Mostrando entradas con la etiqueta Cuento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuento. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de noviembre de 2010

Palabras Reencontradas -Juan Carlos Alonso-



"Los sueños cumplidos no siempre son la concreción de nuestros más nobles anhelos.
Hay ocasiones en que también son la justificación de nuestras peores acciones"

-Juan Carlos Alonso-




LOS SUEÑOS CUMPLIDOS DE TERESA NOUVELLES



click en la imágen para agrandar
Hace poco más de cinco años, como consecuencia de una malintencionada maniobra mediático/política, fue que casi todos  mis sueños, o por lo menos, los que estaban relacionados al proyecto laboral que había encarado en ese momento, y en el que, junto a mucha otra gente, había invertido tanto tiempo y esfuerzo; no sólo se desvanecieron tras una lenta y virulenta agonía, sino que también tuve que afrontar las lamentables secuelas que perduran hasta la fecha. Dicha maniobra, la cual fue pergeñada en 2005 por el multimedios que aún hoy sigue monopolizando la información en la República Argentina; resultó ser la punta del iceberg del enfrentamiento que en la actualidad mantiene públicamente y en forma tan expuesta con el gobierno nacional. (Cabe destacar el mérito de este último por ser el único que se atrevió a enfrentarlo y el que tiene la potencial capacidad de propiciar un escenario más justo y, sobre todo, más útil para todos, a través de la ley de democratización de medios que propone)
En aquel año tan conflictivo y desmoralizante par mí, la única manera que encontré para exteriorizar lo que sentía, fue escribir un cuento. Cuento que describe metafóricamente la actitud, generalmente miserable, que suelen adoptar periodistas y comunicadores de esos medios, ante las diferentes eventualidades de su trabajo.
Es por eso que hoy, luego de retocarlo sensiblemente, decido publicarlo en El replicador de Sueños, ya que no sólo el verbo replicar tiene connotación de divulgación o difusión, como es nuestra costumbre, sino que también, en esta ocasión, quiero dejar expresado mi derecho a réplica en lo concerniente a esta cuestión.

Para su comodidad, pueden leerlo en el siguiente link: LOS SUEÑOS CUMPLIDOS DE TERESA NOUVELLES.
Espero les guste.

Saludos

Juan Carlos

***Si te pareció interesante este post, no olvides pasarlo a tus contactos de tweeter y facebook utilizando los botones de arriba***





miércoles, 6 de octubre de 2010

Palabras Reencontradas -Juan Carlos Alonso-




"Cuéntame el cuento de las cadenas que te trajeron"

-Pedro Guerra-


Hoy vuelvo a desempolvar viejos papeles para dejar en este rincón de la bodega un monólogo que se me dio por escribir unos cuantos años atrás como tarea de un taller literario que estaba realizando en ese momento. Como en aquella oportunidad, la profesora me dijo que el título era incomprensible (me parece que tampoco se esforzó demasiado en intentar comprenderlo) les dejo la pista que revisen el significado de los números en los sueños con relación al juego de lotería en Argentina y el misterio se develará como por arte de magia… ( Perdón por la ironía, pero no tuve oportunidad de hacerla en su momento je je je)

Saludos!


Juan Carlos





Cuarenta y ocho de veintiuno, del encierro y del cansancio




Dicen que la vida es una lotería. Por lo que veo, muchas veces, la muerte también.
Aunque parezca contradictorio, debo confesar que ya estoy cansado de estar muerto, y digo contradictorio, porque los muertos, siempre nos dijeron que estábamos para descansar en paz y no para cansarnos.
La verdad es que nunca en la vida me imaginé que la muerte pudiera llegar a ser esto. Tampoco supe advertirlo al ver los rostros de los muertos o las muertas con los que me había topado cuando aún estaba vivo, tal vez por ingenuidad propia o, tal vez, no lo noté porque ellos, una de las primeras cosas que aprenden a hacer, es a disimular. Cosa que con el tiempo, aprendí muy bien a hacer yo también.
La causa inicial de nuestro deceso (el mío y el de mi mujer) se produjo, naturalmente, y como en tantos otros casos, por accidente.
Si consideramos que un accidente es un estado que aparece en algo, sin que sea parte de su esencia o su naturaleza, al decir “naturalmente”, en apariencia, se trataría de otra contradicción, sin embargo, si contemplamos la naturalidad con que aceptamos ciertos estados de nuestra civilidad, está visto que no lo es.
El día que se produjo la desgracia fue un sábado por la noche, hace aproximadamente una década atrás. Ella y yo nos encontrábamos sentados en el asiento de atrás de un coche negro, semilujoso y de alquiler. Hay que reconocer que íbamos demasiado rápido y, tal vez, por lo emocionados que estábamos, no le prestamos atención a las luces de precaución.
Pasamos un año y medio en estado de coma compartiendo habitación en el hospital hasta que, finalmente un paro, más cardio que respiratorio, perfectamente sincronizado entre ambos, nos terminó de matar al mismo tiempo. Si, como creíamos, habíamos nacido el uno para el otro, no me parece nada raro que hayamos muerto del mismo modo.
Supe que el chofer del auto aquella noche se salvó, pero según dicen, unos años después murió en otro accidente, aparentemente, en esa oportunidad el “estado” que apreció fue el de embriaguez. Iba solo. Y de un golpe seco de su cabeza contra el espejo retrovisor fue a parar al fondo de una tumba que queda cerca de este lugar.
“Este lugar”… vaya si nos costó conseguirlo. Como muertos recién estrenados que éramos, mucho fue los que nos esforzamos, nos desmorimos ahorrando peso a peso durante interminables años para pagar el crédito que nos permitió seguir muriendo cómodamente en esta bóveda. Siempre signados por los lineamientos que define una sociedad de, y para los muertos.
Luego intentamos alcanzar un alto estilo de muerte como nos habíamos propuesto, pero como tantos otros, nunca lo conseguimos. Recuerdo cuando, por separado, cada uno tenía su vida y en ese tiempo era impensado ahorrar para invertir en estilismos.
Con el paso del tiempo, poco a poco comencé a sentir este encierro. Nuestra muerte cotidiana se tornaba cada vez más rutinaria. Ella no me hablaba ni yo tampoco a ella, la mayor parte del tiempo la pasábamos dentro de nuestro panteón, solo alguna veces, de cuando en cuando, íbamos de visita a los nichos de otros cadáveres con los cuales lo único que teníamos en común era la cesación de nuestras vidas.
Siempre dentro del cementerio.
Las noches eran interminablemente largas pero a esta altura ya dormíamos en féretros separados, lo que implicaba que llevábamos, lo que se dice, una verdadera muerte sexual intensa. Yo, con las ventajas del rigor mortis concentradas en mis músculos más íntimos y ella con su interior seco, tan característico de toda aquella mujer que ya no tiene vida. Cualquier intento resultaba en vano sin la presencia de esa tibia y perfumada humedad que sólo un corazón latiendo es capaz de hacer fluir.
Como de otra forma hubiese sido imposible que suceda, al tiempo, fue el cielo quien se encargó de enviarnos a dos lúdicos angelitos de la guarda, con la injusta misión de ser la última opción de conservar algo entre nosotros, algo que a esta altura ya era inconservable.
Ahora nuestra bóveda esta llena de tierra y se fue cubriendo de telarañas…ya no traigo flores y las únicas visitas que recibimos son cuñadas y suegros que vienen a contarnos de sus muertes. A veces, voy a charlar con los que están en las tumbas comunes, los que por causa o destino terminaron solos en un ataúd, como el chofer del coche. Ellos están muertos como yo, pero suelen ser algo más sabios por el sólo hecho que vivieron más tiempo, murieron sí, pero más viejos. Y me hacen reflexionar…
Siempre fui muy creyente, y no creo que Dios me haya enviado al infierno, pienso esto porque toda mi vida cumplí obedientemente con su mandato divino, acepté las reglas y el destino que Él había marcado para mí, sin embargo, no se por qué estoy acá…
Ya no tolero este encierro, me siento cansado de saber que estoy rodeado de aire y no lo puedo respirar.
Millones de personas sospechan que hay vida después de la muerte. Yo, tengo la firme certeza que la hay. Mañana mismo le pido el divorcio a mi mujer.
Mi conciencia estará en paz con Dios y con la iglesia, ya que cuando aquel sábado en el altar juré honrarla, amarla y respetarla, fue sólo hasta que la muerte nos separe.





***Si te pareció interesante este post, no olvides pasarlo a tus contactos de tweeter y facebook utilizando los botones de arriba***



viernes, 18 de junio de 2010

La Flor más Grande del Mundo - José Saramago-



"El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración... El objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje."

-José Saramago-




Hoy, lamentablemente, le tocó poner punto final a quien tantas y tan buenas cosas nos supo decir entre incontables comas. Hoy dejó de experimentar la experiencia el bueno de José Saramago, y vaya forma de experimentarla, entre la lucidez y la ceguera.
Si el sueño del dios cristiano no fuese más que eso, un sueño, seguramente mientras escribo estas palabras, el altísimo le estaría dejando la marca de su propio Caín en la nuca, bajándolo de un librazo al subsuelo.
Los que tenemos otros tipos de sueños, los posibles, bien sabemos que mañana estará literalmente sembrando la tierra y literariamente, como en todo este tiempo, seguirá sembrando cerebros para que nazcan nuevas ideas.
Saramago a partir de hoy es un conjunto de memes, sirvan de vehículo mi cabeza y este espacio para que se sigan replicando, por más que en algunos de ellos, en lo personal, sigo estando en desacuerdo.
Por eso, a manera de homenaje, agradecimiento, o lo que sea, les dejo este corto narrado por él mismo, ya que ilustra de manera inmejorablemente entrañable esta idea.



Saludos

Juan Carlos







***Si te pareció interesante este post, no olvides pasarlo a tus contactos de tweeter y facebook utilizando los botones de arriba***




martes, 29 de diciembre de 2009

Los primeros destellos en la vida de un Bright. Una historia personal -Juan carlos Alonso-


"Pero si me dieran a elegir entre todas las vidas yo escojo la del pirata cojo con pata de palo, con parche en el ojo con cara de malo, el viejo trhán capitán de un barco que tuviera por bandera un par de tibias y una calavera"

-Joaquín Sabina-


Como un dios en edad de jugar


Ya casi con un piecito en un nuevo año que comienza y, como es común para esta época, algo distendido, voy a dedicar mi último post del año a retomar el tema de los primeros signos que en mi infancia empezaban a marcar un camino que me condujo a lo que hoy resulté ser en lo que respecta a la cuestión cultural. En publicaciones anteriores (parte I y parte II) del mismo título abordé el aspecto religioso, ahora es turno de la fantasía y la imaginación…que no sólo de no creer en dios se hace un bright. Como bien dice Carl Sagan: Necesitamos escepticismo e imaginación, la imaginación nos llevará a menudo a mundos que no existieron nunca, pero sin ella no podemos llegar a ninguna parte, el escepticismo nos permite distinguir la fantasía de la realidad.
Lo primero que hoy en retrospectiva puede llegar a llamarme la atención de mis primeros años fue una época en que, contando con siete u ocho y sin saber bien por qué, la imaginación cobró protagonismo en mi hora lúdica (podría decir cariñosamente que me agarró un ataque de “bo-ludismo” ). La cuestión es que repentinamente dejé de jugar con mis juguetes, (que no eran pocos ni carecían de sofisticación) y hacía lo siguiente: llenaba el suelo de mi habitación con las sábanas, colchas y almohadas simulando montañas o ríos, luego agarraba cualquier tipo de elementos que no fueran juguetes y según su morfología les adjudicaba una determinada función, por ejemplo un encendedor era un dragón, una tijera era un cocodrilo, una bandeja el barco y así con cada elemento que encontraba. Es como que sentía cierto placer y preferencia por imaginar no sólo las situaciones, como es habitual en los juegos, sino también las escenografías y los personajes. Recuerdo que esta práctica la repetí sistemáticamente durante varios meses hasta que los juegos cambiaron.
Recuerdo, como si fuera ayer -cómo olvidarlo- que hasta en mi primera incursión en el sexo opuesto (debo aclarar que me refiero a incursión sólo en carácter de reconocimiento visual) tuve que recurrir a la imaginación. Bajo ningún concepto podía recurrir al trillado truco de proponerle a la niña en cuestión jugar al doctor, mi intuición masculina me decía que si lo hacía, ella iba a saber mis oscuras pero tan claras intenciones y huiría despavorida, así es que en el medio del patio me inventé el juego del circo, éste consistía en que cada uno por turnos iba mostrando sus habilidades hasta que luego de varias demostraciones payasescas ambos terminábamos mostrando nuestras respectivas debilidades. Resultado óptimo. Misterio develado.
Unos años más tarde se presentó otra situación que seguramente de alguna manera se puede advertir cierta reflexión en el presente. Se aproximaba el carnaval y era la primera vez que me iba a disfrazar. Esto, por más que lo parezca, no es un tema menor ya que a esa edad elegir un disfraz dice
mucho sobre la fantasía de lo que uno quiere ser. Bueno ahí estoy en la foto, no hay mucho que agregar. El trajecito tiene un toque demasiado maternal como para pertenecer a un auténtico pirata y de la cara o la actitud, mejor ni hablar…Lo cierto es que hoy, aunque conservo ambos ojos y todas las extremidades, puedo decir que me gusta el ron, no tengo un amor en cada puerto pero si alguna historia en muchos de ellos y, sobre todo, navego a bordo de este Replicador de Sueños que como bien lo especifica en su mensaje de bienvenida, se trata de un barco medio escuela y medio pirata, quien lo conozca ya sabe muy bien por qué.
Ahora me gustaría repasar algunos de los programas de TV que también en cierta medida a través del entretenimiento influyeron en algún modo, bueno aparte del éxtasis visual que representó para mí la primera vez que vi la película Fantasía de Walt Disney en el cine. Solía ver en la pantalla chica programas tales como La Pantera rosa y el inspector con su despreocupado andar y su cinismo clásico, Los tres chiflados para poner un poco de acción a fuerza de cachetadas, El show de Pepe Biondi que tenía un estilo similar pero a nivel nacional, el humor genial del chavo del ocho, etc. Todos estos programas, aún hoy vigentes, cada vez que tengo tiempo y los están pasando confieso que me detengo a mirarlos un rato y me divierten prácticamente de la misma manera que en aquellos años.
Hubo una serie de dibujos que también me provocó curiosidad que más adelante me llevaría a mejores puertos, la cual, a manera de rescate emotivo y de sorpresa les dejo el video de la presentación al final del post para ver quién lo recuerda.

También miré fascinado una serie completa de dibujos japoneses que se llamaba El capitán Raimar o Harlock que, oh casualidad, era la historia de un pirata del espacio que deambulaba por el universo con su nave espacial Arcadia. Esta serie resultó ser el nexo con la lectura que me llevó a comprar uno a uno los fascículos de una enciclopedia muy buena que se llamaba Fantaciencia dedicada a la ciencia ficción, hasta ese momento mi lectura anterior pasaba por los libros del colegio y una colección de cuentos rusos para niños que aún no se exactamente de donde habían salido. Esto inevitablemente me indujo a tomarme la ciencia ficción más en serio y puntualmente a pedir mi primer libro de Asimov que se llamaba Fundación, luego Segunda fundación, Fundación e imperio y más adelante las Crónicas marcianas de Bradbury. Fue la suma cronológica de todo esto lo que potenció mi imaginación de una manera vertiginosa. Tenía unos once años, era más o menos para la misma época en que yo, como conté anteriormente, empecé a descreer de la religión que me habían enseñado, fue en esos días en que una noche me subí a la terraza y empecé a mirar el cielo. Hasta este punto la fantasía era una realidad lógica de mi infancia, pero luego todo iba a cambiar, seguramente el año próximo completaré esta historia con el fin de mi niñez. A propósito les deseo de todo cortex que ojalá el año que entra les resulte de lo mejor.
Les dejo el video anunciado y no se emocionen que son Los Parchís, bueno aunque sea la música es de Ludwig Van Beethoven… Nunca entendí muy bien a qué señor se refería exactamente ni a qué dragón…en fin, disculpen la calidad, es lo único que había.

Saludos

Juan Carlos





Blogalaxia Tags:

viernes, 20 de noviembre de 2009

Un cuento corto.Que la inconciencia te valga -Juan Carlos Alonso-

"Hoy continué domesticando la razón, llena de asombro ante el día sucedido. Proyecto un rápido boceto de la acción, trazo versiones que capturo del olvido."

-Silvio Rodríguez-


Que la inconciencia te valga



Ayer a las 06:30, como cada mañana, sonó el despertador. José María saltó automáticamente de su cama y se metió en el baño. Medio dormido se lavó los dientes, se duchó, y al afeitarse, sin querer, se cortó levemente en el mentón. Al salir se sintió renovado y algo más despierto, se vistió con la camisa y el pantalón que siempre usa los viernes de “casual”. Para cuando se sentó a desayunar el café con leche y las tres medialunas, el cortecito de su mentón ya había cicatrizado. Miró las noticias en la televisión, grabando en detalle dentro de su cabeza cada desgracia sucedida, para poder reproducirlas más tarde en la oficina. Al terminar el desayuno, puso la taza, la cucharita y el plato para lavar en la pileta, se sacudió las migas de la ropa, y al escuchar el pronóstico del tiempo advirtió que eran las 07:40, hora de echar un vistazo al dormitorio, constatar que su mujer dormía, poner en marcha el auto y salir para le trabajo.
Como el camino habitual estaba cortado por uno de esos imprevistos que suceden casi todos los días, optó por tomar el itinerario alternativo de costumbre y, sin mayor demora de la esperada, llegó prácticamente a horario. Se sentó en el sillón de su oficina y mecánicamente se puso a hacer sus tareas en el ordenador sin sobresaltos. Más tarde, una sensación de vacío en el estómago le hizo mirar el reloj y verificar que ya eran puntualmente la una, hora de salir a almorzar. Hacia allá se dirigió.
Los mismos cuatro de cada mediodía se sentaron ocupando la mesa junto a la ventana del restaurante, esta vez, a diferencia de los otros días, el mozo, trajo cuatro menús del día (del día viernes). Mientras comían intercambiaron la información recibida durante la mañana de distintas fuentes, dos sostenían que la culpa de las desgracias eran del gobierno y dos que éste no tenía responsabilidad alguna. Cuando notaron que la discusión caía en la redundancia y no conducía a nada, optaron por cambiar de tema y se dispusieron a hablar de fútbol. Dos fanáticos de boca y dos de river, inevitablemente a los pocos minutos, la pasión se adueñó de sus discursos, las pulsaciones repentinamente se aceleraron y las venas empezaron a formar un marcado relieve en la sien de los acalorados oradores. Ahora sí, la discusión tomaba un rumbo, iba directo a las trompadas, así es que para evitar tal desenlace, mientras intercambiaban insultos, decidieron pedir la cuenta y volver cada uno a sus puestos de trabajo, de todos modos, ya era la hora de hacerlo.
José María se sentó en el sillón de su oficina y con el mismo mecanicismo de antes retomó sus tareas en el ordenador, esta vez, con un par de sobresaltos. Una sensación de lleno en el estómago le hizo mirar la puerta del baño y cotejar que estaba desocupado. Hora de dirigirse hacia allí, lo hizo de manera algo apresurada. A su regreso notó la presencia sumamente inesperada de la chica que traía los insumos de librería, ya que siempre viene los lunes… Otra vez con ese escote y la falda tan corta, otra vez con esa actitud provocativa, causándole una incontrolable respiración agitada y un sudor frío que empapaba su frente. Otra vez él le propuso lo mismo de siempre, recibiendo, para variar, otra vez una negativa como respuesta. Ofuscado, continuó trabajando.
Horas más tarde, al ver pasar al empleado del bar con el té, sin limón, para la oficina del jefe, miró el reloj y comprobó que eran las 18:30. Otro día había finalizado, apagó la máquina, tomó sus cosas, saludó a cada uno de sus compañeros, abrió la puerta y se fue de la oficina.
De regreso a casa, mientras manejaba, en un primer momento se sintió extraño, algo disperso, al instante y sin saber por qué, se le anudó la garganta y lo invadió una sensación de angustia. Sin pensarlo demasiado estacionó el auto y se metió en la iglesia que estaba de paso, a la que suele acudir los domingos. Se arrodilló sobre un banco de madera, cerró con fuerza los ojos y se puso a rezar. Pidió por el bienestar de su matrimonio, pidió por conservar su trabajo, por la salud de su familia y también por la propia. Luego se persignó y se retiró un tanto más aliviado sin entender demasiado que es lo que le había pasado.
Se subió nuevamente al coche y finalmente llegó a casa, saludó con un beso a María José que lo recibió con gesto serio, y miraron juntos el programa de entretenimientos mientras cenaban. En los comerciales, aprovechaban y compartían una mínima charla de lo ocurrido en el día de cada uno, no de todo, claro está. Luego de la cena, tomaron el café que no logró espabilarlos demasiado de la somnolencia que les dejó la jornada y se fueron a la cama sin lavar los platos.
Mientras María José se quitaba el esmalte de la uñas en su lado de la cama, José María tomó sus ansiolíticos, hundió la cabeza en su almohada y se durmió profundamente.
Soñó con escotes y cortas faldas que caían y también volvió a soñar su sueño recurrente en el que él mismo caía en un vacío interminable, hasta que por fin abrió los ojos repentinamente y, bañado en sudor, se sentó en la cama, estaba exaltado y se asustó aún más cuando se encontró con la imagen de su esposa sentada frente a él, con una expresión desdibujada en el rostro, como si estuviera extremadamente fuera de sí. En su mano derecha sostenía con esfuerzo la 357 que él tenía guardada en la mesa de luz para prevenirse de inseguridades externas. Ella dijo de forma algo ininteligible pero con firmeza en la voz:
-¡Estás perdido mi amor! ¡Sé qué te hizo esa mujer al salir del trabajo, se están amando! mientras le apuntaba con el arma directo a la cabeza.
Él estaba pasmado y con los músculos contraídos quedó inmóvil, sólo alcanzo a balbucear instintivamente:
-¡Te juro que no hice absolutamente nada con esa chica, querida! ¡Razoná por favor te lo pido!
¿Sos conciente de lo que estás haciendo?
Ella respondió con frialdad:
-Que la inconciencia de valga. Y apretó el gatillo.
José María sintió un agudo dolor en la cabeza mientras ésta se desplomaba sobre la almohada.
Aún tenía los ojos abiertos cuando despertó confundido y la vio a su mujer sentada frente a él apuntándole con el teléfono inalámbrico mientras con voz enérgica le decía:
-¡Estás dormido mi amor! ¡Se te hizo tarde para ir al trabajo, te están llamando…!
¿Qué? ¿Pero… qué hora es? Tomó el teléfono, desconcertado y del otro lado de la línea escuchó el monótono sonido de ocupado.
María José, sonriendo irónicamente, le repitió:
Que la inocencia te valga, hoy es 28 de diciembre… ¡y es sábado!
Así que apurate a vestirte que mamá se pone de mal humor cada sábado que llegamos tarde para la hora del almuerzo. Los dos se prepararon sin hablar de lo ocurrido, se subieron al auto y se fueron.
Hoy a la noche, cerca de las 21.30 ingresaron al hospital tras haber sufrido el accidente de regreso a casa, ahora están en terapia intensiva y ambos presentan un cuadro severo con pérdida total de la conciencia.
Sólo yo se que José María no vio el cambio de semáforo, cegado por la ira que derivó de los gritos de María José, cuando al principio de la pelea, ella le había cuestionado a qué se refería exactamente cuando en la mañana él, entre dormido, le juró que con una tal chica, no había hecho absolutamente nada.
- Fin -

Como habrán notado hoy para introducir una variante, en lugar de expresar una reflexión relacionada con el video que pueden ver a continuación, preferí escribir un cuento. Se trata de una sencilla historia que no pretende ser demasiado original, ni mucho menos estar bien escrita. Su intención es sólo remarcar de manera un poco sobrecargada en actitudes, aunque para algunos casos no lo sean tanto, la forma en que el incociente se apodera de estos desdichados personajes, principalmente el de él, desde las reacciones inconscientes que expresa a través de su cuerpo, pasando por las situaciones instintivas, hasta que llegan a controlar tambien la mayoría de sus actividades cotidianas, en su tabajo ,en la iglesia o en su casa, casi sin dejar lugar a alguna situación en el transcurso del día donde se manifieste una toma de conciencia.

Me resulta muy interesante notar como actúa nuestro inconsciente a la hora de crear rutinas que nos brinden seguridades, así como cuando tambien advertimos de qué manera, a veces, delata nuestras verdaderas intenciones. Seguramente más adelante abordaremos nuevamente el tema, de momento, los invito a ver este programa de Redes, titulado El experto y sabio inconsciente donde su conductor, Eduard Punset, entrevista al psicólogo John Bragh que nos brinda alguna pistas sobre este aspecto de nuestro siempre sorprendente cerebro.

saludos!

Juan Carlos




Blogalaxia Tags:

martes, 6 de octubre de 2009

Los Primeros Destellos de un Bright. Una Historia Personal. Parte II -Juan Carlos Alonso-

"Suele la vida tener altas y bajas, y uno los acomoda según su comunión, si pude haberte dicho tanta cosa falsa será porque tu ambiguo corazón lo permitió."

-Amaury Pérez-


Una experiencia religiograciosa


Continúo con el relato que narra los primeros contactos que tuve con la cuestión religiosa durante mi infancia, los mismos que más tarde, analizados en retrospectiva, veo como claros signos que anunciarían lo que iba a derivar en, primero, mi descreencia en la iglesia y posteriormente mi descreencia de dios.
Me gustaría aclarar que no hice mención en el post anterior de mi primera experiencia religiosa, la cual fue través del bautismo, por razones mucho más que obvias (tenía mollera en lugar de cráneo). Lo único que puedo decir con relación al tema es que unos años más tarde tenía la extravagante idea que si tomabas un trago de agua bendita te morías. No sé, imaginaba que estaba sometida a un proceso especial, que beberla resultaba prohibitivo, era todo tan sagrado, infundía tanto respeto, por no decir miedo, que tenía sin fundamentación alguna, esa impresión. Cuando averigüé que el proceso al cual estaba sometida el agua para convertirse en bendita era un simple movimiento de moléculas de aire empujadas por las palabras de un tipo con “autoridad” para hacerlo, reconozco que me causó gracia haber sido tan ingenuo.
Bueno, aclarado esto, hacia los bebestibles está dirigida la segunda instancia de mi cuento religioso.
Mi mamá es de creencia católica y siempre tuvo la devota costumbre de, entre otras fechas eclesiásticas, concurrir a determinada iglesia para la pascua. Una noche de sábado de resurrección, contando yo con unos siete u ocho años de vida, me preguntó si quería acompañarla a la misa y yo sin dudarlo demasiado accedí. Como habíamos llegado algo temprano, para hacer tiempo me llevó a Sofía, que era una pizzería que quedaba a la vuelta de la iglesia. Este lugar tenía la particularidad de contar con una carta donde ofrecían una gran variedad de cocktails. Entre esa variedad, había muchos sin alcohol para los chicos. Todos muy coloridos y con nombres atractivos para uno. Mi preferido se llamaba Topo Giggio (nombre de un personaje de un programa infantil de televisión). Yo, a partir de ese momento quedé fascinado con ese lugar y fue esa misma noche que iniciamos un acuerdo implícito de mutua extorsión con mi santa madre, a la hora de concurrir a la iglesia para esas fechas. Como la misa sinceramente me había resultado algo bastante aburrido, quedamos en que yo la acompañaba a la iglesia si ella me llevaba a Sofía a la vez que ella me llevaba a Sofía si yo iba a la iglesia. Trato hecho. Durante los siguientes tres años consecutivos lo celebramos sistemáticamente.
Tal vez aporte algo a la historia, a manera anecdótica, aclarar que veinte años después terminé haciendo, por hobby, un curso de bartender en el que aprendí a hacer tragos igual de coloridos, pero nada recomendables para esos locos bajitos, que si los prueban, es difícil que se incorporen.(Por citar al bueno de Serrat).
Este acuerdo tácito, tan inocente como extorsivo, fue el preámbulo ideal para relatar el siguiente tramo de mi historia que podría definirlo como la auténtica farsa que resultó mi primera comunión.
Cumplida ya la primera década es cuando en uno comienza a manifestarse de manera algo más conciente esa aún ingenua, pero evidente, curiosidad por el sexo opuesto, curiosidad que muchos chicos suelen renegar, ante terceros, por una simple cuestión de vergüenza.
Yo me había hecho de una nueva amiga que vivía a mitad de cuadra, una guapita que me tenía algo cautivado, lo que no recuerdo bien es cómo era su nombre, María…algo, creo.
Una tarde me contó, emocionada, que en unos meses iba a tomar su primera comunión y festejar luego con su correspondiente fiesta. Suficiente motivo para que yo corra presuroso a tironearle la pollera a mi mamá. Mamá, mamá quiero tomar la comunión!! Ella, con buena predisposición hizo las averiguaciones pertinentes y luego me comunicó la desalentadora noticia, la cual me cayó como un balde de agua fría: Para tomar la comunión había que cursar dos años de catecismo.¿Dos años? Definitivamente no era viable. Primero, que por mucho, no me daba el tiempo para tomarla junto con mi vecinita, y segundo que si me hubiera dado el tiempo, la verdad es que no lo hubiera hechoal tener que pagar un costo tan alto por ello. Fue entonces cuando ocurrió el “milagro”. ¿Se trataría de uno de esos tan mencionados caminos misteriosos que utiliza el señor y que las personas gustan de aprovechar para justificar absolutamente cualquier cosa que ocurra? Lo que pasó puntualmente es que por esos días, cuando yo ya había dado todo por perdido, retornó al barrio un cura bastante respetado y querido por los vecinos. Él venía de haber trabajado durante unos años en un leprosario del norte del país. Aparentemente estaría más allá del bien y del mal en las cuestiones burocráticas, porque cuando a través de mi mamá, me citó para hablar conmigo, la conversación fue la siguiente:
-¿Por qué querés tomar la comunión?
Antes que empiece a decir cualquier cosa (como tenía planeado según el discurso oficial)
Me miró fijo y me dijo con tono bondadoso pero firme - La verdad.
- Porque mi vecina la va a tomar y yo también quiero.
- ¿Vos crees en Dios?
- Sí.
- ¿Sabés el padre nuestro?
- Sí.
- Bueno, vamos a hacer una cosa, vos estudiate el credo y el rosario que yo te confieso y te doy la comunión, quedate tranquilo que por este tipo “trampitas” dios no se enoja.
Alegría. Trato hecho otra vez. Al tiempo y sin mayor esfuerzo tomé la primera comunión con mi amiguita y luego celebramos una fiesta conjunta en mi casa. Toda una completa farsa religiosa. Aunque la ansiada relación no pasó de un único beso que llegó unos días después, al menos, mi objetivo estaba cumplido.
Algunos podrán ver hoy la actitud del cura como un hecho altruista, después de haber vivido tanta desgracia entre los enfermos de lepra, un arreglo como este sería un tema menor, sin embargo yo no dejo de verlo como una trampa, a cualquier precio, para reclutar inocentes criaturas. Por más que yo no haya sido tan inocente y haya sido partícipe, por la inutilidad del hecho, admito que no me arrepiento en lo más mínimo.
Ah un detalle que olvidaba, el nombre del cura era Padre Argentino. Cualquier suspicacia idiosincrásica que esto pueda llegar a despertar, la acepto sin problemas. Cura, argentino y tramposo. No hay mucho más que agregar.
Con el pseudo sacramento ya consumado, durante ese año y el siguiente hice un par de intentos de leer la biblia, pero estos resultaron infructuosos, no llegué ni a la mitad. En un comienzo por desinterés y luego porque este librito fue reemplazado automáticamente, ni bien cayó en mis manos, por una bendita causalidad, el Fundación de Isaac Asimov. En ese momento me di cuenta que prefería leer una ficción realista a una realidad ficticia. Inmediatamente, a los doce, mi mamá me compró el Cosmos de Carl Sagan, porque me había cautivado la serie televisiva. A partir de ahí mi cabeza empezó a funcionar de otra manera y paulatinamente, encontrando cada vez más sólidos fundamentos, la cuestión religiosa fue perdiendo argumentación y ya nunca más hubo retorno.
Me resulta relevante contar, porque no siempre fui un embustero, que unos años más tarde se me presentó la oportunidad de blanquear el tema y confirmar definitivamente mi irreligiosidad
¿Ante dios? Obviamente que no, necesitaba celebrar mi propia auto excomunión Durante la instrucción del servicio militar obligatorio, quienes la hayan hecho sabrán lo duro que resultan los primeros meses, tanto en lo físico como en lo psicológico. En esta etapa nos daban la posibilidad de tomar el sacramento de confirmación y como resultaba lógico la mayoría de mis compañeros, sean éstos creyentes o no, asistían sin dudarlo al curso previo, ya que esto representaba una manera justificada de evadirse unas cuantas horas a la semana de los ejercicios forzados, insultos gratuitos o trabajos desagradables. Ahí, luego de pensarlo un instante, fue que dije no. Basta de mentiras, y al no asistir creo que saldé una cuenta que me debía a mí mismo.
Y así es como se acaba el cuento de mi historia espiritual, definitivamente una experiencia entre religiosa y graciosa.
Lo único que me resta decir, que me parece realmente importante es que le estoy muy agradecido a mis padres, sobre todo a mi mamá (o santa madre como a veces la llamo) porque siempre, pero más que nada cuando era chico, que es la edad más vulnerable, respetaron mi postura y me dieron la libertad de elegir pensar lo que yo quiera, sin intentar siquiera inculcarme alguna ideología a la fuerza. Esto, al ver alrededor experiencias ajenas, para mí es de un valor incalculable.

Saludos!!


Foto: evidencia gráfica de un servidor en plena farsa

Juan Carlos