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sábado, 28 de agosto de 2010

Me voy a Morir y tengo Miedo. Una Opinión Personal (parte II) -Juan Carlos Alonso-



"La muerte, madre y consejo, rompe a afilar la guadaña, me alza la voz, me regaña porque no espero a ser viejo.Traspasando su entrecejo llego al fondo del secreto. Y con crecido respeto veo cómo se deslizan dos lágrimas por las lisas mejillas de su esqueleto."

-Silvio Rodríguez-



UNA IDEA MÁS ÚTIL A LA HORA DE ASUMIR LA MUERTE (Segunda y última parte)







[...] La gente se siente “infinitamente” reconfortada con la idea de la continuidad y elige, entre las tantas que hay, la opción que mejor le place. Ya sea pasar una eternidad en el cielo (si su dios considera que se portó bien e hizo los deberes), otros prefieren la idea de la reencarnación en otras personas, e incluso algunos prefieren reencarnarse tal vez en un repollo (que no tiene carne) para luego indefinidamente ir mutando de especie en especie de forma azarosa, hay también quien piensa que pasará a otras dimensiones, y así muchos supuestos más.
Este tipo de respuestas son las escuchaba normalmente al hacer la segunda pregunta que mencioné anteriormente, y todas apuntan a la idea de eternidad a manera de consuelo. Pero ¿Alcanza para consolarnos el sólo hecho de basar esta idea en la continuidad?
Si pensamos en el ejemplo de la reencarnación podemos preguntarnos ¿Qué gracia tiene reencarnarse en otra persona si no se tiene conciencia de ello? o ¿Cuál es la ventaja de creer reencarnarse en un perro si ni siquiera tiene conciencia de ser perro? Evidentemente no resulta demasiado consoladora la sola idea de continuar y debe ser por eso que no es demasiada gente la que la adopta. Si analizamos las opciones más aceptadas ampliamente, que son las religiosas, nos damos cuenta que la perpetuidad está necesariamente complementada con otros valores que las personas consideramos importantes, tales como resultan ser la felicidad, la paz o el bienestar.
Me resulta sumamente curioso y útil, al intentar desmenuzar esta cuestión, ver la actitud dubitativa o contrariada que surge en quienes creen en este tipo de cosas ante preguntas tales como ¿Te gustaría vivir tu vida -tal cual es- eternamente? O bien ¿Tomarías un pastilla de las del tipo Un mundo feliz, en caso que la ciencia diera con la fórmula? Generalmente, en la primera muchos dudan en un primer momento, para luego decir que no, mientras que en la segunda suelen responder automática y enfáticamente que no ¡A quién se le ocurre semejante cosa! Aunque, por otro lado, no tienen demasiado problema en recurrir a la química a la hora de dormir o de calmar ansiedades. De esto podemos deducir que una vida eterna y humana, alternando alegrías, momentos neutros, y tristezas no es algo deseado; lo mismo que no se desea una vida feliz inducida por otra persona en forma artificial, pero sí se acepta con gusto una vida espiritual, eterna y feliz, autorizada por una entidad divina en forma ¿natural?
Con estos conceptos contradictorios en juego, lo que podemos advertir con claridad, es que con lo que se está lidiando en realidad, es con lo que llamamos una utopía. Para ser aún más claro, bien sabemos que asuntos como la eternidad, la felicidad o la paz constantes, son utópicos; vivimos esforzándonos para alcanzarlos, y por más que se han logrado algunos avances con el correr de los años, y sobre todo en los últimos, siempre van un paso más adelante ¿Y qué hace la mayoría de las personas entonces?
Se conforma con el consuelo de hacerlos realidad de manera ilusoria para cuando se mueran. Esto, como dije al principio, a mí no me sirve ni un poco.
Considerar especialmente este punto, fue lo que me llevó a reflexionar sobre el tema y ver si de alguna manera podía hallar algo, que aparte de resultar reconfortante (por más que no deje de ser un consuelo) sea estrictamente realista y también resulte definitivamente más útil para los momentos en que pensamos en ello.
No es muy difícil encontrarlo si nos hacemos la siguiente pregunta ¿Cuál es otro de los importantes valores humanos que constantemente perseguimos y nunca terminamos de alcanzar?
La respuesta casi que surge por sí sola ante nosotros:
LA LIBERTAD.
Sin dudas, la libertad es uno de los anhelos más altamente valuados por el hombre, y mucho es lo que se ha luchado y lo que se sigue luchando por ella, sin embargo, ya va siendo más que necesario que asumamos de una vez cuál es la medida justa en que las personas podemos tener acceso a ella, sin que esto tergiverse el sentido de tal premisa y se utilice para coartarla.
Por más que no nos guste decirlo, debemos reconocer que nunca podemos ser tan libres como “supuestamente” quisiéramos. Entre las utopías mencionadas, la libertad, tal vez sea la más utópica de todas.
Si consideramos tanto la paz como la felicidad o el bienestar, por más que resulten inalcanzables en cuanto a una continuidad prolongada en el tiempo, al menos por lapsos cortos podemos experimentarlas (y bastante seguido). En cambio a la libertad propiamente dicha jamás podemos tener acceso, ni siquiera por una millonésima fracción de segundo. Siempre estamos limitados por algo que nos impide se enteramente libres, ya sea por cuestiones biológicas, como así también, por cuestiones culturales y/o meméticas.
No contamos, sólo por poner un ejemplo, con la libertad de mantenernos con vida sin ser, literalmente, parásitos de las plantas y depender del oxígeno que nos brindan. Tampoco somos libres de hacer lo que queramos, no sólo en relación a lo más comprensible, que es al relacionarnos con otras personas para convivir en sociedad, sino que tampoco lo somos, en muchos casos, en lo que depende de nosotros mismos.
La realidad nos dice que tenemos cierta libertad en lo que respecta a la hora de tomar algunas decisiones y no mucho más. El sólo hecho de ser concientes que nuestras acciones tienen consecuencias, y muchas de ellas las podemos predecir, ya nos limita tremendamente y de manera categórica.
Muchas veces, de manera algo ingenua, tendemos a relacionar el vuelo con la libertad; la imagen de del espacio abierto, del desplazamiento raudo por el mismo en la dirección que se nos ocurra nos da esa sublime sensación; como si la realidad no nos demuestre, que para poder hacerlo, necesitamos depender de un par de alas que nos sustenten, de una costosa energía que nos impulse o de estar limitados por ciertas reglas naturales, que de incumplirlas, nos precipitaríamos como una bola de hierro a tierra.
Mencioné esta analogía, que tan bellamente suele funcionar cuando hacemos poesía, porque también suele estar íntimamente ligada a los consuelos que las religiones, de manera igual de bella, ofrecen a sus fieles mortales. El alma o el espíritu ascienden al cielo donde gozan de eterna libertad.

Cuando tenía nueve años, en esta misma habitación en la que estoy sentado escribiendo ahora, a unos escasos 80 cm. de mi espalda, estábamos velando el cuerpo de mi abuelo fallecido.
En ese entonces, mi abuela me decía que su alma iba a estar cuidando de mí desde el cielo. Bueno, era un chico, empezaba a desconfiar un poco de esas cuestiones, pero era aún sólo era un chico…
Lo que sinceramente me resulta increíble es que a día de hoy, gente adulta siga creyendo en estas cosas sin hacerse preguntas tan sencillas como ¿Dónde esta la libertad celestial si tenemos que andar velando por nuestros seres queridos hasta cuando van al baño? O ¿Cómo podemos ser felices eternamente si somos testigos desde el cielo del sufrimiento terrenal que eventualmente padecen nuestros seres queridos?
Tristemente, entrado el siglo XXI, época en la que ya se vislumbra la definitiva puesta en evidencia y aceptación del yo como un mecanismo ilusorio de nuestro cerebro; aún infinidad de gentes siguen creyendo en la existencia del espíritu o el alma.
Sin ánimos de ofender a nadie, permítaseme decir que hoy no nos podemos dar el lujo de creer en cosas de las cuales no tenemos ni la más mínima evidencia, al menos si ni siquiera nos tomamos el trabajo de intentar encontrarla. Es necesario de manera urgente tomar conciencia en forma más generalizada que esas, son antiquísimas ideas que se utilizaron y se aprovecharon para controlar a la gente y que a la gente le resultaban útiles porque se sabía muy poco o, directamente nada en comparación a lo que sabemos hoy del funcionamiento de nuestro cerebro. Sus imperativas premisas doctrinarias lo dicen sin tapujos en la voz de una serpiente “El día que comiereis de él [árbol] serán abiertos vuestros ojos y seréis como dioses sabiendo el bien y el mal”.
El hecho de decir yo creo, y con eso es suficiente como certeza, por más que la cantidad de “yoes” sea inmensa y mayoritaria, es una clara actitud egoísta, lo que no quiere decir que se trate de personas egoístas en otros aspectos de su vida; pero sí en este. Y la idea de una continuidad eterna del alma, que en este caso es prácticamente indistinguible del yo, lo pone claramente en evidencia. “Yo no puedo dejar de existir”
Si la humildad es otro de lo valores que perseguimos, sería bueno que al menos lo intentemos, ella está mucho más a nuestro alcance incluso que las otras utopías. Nuestra oportunidad es mientras estamos vivos; como así también, el ser lo más felices, lo más pacíficos y lo más libres que podamos a los largo del tiempo que tengamos para experimentarlo.
Acá es donde, si contraponemos las formas de responder a la pregunta, al comienzo formulada, pueden develarse importantes diferencias en la actitud con la que encaramos nuestras vidas. Si pensamos que al morir vamos a continuar existiendo de una manera ciertamente conciente, y encima ideal, en cuanto a lo que a sentimientos respecta; es posible que aunque sea en una proporción, por mínima que fuere en algunos casos, ésta actitud, puede influir de manera directa en que no invirtamos todos nuestros esfuerzos posibles en intentar conseguir acercase a esos ideales a lo largo de nuestras vidas. Total, lo bueno viene después, lo mejor está a partir del principio del fin. Mientras tanto, pasamos nuestros días adjudicándonos culpas de manera casi constante, y todo por no haber sido como a alguien se le ocurrió que teníamos que ser, y tuvo la brillante idea de comunicárnoslo a través de nuestros miedos. Pero bueno, el sufrimiento en vida luego, supuestamente, es compensado, ahora dediquémonos sólo a quejarnos y a distraernos: la humanidad es un desastre, la gente es mala y no merece, todo lo destruye, ¡No aprendimos nada!…ya Dios nos va a volver a castigar otra vez. Está escrito
¿O es que algo aprendimos?
Si pensamos, en cambio, como ya mucha gente esta pensando -o al menos ahora lo pueden decir sin que se la den por la cabeza- que en el último suspiro se nos fue la vida y eso es todo; es muy posible que nos demos cuenta que, contrariamente a lo que supone mucha gente, en lugar de que todo es un sinsentido vacío de propósito, en realidad se trate de que, justamente, el sólo hecho de vivir y saber que es la única oportunidad, sea el propio fundamento del sentido o el propósito.
De esta manera es mucho más probable que intentemos aprovechar al máximo cada momento, sin dejar de ser concientes que a veces las cosas las hacemos bien y a veces mal y que en general no somos ni tan buenos ni tan malos.
En gran medida, quienes empezaron a verlo de este modo, justamente fueron los que consiguieron lo mayores avances de los cuales hoy todos somos beneficiarios. Con esto, por su puesto, no quiero decir que los únicos, pero si una gran cantidad, y sobre todo en nuestros días. Hoy sabemos de donde venimos y gracias a eso nos empezamos a entender un poco más a nosotros mismos, más o menos estamos empezando a tener idea que lo bueno y lo malo de nosotros tiene sus raíces lógicas y biológicas
También sabemos los errores que cometimos y los que seguimos cometiendo, y también predecimos cuáles son los posibles problemas que se avecinan y empezamos a imaginar en cómo tratar de solucionarlos.
Si nosotros pensamos que la vida es única y es esta, y que tenemos la casi infinita suerte de haber nacido y que somos una posibilidad que resultó favorecida entre otras casi infinitas que no lo fueron, es muy posible que tomemos real conciencia de lo que eso significa, y por ende actuemos en consecuencia.
Nietzche, al contrario de la finitud, tenía su teoría del eterno retorno, la que planteaba, grosso modo, que nuestra vida se repite eternamente tal cual fue, una y otra vez, como un espiral infinito. Esta teoría no la considero plausible como tal, sin embargo sí me parece, que resulta un excelente ejercicio imaginativo para, en caso que no tengamos costumbre de hacerlo, replantearnos la manera en que estamos viviendo nuestras vidas y tal vez, si es necesario, generar algunos cambios.

En resumen, hoy en día, la ciencia, mayoritariamente posee este tipo de pensamiento, mientras que la religión, en su rol de “padre” que sabe lo que no nosotros no sabemos, posee el descrito anteriormente. Muchos pueden ver a la ciencia también como a un “padre”, que sabe los que nosotros no sabemos y que se dedica a regalarnos juguetes tecnológicos a todos aquellos que nos dedicamos a otras tareas y nos resulta difícil entenderla.
¡Ojo! Porque, en el fondo bien sabemos que no sólo ese eso.
Un presidente argentino, en un discurso hace años y ante un país entero, enérgicamente dijo: “Con la democracia, se come, se cura y se educa“
Bueno, yo digo que la democracia debe ser la herramienta que nos sirva para votar a políticos que tenga la “humildad” de reconocer que si vamos a la raíz, es la ciencia la que en realidad nos alimenta, nos cura y nos enseña. Y no sólo eso, es también la que en el futuro, llegado el caso, llevará a nuestro linaje a mundos más seguros.
Pero para poder conseguir esto, somos nosotros mismos los que primero tenemos que hacernos de esa humildad y empezar a reconocerlo.
Con esto, obviamente, no pretendo endiosar a la ciencia ni que nos tengamos que arrodillar ante ella. Eso aparte de carecer de sentido, sería inútil, porque ella se autorregula en forma independiente; pero sí pretendo remarcar lo importante que resulta hoy que le brindemos una mayor atención y un mayor apoyo desde nuestros lugares en la medida que nos sea posible.
Ciencia y religión. Es evidente que ambos magisterios, nunca se pueden pisar, si nos damos cuenta, que en el fondo, uno prioriza la vida, mientras que el otro prioriza la muerte.
Para finalizar, sólo me resta decir, que si a esta idea de auténtica libertad en la muerte, la queremos apuntalar con nostálgicas y bellas ideas de continuidad… y sí…podemos hacerlo, nuestros restos mortales pasarán a formar parte de un proceso en el cual la vida se retroalimenta y los átomos de los que estuvimos compuestos vaya a saber uno de qué otras millones de cosas serán parte. En esencia, por más que sea cierto, esto no es muy diferente a la idea de la reencarnación. En cambio si no nos ponemos nostálgicos y miramos a futuro, esa continuidad biológica la encontramos, como es sabido, en nuestros hijos y no en nosotros mismos. De nosotros sí depende, darle mejores y más útiles herramientas para que puedan ser superadores. También contamos con la continuidad cultural como una realidad, pero debemos considerar que ésta pueda servir para inspirar nuevas ideas y no que se perpetúe como una tradición inmutable.
Si alguno de los pro-psychos de siempre que mencioné al comienzo, llegó a leer hasta aquí, y con una sonrisa ladeada y auto suficiente, concluye para sus adentros que esta reflexión, por más que yo lo niegue, no es más que el producto de una crisis, y que en realidad lo mío es una queja por no haber podido ser lo que había soñado de chico y que por ello -y por mi situación actual-, estoy culpando a mis padres. A ellos simplemente les digo: que cuando dieron una vuelta, yo ya estoy mareado. (Si no advierten la ironía y buscan la literalidad en esta frase popular, añado que estoy en el justo equilibrio y sé perfectamente donde estoy parado)
Los demás por favor sepan disculpar mi insistencia en dejar claro este tema, pasa que ya sabemos cómo funcionan a veces estas cosas, tomamos una etapa que es fantástica para el discernimiento en la cual surgen lógicas dudas, y enseguida la empaquetamos y le ponemos carteles de FRÁGIL, ¡no dude! ¡No piense! ¡Es normal…ya se le pasará! Mientras tanto, tranquilícese, busque algo en que distraerse y duerma tranquilo. Para todo tenemos pastillas.
Otra vez alguien diciéndonos que hacer… no es muy diferente a la adolescencia, sólo que ahora ya estamos más grandecitos y de ninguna manera deberíamos acusar inexperiencia para justificarnos. La poca libertad a la que tenemos acceso en nuestras vidas no me parece nada bueno desperdiciarla de esa manera.
Hay también quien pueda pensar de manera más complaciente y de buen grado, pero no mucho menos autosuficiente ¡Ay éste tipo…otra vez filosofando! Esto lejos está de la filosofía. Ese es otro pensamiento empaquetado, otra de las frases hechas de las que son fácilmente aceptadas por mucha gente, y que sirven como justificación para evitar el ejercicio de pensar sobre ciertas cuestiones, como si esta actividad de mínima reflexión en los temas más profundos, sólo estuviera reservada de manera exclusiva a los filósofos. No dejemos que nos engañen y, sobre todo, no nos engañemos nosotros mismos, esto debe ser, en la medida que nos dé la cabeza a cada uno, una tarea de todos, al menos si queremos, a través del conocimiento, ser más felices y convivir mejor unos con otros.
Si hay algo que me aterra más que la muerte propiamente dicha, es la idea de poder hacer ese repaso final y darme cuenta de que lo único que me voy a perder al estar muerto, es el hecho de dejar de ser parte de un culebrón guionado con mero cotilleo. El cotilleo es parte nuestra, es cierto, somos humanos… pero sería terrible darse cuenta que es a lo único que hemos dedicado nuestro tiempo.
Claro que cada uno tiene la "libertad" de pensar y hacer lo que quiere, o bien, de elegir el método que mejor le resulte. Mi intención aquí sólo es develar cuál es el mío, ya que considero mucho más relevante, ir encontrando luz a medida que avanzamos en nuestro recorrido, que andar tanteando a ciegas con la esperanza de encontrarla, de manera ilusoria, justo al final del mismo.
Sigamos temiendo a la muerte, que en cierta medida, eso no es malo. Pero tengamos en cuenta que para ser eternos y absolutamente libres como tanto anhelamos, debemos prescindir de cualquier tipo de anclaje, sobre todo del más fuerte e íntimo de todos, que es nuestra conciencia. Para esto, necesaria e inevitablemente, tenemos que estar muertos.
Esta idea definitivamente me resulta reconfortante, y de paso, debilita llevando a su punto justo y necesario, al mayor de nuestros miedos.


Saludos para todos!


Juan Carlos


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lunes, 5 de julio de 2010

Entre hombres deben cazarse y no casarse -Juan Carlos Alonso-



"De nada le sirve ser amigo,de nada le sirve ser hermano.El sexo es el juez universal del ser humano"


-Silvio Rodriguez-







Tranquilos, aunque lo parezca, este encabezado no es un mandamiento más que había quedado tapado con musgo en las tablas que dios le hizo a escribir a Moisés y que redescubrieron recientemente los teólogos. Simplemente se trata de uno de mis irónicos juegos de palabras para designar el tema que voy a abordar, les pido mil disculpas si suena machista porque no incluí a la mujer en el título, pasa que se me complicaba la elaboración… ¿o acaso suena feminista?... Vaya a saber uno…de todos modos no es relevante. Ya sospecharán de qué estoy hablando y cuál es la idea.
Resulta que en estos días, en el controvertido congreso de mi controvertido país, como en tantos otros controvertidos congresos de tantos otros controvertidos países, se está tratando de aprobar o desaprobar la ley que permite a los muchachos y a las muchachas casarse entre si (entre sí los unos y entre sí las otras, claro está).
Esto creó el clima ideal para que la opinión pública salga a expresarse a la calle, unos a favor y otros en contra. Al ver y escuchar, días pasados, en un noticiero la expresión de los argumentos manifiestos por un grupo de gente que se mostraba en contra de la aprobación de la ley, inmediatamente me llevó escribir esta breve reflexión.
Como es lógico, la mayoría de ellos anteponía la cuestión religiosa como indicador de lo que está bien y lo que está mal, esto es terminante: entre personas del mismo sexo no se pueden casar por lo que ya todos sabemos, todos somos iguales ante los ojos de dios (hasta que somos diferentes -y no justamente por ser buenas o malas personas-).
Había otros que argumentaban que tal cosa es antinatural e incluso algunos argüían que iba en contra de la biología. ¿La biología? Si, solo dios sabrá que habrán querido decir con eso, pero bueno, todos tenemos el derecho de decir lo que queramos.
Bueno, digamos que hasta aquí la cosa es comprensible, aunque no justificable, ya que la gente suele ser bastante ignorante y no tiene demasiados problemas en dejarlo más que claro ante las cámaras de televisión. Ojo, con esto no quiero decir que su postura sea errónea por el sólo hecho que yo no esté de acuerdo, si no, simplemente, que sus argumentos, tan básicos como cerrados, ponen en evidencia que ignoran algunas cuestiones que resultan importantes a la hora de formar una opinión.
Pretender tener razón sin razonar… parafraseando a Aute, podríamos decir que… es más fácil encontrar rosas en el mar.
Como las leyes humanas no son tan “divinas” como algunos quisieran, justamente lo que hay que contemplar en estos casos son los derechos que el conjunto de las personas deben tener en una sociedad. Aquí es donde me puse a ver qué era lo que opinaban los legisladores en los diferentes debates televisivos que sostenían dicha postura. Les aseguro que casi me agarró lumbalgia de tantas veces que me tuve que agachar a recoger del piso mi maxilar inferior que caía por la sorpresa al escuchar una tras otra sus argumentaciones. No diferían prácticamente en nada de las de cualquiera de las que les mencioné anteriormente extraídas de las bocas de la gente de la calle. Uno puede llegar a preguntarse teniendo en cuenta su avidez política ¿Lo hacen para congraciarse con la gente? No lo creo, lo hacen porque comparten la misma ignorancia y el mismo miedo que ésta generalmente provoca, y que mas adelante veremos que en un aspecto tiene su parte lógica y en otro no.
Hay dos cuestiones principales que se discuten, una es el matrimonio gay y la otra es la posibilidad de adopción a partir de dicha unión. Hay que considerar en este punto que nuestra ley permite que una/un homosexual adopte a una criatura si es soltero, pero se trata de impedir a toda costa en caso que esta persona pueda estar casada con otra persona del mismo sexo. ¿Qué es esto si no el viejo y clásico tabú que envuelve desde siempre a la condición sexual humana? O sea, si ud. es homosexual, mientras lo mantenga oculto entre sus sábanas y no haya ningún papel que lo avale entonces tiene la facultad de cargar con la responsabilidad de adoptar y criar a un niño, pero si de alguna manera esto sale a la luz y se asume ¡Atrás! Ud. Pierde dicha facultad.
Como es costumbre, seguimos teniendo terribles problemas para dejar a un lado la hipocresía en estos aspectos así como en tantos otros.
En mi opinión, el tema del casamiento sería mucho más fácil de consensuar, ya que la discusión pasa más por una cuestión semántica que otra cosa, que si se le llama matrimonio, que si se le llama unión civil, da igual, primero porque el término que prevalezca en el tiempo para llamar a este tipo de relación en el acervo cultural y cotidiano muy probablemente será matrimonio y no algún otro nuevo, por lo arraigado que éste ya está, y luego, por más que se diga lo que se diga ¿cuál es una de las funciones más importante del matrimonio si no la de dividir equitativamente en caso que se quiebre lo que la ley ha unido? Los hombres de bien tienden a proteger los bienes y no los males, así es que no es tan complicado.
El problema con esto del nombre que se le dé, supuestamente, es porque los que se oponen a la ley no quieren que esta gente les pise el césped de sus derechos, aunque yo sospecho que en realidad esto no es más que un simple capricho, ya que si yo tengo el derecho formar un matrimonio con una mujer, no debe quebrantar en lo más mínimo ese derecho cuando un hombre se quiere casar con otro hombre o una mujer con otra mujer…en fin, si sigo sospechando seguramente llegaré a la conclusión que lo que se esta intentando defender es una mera cuestión litúrgica, y lo que en verdad les molesta es que se les pisen los escalones de las puertas de su iglesia , la cual resulta declaradamente homofóbica por ley . Ni que las personas homosexuales, como el resto del mundo, no fueran en su mayoría personas de fe. No creo que haya mucho que agregar

Algo más complicado, en cambio, resulta el tema de la adopción. En este punto me gustaría tener en cuenta un par de aspectos que no escuché decir a nadie -ni si quiera a los que están a favor de que se apruebe la ley-.
Las principales razones que esgrimen los opositores suelen ser que un chico en su crianza debe tener la diversidad de la imagen paterna y la materna respectivamente (y todo para que si el chico es heterosexual, su futura esposa, unos días lo termine acusando de que es un déspota carajeado y otros días de que un nene de mamá pollerudo…je je je) -bromas aparte- también argumentan que no es bueno que un crío tome el ejemplo de sus “literales” padres homosexuales. ¡Ojo con esto! Tanto nuestros papis y mamis como nosotros, como papis y mamis, tenemos, imagino que por una cuestión de lógico apego emocional, la creencia que tanto la educación que recibimos de nuestros padres como la que impartimos a nuestros hijos tiene una marcada influencia en el comportamiento de los mismos, y esto no es así, al menos en la medida que el común de la gente lo suele creer. Hace tiempo que los estudios nos dicen que en la media, casi la mitad de las características de nuestro comportamiento tiene origen genético y casi la otra mitad la moldea el entorno en cual nos desenvolvemos. Lo que realmente aprendemos de nuestros padres o enseñamos a nuestros hijos es un porcentaje bastante bajo que no llega no al 20%. Claro que cuando nos preguntan, lo primero que solemos responder es Casi todo lo que sé se lo debo a mis padres, pero a nuestro pesar, como dije hace un momento esta es una cuestión de apego emocional y si lo reflexionamos unos minutos, de manera sensata, nos damos cuenta que esta bien alejado de la realidad.
O sea que si consideramos esto, es muy difícil que un chiquito vaya a tomar el “ejemplo” de sus padres y más aún cuando se trata de su orientación sexual, si así fuera, ¿cuál es el ejemplo que las personas homosexuales tomaron de sus padres heterosexuales? (excluyendo en este caso a los que vienen por cuestiones hormonales “de fábrica”)
Lo que yo creo que deberíamos hacer para destrabar este asunto es sacarnos un poco la careta de lo que resulta sociopolíticamente correcto y abordar el problema de frente.
Esta gente que se opone y dice que pueden tener su unión civil fuera del matrimonio y que la adopción es una aberración para la sociedad, en realidad poco les importan los detalles, ya que la gran mayoría son homofóbicos, de ser por ellos, y si no tuviera consecuencias, erradicarían a los homosexuales de la faz de la Tierra, o bien, los encerrarían cual enfermos a la vieja usanza. Más allá que hoy el término homofobia se utilice más con la connotación que indica odio o intolerancia hacia homosexuales, bien sabemos que esto es la consecuencia de su significado original que no es otro que el miedo que esto les produce.
Aquí es donde, como mencioné al principio, un aspecto de esta actitud tiene su lógica, y esta lógica emerge desde lo más profundo de nuestros genes ¿cómo no vamos a sentir temor hacia una conducta sexual que no tiene tendencia a reproducirse?
Bien, tiene mucho sentido, pero lo que debe tener aún mas sentido, a día de hoy, es que justamente en nuestra especie humana los genes no mandan, sino que en muchos aspectos incluso nos contraponemos a ellos, y todo gracias a la facultad única que tenemos que es la de razonar.
Si lo hacemos, nos damos cuenta entonces que esta gente, que pongamos por caso que ya tienen su sexualidad definida y lo que temen es por la sexualidad de sus hijos, por más que no lo reconozcan, saben perfectamente que no depende de la educación o el ejemplo que ellos le impartan a su hijo para que éste salga “normal” , y esto surge porque ven que la cantidad de homosexuales de padres heterosexuales es abrumadoramente mayoritaria, como también saben que el resto del entorno es el que tiene mucha más influencia sobre el comportamiento que el hijo puede adoptar, y ahí es donde radica su mayor temor.

¿Y cómo se relaciona todo esto con el tema de la ley? Muy fácil, piensan que si se legaliza es una forma de facilitarle el camino a la gente para que se haga homosexual, ya que de esta manera el entorno lo hace más aceptable. ¡Un entorno Gay Friendly!
Señores ¡por favor! Esto es lo mismo que pensar que hoy en día hay más violencia que antes, sin tener en cuenta que los avances de la tecnología en comunicación nos permiten enterarnos de más casos de los que antes ni teníamos idea, ni consideramos que hay mas gente que antes, ni que hay mas concentración de la población que antes.. Que alguien hoy en día pueda asumir y revelar públicamente con más libertad su condición sexual, a diferencia de lo que se ocultaba en años pasados, no quiere decir que haya más.
Es necesario que vayamos perdiendo estos temores primitivos si queremos sofisticarnos como sociedad, días pasados, una amiga me comentaba que en su país, donde es legal la adopción, un chuiquito adoptado por una pareja de lesbianas era el centro de las burlas en el colegio y sufría mucho. Seguramente esto hoy pasará con la mayoría de ellos, en mi opinión es lamentable, pero es el precio que se paga por todo proceso de cambio. Lo que sería bueno es que esto no nos haga amedrentar a la hora de decidir utilizar las leyes como herramientas de cambio para una sociedad más justa para todos.
Si miramos sólo algunos años para atrás, cuestiones comparables, como pueden ser el racismo o el sexismo pasaron por procesos similares que, aunque aún no están del todo resueltos, se ha avanzado mucho, está en nosotros aprender de esa experiencia y acortar los tiempos y procesos de cambio.
También habría que considerar el futuro, si es que en nuestros hijos pensamos tanto. Los homofóbicos generalmente también suelen ser antiabortistas, yo les pregunto en caso que se siga manteniendo esa forma de pensar ¿Cómo imaginan que reaccionarán dentro dos o tres generaciones cuando la población se duplique y muy probablemente haya que elaborar leyes que regulen el control de la natalidad? ¿Seguirán poniendo el grito en el cielo y pataleando en nombre de la tradición y de una moral obsoleta?
Para terminar, sólo me resta aclarar que esta simple reflexión-en lo personal- no está elaborada desde un punto de vista paternalista, si no en principio, fraternalista, ya que pienso que la igualdad de derechos permite la mejor convivencia en la sociedad, y el fin último, como todo en la vida, es egoísta, ya que cuantos más chicos “alegres” asumidos haya, menos competencia tenemos los que padecemos la “tristeza” a la hora de intentar relacionarnos con al sexo opuesto.
Así que señoras y señores, por favor, dejen tratar de impedir que estas personas se puedan casar y paren de tratar de cazarlos… y dejen que el mundo siga rodando, pirmero los derechos, lo demás es discutible.


Saludos


Juan Carlos






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