales domesticados en Eurasia es que el eje principal de Eurasia tiene dirección este-oeste mientras que las Américas el eje principal es norte-sur. El eje este-oeste eurasiático permitió que las especies domesticadas en una parte de Eurasia pudieran extenderse fácilmente miles de kilómetros en una misma latitud y encontrar siempre el mismo clima y la misma cantidad de horas de luz diurna a los que ya se habían adaptado. Como consecuencia, las gallinas domesticadas en el sureste asiático y los cítricos cultivados en aquella área se extendieron rápidamente en dirección oeste hacia Europa; los caballos domesticados en Ucrania se expandieron con rapidez este hacia China, y las ovejas, cabras, vacas, el trigo y la cebada de la Media Luna de las Tierras Fértiles tuvieron una rápida expansión tanto hacia el este como hacia el oeste. Por el contrario, el eje norte-sur americano impidió que las especies domesticadas en un área pudieran extenderse mucho sin encontrarse pronto con climas y número de horas de luz diurna a los que no estaban adaptados. Resultado de esto fue que el pavo nunca pasara de México, su lugar de domesticación, a los Andes; las llamas y las alpacas nunca pasaron de los Andes a México, lo cual significó una absoluta ausencia de animales de rebaño en las civilizaciones indias de América central y Norteamérica, y el maíz, desarrollado en el clima mexicano, necesitó miles de años para modificarse y aclimatarse a la breve estación de crecimiento, y a la duración cambiante de los días según las estaciones, de América del Norte.
La existencia de especies vegetales y animales domesticadas fue importante para Eurasia por diversas razones, además de la ya mencionada de permitir que los europeos desarrollaran microorganismos patógenos. Las zonas donde dichas especies crecen y habitan producen muchas más calorías por hectárea que los hábitat en estado salvaje, donde la mayoría de las especies no son comestibles para los seres humanos. Consecuencia de ello es que la densidad de población de los agricultores y pastores es entre 10 y 100 veces mayor que la de los cazadores-recolectores. Este hecho por sí solo basta para explicar por qué los agricultores y pastores de todas las partes del mundo han logrado expulsar a los cazadores-recolectores de aquellas tierras aptas para la agricultura o el pastoreo. Los animales domesticados revolucionaron el transporte terrestre. Revolucionaron también la agricultura, al permitir al agricultor arar y abonar mucha más tierra de lo que su esfuerzo solo le hubiera permitido. Por otro lado, las sociedades cazadoras-recolectoras tienden a ser igualitarias y ano tener ningún tipo de organización política de nivel superior al del grupo o la tribu, mientras que el almacenamiento de los excedentes de comida resultantes de la agricultura favorece la creación de sociedades estratificadas, políticamente centralizadas y gobernadas por una elite. Estos excedentes de alimentos aceleraron así mismo el desarrollo de la tecnología, pues permitían mantener a artesanos que no producían sus propios alimentos y que, a cambio, podían dedicarse plenamente a desarrollar la metalurgia, la escritura, y la fabricación de espadas y armas de fuego.

Así pues, hemos empezado por identificar una serie de explicaciones inmediatas (armas de fuego, gérmenes, etcétera) de la conquista de las Américas llevada a cabo por los europeos; y me parece a mi que; en última instancia, estos factores inmediatos tienen mayormente su origen en la superior cantidad de plantas cultivadas, el muy superior número de animales domesticados y el eje este-oeste del Viejo Mundo. La cadena de causalidad ofrece una explicación muy directa de las ventajas que supusieron para el Viejo Mundo los caballos y los microorganismos patógenos. Pero de una manera más indirecta, la domesticación de plantas y animales reportó a Eurasia una ventajosa situación en cuanto a armas, espadas, naves transoceánicas, organización política y escritura, producto todas ellas de las grandes sociedades sedentarias, densamente pobladas y estratificadas, que hizo posible la agricultura.
Examinemos ahora si este esquema, derivado de la colisión de los europeos con los indígenas americanos, nos ayuda a comprender el patrón general de la historia de África, que me dispongo a sintetizar en cinco minutos, Me concentraré en la historia del África subsahariana, ya que esta región estaba mucho mas aislada de Eurasia, tanto por distancia como por clima, que el norte de África, cuya historia está íntimamente ligada a la historia de Eurasia. Allá vamos de nuevo.
Al igual que nos preguntábamos por qué había invadido México Hernán Cortés antes que Moctezuma tuviera ocasión de invadir Europa, podemos preguntarnos por qué colonizaron los europeos el África subsahariana antes que los pobladores del África subsahariana pudieran colonizar Europa. Aunque los factores determinantes son los ya mencionados: armas, acero, naves, organización política, y escritura, surge una vez más la pregunta de por qué estas armas, naves, etcétera, acabaron desarrollándose en Europa en lugar de hacerlo en el África subsahariana. Para quien estudia la evolución humana, esta cuestión resulta particularmente desconcertante, ya que la trayectoria evolutiva del ser humano comenzó en África millones de años antes que en Europa, e incluso es bastante posible que el anatómicamente moderno Homo sapiens no empezara a llegar a Europa procedente de África hasta hace tan sólo 50.000 años. Si el tiempo fuera un factor crucial en el desarrollo de las sociedades humanas, África hubiera debido disfrutar de una posición muy aventajada, estar a la cabeza de Europa.
Nuevamente, la realidad apunta de manera obvia a las diferencias biogeográficas en cuanto a disponibilidad de especies animales y vegetales domesticables. Si examinamos en primer lugar el caso de los animales, vemos con sorpresa que el único animal domesticado del África subsahariana fue un ave: la pintada. Todos los mamíferos domésticos africanos –vacas, ovejas, cabras, caballos, e incluso perros, llegaron al África subsahariana procedentes del norte: de Eurasia y del norte de África. De entrada no extraña oír esto, puesto que en la actualidad consideramos que África es el continente de los grandes mamíferos salvajes. El hecho, sin embargo, es que ninguna de las especies de grandes mamíferos salvajes africanos resultó posible domesticar. Todas ellas fueron descalificadas por presentar uno u otro problema: bien una organización social poco idónea, una conducta indomable, bien un ritmo de crecimiento lento, etcétera. ¡Imaginen por un momento cuál hubiera podido ser el curso de la historia si los rinocerontes y los hipopótamos africanos se hubieran prestado a las domesticación! De haber sido esto posible, los combatientes africanos a lomos de hipopótamos y rinocerontes habrían hecho picadillo a la caballería europea. Pero no pudo ser así.
En su lugar, como ya he mencionado, los animales de cría adoptados en África fueron especies euroasiáticas procedentes del norte. El largo eje africano, al igual que el de las Américas, tiene un sentido norte-sur en vez de este-oeste, y esto significó que los mamíferos se extendieran hacia el sur de África muy lentamente, puesto que debían adaptarse a diferentes zonas climáticas y diferentes enfermedades animales.
Los problemas que el eje norte-sur supuso para la expansión de las especies domesticadas de África fueron aún más desastrosos para los cultivos que para el ganado. Recordemos que los alimentos básicos del antiguo Egipto eran cultivos tales como el trigo y la cebada de la Media Luna de las Tierras Fértiles y del Mediterráneo, que requieren la lluvia de invierno y variaciones estacionales de la duración de los días para su germinación. Estos cultivos no pudieron extenderse hacia el sur más allá de Etiopía, pues a partir de aquí las lluvias son estivales, y en cuanto al número de horas de luz diurna hay muy poca o ninguna variación de una estación a otra. De modo que el desarrollo de la agricultura en el área subsahariana tuvo que esperar a la domesticación de las especies vegetales de África, como el sorgo y el mijo, que se adaptaron al verano del África Central y a una duración de los días relativamente constante. Resulta irónico que, por la misma razón, los cultivos de África central no pudieran luego extenderse hacia el sur, a la zona del clima mediterráneo de Sudáfrica, donde una vez más prevalecían las lluvias de invierno y las grandes variaciones estacionales de horas de luz diurna. El avance hacia el sur de los agricultores africanos con cultivos de África central se detenía en Natal; más allá de este punto dichos cultivos no daban fruto, lo cual tendría muy serias consecuencias para la historia reciente de Sudáfrica.
Resumiendo el, eje norte-sur y la escasez de especies de plantas silvestres y animales salvajes aptas para la domesticación fueron decisivos en la historia de África, al igual que lo fueron en la historia de la América indígena. Aunque los nativos africanos cultivaron algunas especies vegetales en el Sahel y en Etiopía, así como en el oeste de África, la adquisición de animales domésticos útiles, procedentes del norte, sería mucho más tardía. La superioridad que ofrecían a los europeos sus armas de fuego, naves, organización política y escritura les permitió colonizar África en lugar de que los africanos colonizaran Europa.
Concluyamos ahora nuestro viaje relámpago alrededor del globo dedicando un par de minutos al último continente, Australia. Allá vamos de nuevo, por última vez.
Australia era el único continente que en la época moderna seguía habitado por cazadores-recolectores. Esto hace de Australia la prueba crítica para cualquier teoría sobre las diferencias continentales de la evolución de las sociedades humanas. La Australia aborigen no conocía la agricultura ni el pastoreo, la escritura, los instrumentos de metal, ni orden político alguno a nivel superior al de la tribu o el grupo. Éstas son, por su puesto, las razones por la que las armas y los gérmenes europeos destruyeron la sociedad aborigen australiana. Pero
¿por qué habían seguido siendo cazadores-recolectores todos los nativos australianos?




[continúa en parte III

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jueves, 29 de julio de 2010

Adarme Divulgación -Jared Diamond-



"Con la espada y con la cruz, por religión
y con nobles sentimientos, por razón;
vino el gran señor, el conquistador, en busca del oro.
Trajo explotación, civilizacióny el perdón de su dios."


-Pablo Milanés-



Hoy en nuestra habitual, y ya infaltable, sección llamada Adarme Divulgación decidí presentar este fascinante artículo que fue magistralmente redactado y simplificado, para su mejor comprensión, por el profesor Jared Diamond., el cual fue publicado en el libro El nuevo humanismo y las fronteras de la ciencia entre otros de destacados autores.
En esta oportunidad, como el texto resultaba algo más extenso en el tiempo estimado de lectura que el que acostumbramos a publicar en cada post, lo voy a dividir en tres entregas, una por semana. La verdad es que me pareció que vale la pena su publicación completa, ya notarán que el título ya de por sí lo sugiere.

Saludos

Juan Carlos



NUEVA SÍNTESIS CIENTÍFICA DE LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD




Me he asignado la modesta tarea de intentar explicar el patrón general de la historia de la humanidad en todos los continentes durante los últimos 13000 años. ¿Por qué siguió la historia cursos de evolución tan distintos para los pueblos de los distintos continentes? Este es un problema que me ha fascinado durante mucho tiempo. Pero ahora, gracias a los recientes avances en muchos campos aparentemente alejados de la historia –tales como la biología molecular-, la genética vegetal y animal, la biogeografía, la arqueología y la lingüística- es el momento propicio para hacer una nueva síntesis.
Como todos sabemos, los euroasiáticos, y especialmente los pueblos de Europa y del este de Asia, se han extendido por el globo terráqueo y han dominado el mundo moderno en cuanto a riqueza y poder. Otros pueblos –Entre ellos la mayoría de los pueblos de África –sobrevivieron a la dominación europea y se han liberado de ella, pero en cuanto a riqueza y poder continúan a la zaga. Y hay todavía otros pueblos, entre ellos los habitantes indígenas de Australia, de las Américas y del sur de África, que ni siquiera son ya dueños de sus propias tierras, y que han sido diezmados, subyugados o exterminados a manos de los colonialistas europeos.
¿Por qué tomó la historia ese rumbo, en lugar del contrario? ¿Por qué no fueron los nativos americanos, africanos y los aborígenes australianos quienes conquistaron o exterminaron a europeos y asiáticos?
Esta crucial pregunta puede llevarse fácilmente un paso más atrás. Para el año 1500, fecha aproximada en que se inició la expansión europea de ultramar, los pueblos de los distintos continentes diferían ya mucho entre sí en tecnología y organización política. Mientras gran parte de Eurasia y del norte de África estaba ocupada por estados e imperios que vivían en la Edad de Hierro –algunos incluso muy próximos a la industrialización-, dos pueblos indígenas americanos, los incas y los aztecas, gobernaban imperios que utilizaban herramientas de piedra y empezaban en aquellos momentos a experimentar con el bronce. Había algunas partes del África subsahariana divididas en pequeños estados nativos, que se encontraban también en la Edad de Hierro y estaban gobernados por jefes locales; pero todos los pueblos de Australia, Nueva Guinea y las islas del Pacífico, al igual que muchos pueblos de las Américas y del África subsahariana, seguían siendo ganaderos, o incluso cazadores y recolectores aún, y empleaban herramientas de piedra.
Es obvio que aquellas diferencias existentes en el año 1500 fueron la causa inmediata de las desigualdades del mundo moderno: los imperios que disponían de armas de hierro conquistaron y exterminaron a las tribus que utilizaban la piedra únicamente. Pero
¿cómo evolucionó el mundo para que en el año 1500 fuera aquella la situación?
También esta pregunta puede llevarse fácilmente un paso más atrás, con ayuda de la historia escrita y los descubrimientos arqueológicos. Hasta el final de la última Glaciación, alrededor del año -11000, todos los seres humanos de todos los continentes eran todavía cazadores-recolectores y vivían en la Edad de Piedra. Fue el diferente ritmo de desarrollo de los distintos continentes desde el año -11000 hasta el 1500 el que produjo las desigualdades existentes en esta última fecha. Mientras los aborígenes australianos y muchos pueblos nativos de América continuaron siendo cazadores-recolectores y viviendo en la edad de piedra, la mayoría de los pueblos europeos y muchos pueblos de las Américas y del África subsahariana desarrollaron progresivamente la agricultura, la ganadería y la metalurgia, así como una compleja organización política. Algunas partes de Eurasia, y una pequeña parte de las Américas, desarrollaron además una escritura indígena. Pero cada uno de estos progresos apareció antes en Eurasia que en ningún otro lugar.
Y después de leer todo esto, podemos ahora expresar de otra manera nuestra pregunta sobre la evolución de las desigualdades del mundo moderno. La pregunta sería:
¿por qué ha sido tan diferente el ritmo de la evolución humana en los distintos continentes durante los últimos 13000 años? Esa diferencia de ritmos constituye el patrón más global de la historia, y el tema sobre el que trata este artículo.
Los historiadores suelen huir de este tema como de la peste, a causa de sus aparentes connotaciones racistas. Mucha gente, o incluso la mayoría de la gente, dan por sentado que la respuesta implica diferencias biológicas del coeficiente intelectual medio, CI, de unos y otros pueblos del mundo, aun cuando de hecho no hay ninguna prueba de que dichas diferencias de CI existan. Incluso el formular la pregunta de por qué los distintos pueblos tuvieron una historia distinta, a muchos nos resulta monstruosa, pues parece querer justificar lo ocurrido en la historia. La realidad es que estudiamos las injusticias de la historia por la misma razón que estudiamos el genocidio, y por la misma razón que los psicólogos estudian las mentes de los asesinos y los violadores: no para justificar la historia, el genocidio, el asesinato y la violación, sino para comprender cómo llegan a ocurrir actos tan abominables, y luego utilizar esa comprensión para evitar que sucedan otra vez. En caso de que el hedor del racismo le haga a usted sentirse todavía incómodo ante la idea de explorar este tema, simplemente reflexione acerca de la razón oculta por la que tanta gente acepta explicaciones racistas del patrón general de la historia: no tenemos alternativa convincente. Hasta que la tengamos, la falta de opciones hará que las teorías racistas sigan siendo el principal polo de atracción. Y eso nos deja con una gran laguna moral, lo cual constituye la más poderosa razón para abordar este tema tan escabroso.
Vayamos continente por continente. Como primera comparación continental, examinaremos la colisión del Viejo y el Nuevo Mundo que empezó con el viaje de Cristóbal Colón en 1492, ya que los factores inmediatos que intervinieron en el desenlace los comprendemos bien. Y ahora les haré un resumen y una interpretación de la historia de Norteamérica, Sudamérica, Europa y Asia desde mi perspectiva de biogeógrafo y biólogo evolucionista (todo ello en diez minutos; dos por cada continente).
Allá vamos:
La mayoría estamos familiarizados con los relatos de cómo unos pocos cientos de españoles a las órdenes de Cortés y Pizarro destruyeron los imperios azteca e inca, cuando la población de uno y otro imperio se contaba por decenas de millones. Estamos igualmente familiarizados con los horrendos detalles de cómo otros europeos conquistaron otras partes del Nuevo Mundo. El resultado fue que el Nuevo Mundo pronto estuvo poblado y dominado principalmente por los europeos que allí se establecieron, mientras que la población indígena americana decayó drásticamente del nivel que tenía en 1492.
¿Por qué ocurrieron las cosas de esta manera? ¿Por qué, en vez de esto, no fueron los emperadores Moctezuma o Atahualpa quienes acaudillaron a los aztecas y a los incas a la conquista de Europa?
Las razones inmediatas son obvias. Los invasores europeos tenían espadas de acero, armas de fuego y caballos, en tanto que los indígenas americanos disponían sólo de armas de piedra o de madera y no tenían animales que pudieran montar. Aquellas ventajas militares hicieron posible que, una y otra vez, tropas de apenas unas docenas de españoles a caballo derrotaran a los ejércitos indios donde los guerreros se contaban por miles.
Sin embargo, las espadas de acero, las armas de fuego y los caballos no fueron los únicos factores directos que propiciaron la conquista del Nuevo Mundo. Las enfermedades infecciosas que los europeos introdujeron, como la viruela o el sarampión, se extendieron de una tribu india a otra, mucho antes que los mismos europeos, y acabaron con aproximadamente el 95% de la población india del Nuevo Mundo. Aquellas enfermedades eran endémicas de Europa, y los europeos habían tenido tiempo de desarrollar resistencia tanto genética como inmunológica a ellas, resistencia que inicialmente los indios no tenían. El papel que las enfermedades infecciosas tuvieron en la conquista del Nuevo Mundo se duplicaría en muchas otras partes del globo, como la Australia aborigen, el sur de África y numerosas islas del Pacífico.
Finalmente, hay aún otra serie de factores inmediatos que se han de tener en cuenta
¿Cómo es que Pizarro y Cortés llegaron al Nuevo Mundo? Y ¿cómo es que lo hicieron antes de que los conquistadores aztecas e incas pudieran llegar a Europa? Aquel desenlace dependió, en parte, de la tecnología, concentrada en naves transoceánicas. Los europeos disponían de estas naves; los aztecas y los incas no. Además, las empresas de los europeos tenían el respaldo del poder político centralizado, lo cual hizo posible que España y otros países europeos construyeran y tripularan aquellos navíos. Igualmente crucial fue el papel que desempeñó la escritura europea, al permitir la rápida difusión de información detallada, que incluía mapas, rutas de navegación, e informes de exploradores anteriores redactados a su regreso a Europa para motivar a futuros exploradores.
Hasta el momento hemos, identificado una lista de factores inmediatos que influyeron en la colonización del Nuevo Mundo: básicamente, las naves, la organización política y la escritura que llevaron a los europeos a aquellas tierras; los gérmenes europeos, que diezmaron la población india antes de que ésta pudiera llegar al campo de batalla, y las armas de fuego, las espadas de acero y los caballos, que en el campos de batalla dieron a los europeos una clara ventaja. Bien, ahora tratemos de llevar más atrás aún la cadena de la causalidad.
¿Por qué fue marco el Viejo Mundo, y no el Nuevo, de estos avances que actuaron como factores decisivos? Teóricamente, hubieran podido ser los nativos americanos quienes primero fabricaran espadas de acero y armas de fuego, los primeros en tener naves, imperios transoceánicos y escritura, los primeros en montar animales domésticos más imponentes que los caballos, y en ser portadores de gérmenes más letales que los de la viruela.
De esta pregunta, la parte más fácil de contestar es la relacionada con los motivos de que los gérmenes más dañinos se desarrollaran en Eurasia. Es sorprendente que los indígenas americanos no desarrollaran ninguna enfermedad epidémica devastadora que transmitir a los europeos, como contrapartida a las numerosas enfermedades epidémicas devastadoras que los indios recibieron del Viejo Mundo. Hay dos razones claras para ese bárbaro desequilibrio: la primera es que nuestras habituales enfermedades epidémicas sólo pueden sustentarse a sí mismas allá donde existe una gran densidad de población concentrada en pueblos y ciudades, núcleos de población que aparecieron mucho antes en el Viejo Mundo que en el Nuevo. La segunda es que los estudios de microbios recientemente llevados a cabo por biólogos moleculares muestran que la mayoría de las enfermedades epidémicas humanas evolucionaron de enfermedades similares que habían proliferado en lugares de gran concentración de animales domésticos del Viejo Mundo, con los que teníamos contacto directo. El sarampión y la tuberculosis, por ejemplo, se desarrollaron a partir de enfermedades del ganado vacuno; la gripe, de una enfermedad padecida por los cerdos, y la viruela, posiblemente de una enfermedad de los camellos. En las Américas, en cambio, eran muy pocas las especies de animales nativos domesticadas que pudieran contagiar a los seres humanos este tipo de enfermedad...


[continúa en parte II]


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viernes, 21 de agosto de 2009

Sobre los motivos del colapso de las sociedades -Jared Diamond-

"Ni las soledades de estas sociedades van a gobernar en ti, sólo realidades, suerte del camino por donde vas a morir."

-Santiago Feliú-


video: Jared Diamond
comentarios: Juan Carlos Alonso


Hay que reconocer que el slogan “Salva el planeta” en los últimos años cobró un fuerte impacto en las personas, a tal punto que está en boca y oídos de casi todos, aunque aún no haya llegado a solaparse en la conciencia de la mayoría. Como señal de alarma inicial y a manera de aglutinante de un mundo que actualmente empieza a redefinirse como globalizado podemos decir que es una buena consigna, pero si lo pensamos un minuto, no es difícil darse cuenta que la realidad es que no hay ningún planeta que salvar, La tierra no está en riesgo de nada y muy probablemente no lo estará hasta dentro más o menos unos 6.000.000.000 años, que es cuando el Sol la va a desintegrar literalmente. Lo que sí, lentamente, se está empezando a poner en riesgo es nuestra propia existencia, tal vez sean nuestros miedos de siempre los que nos impiden hacernos a la idea de la posibilidad de una muerte definitiva y es por eso que no nos atrevemos a mirarla directamente a los ojos y enfrentarla. Entonces lo que hacemos es buscar un factor indirecto y suavizante diciendo salvemos al “planeta”. Seguramente decir salvemos a la humanidad o salvémonos a nosotros mismos nos sonaría egoísta, siempre queda mejor hacer notar que estamos haciendo las cosas por “alguien”, en este caso el planeta, en lugar de situar el problema en primera persona para in tentar solucionarlo.
De todos modos, directa o indirectamente, bien sabemos que los que nos estamos viendo en apuros somos nosotros y la responsabilidad de salir de ellos está en nuestras manos. Para eso es necesario, primero, asumir los errores cometidos (y sobre todo los que seguimos cometiendo) para luego empezar a trabajar sobre ellos. ¿Y cómo hacemos esto? Hasta en el plano individual sabemos que de la experiencia aprendemos mucho, como también sabemos que el anticipar lo mejor que podamos el futuro nos ayuda a dar pasos en firme, de hecho esta es la razón del equilibrio. Cada uno, en lo personal, en mayor o en menor medida lleva su vida delante de esta manera. Lo que realmente nos está costando es unificar este criterio, a mi entender, deberíamos poner especial atención en este punto e intentar ampliar la escala, teniendo en cuenta que estamos construyendo una sociedad global, es importante que conozcamos la historia de nuestras sociedades como así también ponernos al tanto de lo que están pensando los que, con criterio anticipan el futuro. Es claro que hay diferentes intereses creados que son muy poderosos y con sus argumentos suelen confundirnos bastante, pero si no asumimos la responsabilidad individual de analizarlos para formar nuestra opinión, y la mayoría nos dedicamos full time, como está tan de moda, a las frivolidades del momento, a las limitaciones de una vida chiquitita signada por el consumismo, o a pensar que en los próximos cincuenta años viene Jesús a salvarnos acabando con el mundo, lo más factible es que cuando queramos salvarnos de verdad, ya posiblemente sea demasiado tarde.
Una de las tantas formas de ponernos al tanto es esta excelente conferencia de Jared Diamond, en donde analiza mediante su propio esquema los puntos que llevan a producir el colapso de las sociedades.
No importa si la consigna es salvar al planeta o salvar a la humanidad, para mí lo importante es que tomemos conciencia del problema ya que si se produce un colapso generalizado, como última medida, inevitablemente vamos a tener que recurrir al sálvese quien pueda y la verdad es que no me gustaría llegar a esa instancia.

saludos!!

Juan Carlos

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