" Estudiar una rosa no le quita belleza, se la añade "
-Richard Feynman-
En esta conferencia la antropóloga Helen Fisher aborda el tema del amor entre hombres y mujeres, en ella expone los tres sistemas cerebrales que lo configuran: el impulso sexual, el amor romántico y el apego a una pareja de largo plazo, analizando su evolución biológica, fundamentando su bioquímica y resaltando su importancia social. Mucha gente se indigna cuando la ciencia se "entromete" intentando esclarecer temas que son considerados como valores exclusivamente personales, como lo son los sentimientos, y suelen reaccionar como si le estuvieran introduciendo un dedo en lo más profundo de su intimidad, tal vez dicha reacción se produzca porque el orificio por el cual sienten esta especie de vejación racional justamente sea una llaga y no otro orificio que alguno se estaría imaginando. Es muy común que la gente, metafóricamente tienda redireccionar el origen de las emociones, adjudicándoselas a un órgano que supuestamente está relacionado más con la calidez de nuestro interior como es el corazón, aunque ciertamente la parte donde más calor se genera en nuestro cuerpo está ubicada dentro de nuestras cabezas. Convengamos que la metáfora de que se ama con el corazón es hermosa e inspiradora y tal vez tenga su origen por la cercanía de dicho órgano en unos de los actos más amorosos que conocemos que es el de amamantar , pero sabemos que sólo se trata de una metáfora, no debemos ingresar en esa zona resbalosa que tan acostumbrados estamos a entrar y utilizarla para evitar una vez más el costoso proceso de pensar. Se suele decir: tal persona es racional, y tal otra es viceral...Señores no pensamos con las víceras por más que a veces algunos parece que lo hicieran, simplemente utilizamos la cabeza. De todos modos no creo que hoy en día cualquier persona que esté en sus cabales niegue el hecho que todos amamos con nuestro cerebro. Algunas personas también pueden endilgarle dicha acción a un ente fantasmagórico que nos dicen cuando somos chicos que llevamos dentro y que en ese momento nunca terminamos de entender del todo exactamente dónde está ubicado (yo personalmente de chico tenía la teoría que el alma estaba en la panza...es evidente que, si era cierto, un buen día fui al baño y la evacué). A ellos les gusta decir que se ama con el alma y por la gracia de dios, y tiene sentido relacionar al amor con dios, no en vano es tan popular la frase dios es amor, el problema surge cuando actúan ambos con al mismo mecanismo incuestionable e irracional. Dios existe porque yo lo siento y punto. Yo estoy enamorado porque yo lo siento y punto. no tiene ni hace falta explicación. ¿y cuál es el problema? Cuando las cosas van bien, ninguno, el problema es que cuando les toca vivir un hecho desafortunado, viene la desesperanza por parte del creyente y cuando les toca vivir un desengaño viene la decepción y el llanto del enamorado. Pero hay una gran diferencia entre los dos. De dios, salvo en el exclusivo interior de muchas personas, no tenemos ni noticias de su existencia, en cambio, del amor vemos evidencias por todas partes a nuestro alrededor. El tema es que si hoy seguimos inmunizándolo contra el análisis y el razonamiento, y digo hoy(no, antes), HOY!!! que contamos con herramientas para comprender mejor su funcionamiento , lo más factible es que sigamos sufriendo por desegaños amorosos y confundiéndolo todo. Como argumenta Helen Fisher en su conferencia, a partir que la mujer volvió a salir a la calle o a incorporarse nuevamente al ámbito laboral, el escenario es distinto. Para mí, temas como la infidelidad siempre estuvieron a la orden del día y más o menos en la misma medida, pasa que ahora está mucho más expuesto que cuando cuando las mujeres se quedaban encerradas ocupándose de la casa, esto es debido a la mayor interacción con la sociedad y el avance de las comunicaciones, hoy en día si una persona quiere ser infiel a su pareja debe invertir mucho más en imaginación para el engaño que en épocas pasadas, esto es principalmente la causa del caos generalizado que lleva a la confrontación entre mujeres y hombres, ya sea de muchos de los que están en pareja como de los que están en búsqueda de ella. También hay otras causas que generan posteriores conflictos tales como el camuflarse aparentando una cosa y luego resultando ser otra, en toda la naturaleza existe esta actitud, pero hay que reconocer que los humanos somos especialistas gracias al lenguaje. También otra causa es perseguir intereses que algunos piensan que son suficientes y luego se dan cuenta que con sólo eso no basta, otra es el manotazo de ahogado que provoca la elección de una pareja, sin ser la correcta porque los relojes biológicos cuentan con poco tiempo. Mi conclusión es que debemos aprovechar el momento, si ya sabemos que el cerebro de la mujer y el del hombre tienen muchas similitudes pero también tienen diferencias, si ya empezamos a conocer que el amor está compuesto por una parte sexual, otra romántica y otra de apego a largo plazo, conocemos la influencia de los patrones de belleza y de los de status. ¿Por qué no aprovechar estas herramientas cognitivas y utilizarlas para intentar optimizar nuestras relaciones? Acordar con quién te podés ir a la cama, con quién pasar unos años, tener tus hijos o si es posible pasar el resto de tu vida. Obviamente nada está determinado ni tiene garantía de efectividad absoluta, pero por qué no intentar pensar un poco los sentimientos y buscar relaciones más compatibles, aunque a veces haya que aguantársela si no es correspondida, o a veces haya que tener un poco de paciencia si no la encotramos, pero al menos no pifiarla tanto como está visto que lo estamos haciendo en estos años. Nos quedan dos caminos por los cuales andar, podemos seguir defendiendo la ceguera del amor que actúa por instinto, con su dualidad eterna de amor y de odio, como un dios siempre justificado, y cuanto más se sufre más se autovalida, destrozando mujeres, hombres e hijos, consumiendo antidepresivos y muriendo, o bien, emprender el camino evolutivo de la vida, asumiendo de una vez por todas que la configuración de nuestro cerebro es lo que nos diferencia de otros animales y no lo podemos negar en ninguna función de nuestro comportamiento, al menos si queremos convivir más amablemente. Para mí, en lo personal, y semánticamente hablando prefiero la palabra querencia, sin que resulte un término tibio, mucho mejor me parece pensar en cómo querer y en cómo ser querido, les aseguro que no se pasa tanto frío.
Saludos!!
Juan Carlos
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