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jueves, 28 de octubre de 2010

Adarme Divulgación -Susan Blackmore-




"Porque ha pasado que historia se convierte en palabras,
ha pasado que el mundo se convierte en palabras,
ha pasado que todo se convierte en palabras,
palabras, palabras, palabras a granel."

-Silvio Rodríguez-




Hoy les traemos en ésta, nuestra sección Adarme divulgación, el fragmento del excelente libro de Susan Blackmore, que se complementa con el publicado anteriormente ¿Por qué no podemos dejar de pensar? tal cual nos habíamos comprometido. Espero sirva para discernir estas cuestiones.
Sludos
Juan Carlos



¿POR QUÉ HABLAMOS TANTO?


Hablar tanto cuesta energía, mucha energía. Para pensar hay que gastar energía pero para hablar, todavía se necesita más. Durante un acto de habla (lo que incluye escuchar y comprender), hay que activar varias áreas del cerebro y, además, la propia producción de sonidos también constituye un dispendio. Pensemos por ejemplo en alguna ocasión en que hayamos estado enfermos, lo costoso que representa ponerse a hablar. Es posible que, tumbados en la cama de un hospital, no nos cueste demasiado pensar pero en cuanto el personal sanitario empieza a hacernos preguntas, sólo atinamos a responder con débiles monosílabos. Más adelante, con la recuperación llegan los ánimos, las sonrisas y la conversación intrascendentes sobre la comida que recibimos o los planes que tenemos para cuando nos den el alta.
Un aficionado a la alta fidelidad sabe bien cuánta energía se precisa para tener unos buenos amplificadores conectados al equipo de música y lo caro que resulta un sistema de sonido de alta calidad y volumen.
Por otra parte, si se dispone únicamente de un aparato de radio de poca monta con control analógico, es necesario dar muchas vueltas al dial para mantener un volumen y una sintonía ajustados, con lo cual se consume mucha energía.
Este enorme dispendio de energía es bastante chocante. Los humanos debemos trabajar mucho para costearnos toda la energía que consumimos y, por otro lado, una utilización racional de la energía representa un factor crítico de supervivencia. Si podemos componérnoslas para gasta menos energía que el vecino, es muy probable que en épocas de restricción sepamos apañarnos mejor que él ya sea para encontrar alimentos que escasean o para aparearnos con el candidato más solicitado y, a la sazón, trasmitir nuestros genes. Así las cosas, ¿Por qué la evolución habrá producido unas criaturas que hablan en cuanto tienen la oportunidad?
Se me ocurren varias respuestas. Para empezar, es posible que a fin de cuentas exista una explicación biológica coherente. Hablar puede tener una función importante que desconozco. Quizás sirva para consolidar relaciones sociales o para intercambiar informaciones útiles. Más adelante me dedicaré a pensar en ello.
En segundo lugar, los sociobiólogos podrían argumentar que con la evolución del lenguaje, la cultura se ha descarriado si quiera temporalmente y que el aspecto cultural del habla ha alcanzado unos límites algo insólitos. Sin embargo, si el acto de hablar significa realmente un desgaste de valiosa energía, quiere decirse que los genes de las personas que más hablan serán menos efectivos y, a la larga, recobrarán el control perdido.
En tercer lugar, uno psicólogo evolutivo podría argumentar que todos estos actos de habla representaron una ventaja para nuestros antepasados y que ahora debemos aceptar las cosas como están aunque ya no nos reporten beneficio alguno. De ser así, deberíamos buscar los orígenes en la biografía de nuestros primeros cazadores/ recolectores.
El nexo común de todas estas sugerencias es que todas se refieren a la ventaja genética para encontrar una explicación. La memética enfoca la cuestión de forma radicalmente distinta. En lugar de buscar las ventajas que puede aportar el habla a la genética, su objeto es descubrir los beneficios que representa para la memética. La respuesta es evidente: Hablar propaga memes. Dicho de otra manera, si hablamos tanto no es para beneficiar a nuestros genes sino para propagar nuestros memes.
Analizaremos en detalle tres de las diversas formas de las que sirve la memética para ejercer presión sobre el cerebro humano y así mantenernos en el uso del habla.
En primer lugar, puesto que el acto de hablar es una forma segura de propagación de memes, (en general) se copiarán más a menudo los que se trasmiten mediante el habla. Se trata del tipo de meme que hará crecer el fondo memético y que acabará pro hacernos hablar a todos abundantemente. Este argumento es similar al que utilicé anteriormente al referirme al hábito de pensar y la teoría de las malas hierbas. El silencio es como un hermoso parterre cuyas flores adornan brevemente el césped pero que pronto se ve invadido por las malas hierbas. Un ser humano silencioso es una máquina reproductora en ciernes, que sólo espera ser puesta en marcha. El cerebro humano está repleto de ideas, de recuerdos y de pensamientos que buscan ser compartidos y de acciones por ejecutar; el ámbito social está lleno de nuevos memes que se crean, se propagan y compiten para ser adoptados y posteriormente trasmitidos. No obstante, el ser humano es incapaz de hablar todos los memes disponibles y la competencia es muy fuerte para los memes que buscan aposentarse en nuestras cuerdas vocales, de la misma manera que las malas hierbas compiten con las flores. Es tan difícil guardar silencio como arrancar malas hierbas.
¿Qué memes ganarán la competición y se instalaran en nuestras voces? Quizás encontremos respuestas en nuestro familiar postulado: Imaginemos un mundo lleno de cerebros, con muchos más memes de los que puedan encontrar alojamiento. ¿Qué memes tienen más probabilidades de conseguir un hogar seguro y de reproducirse?
Ciertos memes se dicen muy fácilmente o bien son muy persuasivos y se trasmiten con soltura. Me refiero por ejemplo a noticias escandalosas, cotilleos, historias de terror, noticias agradables e instrucciones útiles. Se trata de memes que están diciendo:
<< ¡Transmíteme!>>, por razones tanto biológicas como psicológicas. Es probable que se relacionen con temas sexuales, de cohesión social, de impacto o de seguridad.
También cabe la posibilidad de que la sociedad los transmita por mor de conformar con las normas, de ser más aceptada o de compartir sorpresas y lágrimas con sus congéneres. Cabe que la información transferida sea de un interés genuino para el receptor. Sin lugar a dudas disponemos de los elementos para analizar todos estos motivos (que es justamente el trabajo que efectúan los psicólogos), pero esta no es la tarea que ocupa mi argumento memético actual y por esa razón descarto su estudio. Se trata de establecer que tenemos muchas menos probabilidades de transmitir una noticia sobre el estado de salud de los rosales del jardín del vecino, que un rumor sobre lo que estaba haciendo detrás de ellos. Los memes del tipo ¡Transmíteme! Son, en efecto, muy transmisibles y los seres humanos tendemos a infectarnos de ellos.
En 1997, la noticia de que la princesa Diana de Gales había muerto se transmitió a la velocidad del rayo por todo el mundo cuando sólo hace unos minutos que se había anunciado. Todos y cada uno nos apresuramos a comunicárselo a alguien que aún no lo sabía. Yo también lo hice. Recuerdo encender la radio y, en lugar del programa normal, el boletín de noticias no hacía otra cosa que reiterar aquel suceso y, naturalmente, hice unas llamadas telefónicas. Después me sentí algo ridícula por pasar el parte a mis familiares sobre un tema que, en principio, nunca me había interesado demasiado. Pero la muerte de Diana pertenecía a ese tipo de noticias y se esparció como el virus más contagioso y, en pocas semanas, la reputación de la princesa se convertía en algo rayano a la santidad y miles de seguidores se apuntaron a su culto (Mariden, 1997). Pocos meses más tarde se habían donado millones de libras esterlinas destinadas a una fundación en su recuerdo y otros tantos millones se ganaron al vender su reparada imagen. Pocos memes pueden preciarse de ser tan potentes como los de este caso singular, pero el principio detrás del fenómeno es bastante general. Cierto tipo de noticia circula mejor que otras. Se trata de las que se relacionan con eventos que despiertan el interés de la sociedad y que, además, se quieren comunicar cuando se oyen. El resultado de todo ello es que la gente habla más.
Lo cual no significa que el silencio sea imposible. Simplemente, es poco frecuente y precisa de un reglamento especial para ponerlo en práctica contra la tendencia memética natural de hablar sin cesar. Estos reglamentos son evidentes en las bibliotecas, en las escuelas, en cines y teatros e incluso en ciertos medios de transporte y, aunque el público se esfuerce por obedecer, en muchos casos resulta casi imposible. El voto de silencio es tremendamente difícil de cumplir y ello se pone de manifiesto, por ejemplo, durante los retiros espirituales, por breves que sean. El meme del silencio va a contracorrientes.
Este hecho nos sugiere otra aproximación bien distinta, relacionada con la praxis y el reglamento social del habla. Comparemos una vez más dos tipos de memes. Supongamos que existen unas instrucciones que nos incitan a hablar mucho. Dichas normas pueden adoptar modalidades muy diversas; recordemos por ejemplo que el silencio prolongado ante la presencia de otros resulta embarazoso o la obligación de conversar por simples motivos de educación o para entretener a nuestros invitados. Acto seguido, imaginemos que también exigen unas normas que nos incitan al silencio porque aducen que la conversación intrascendente no tiene sentido, o porque se considera educado o incluso porque tienen valores espirituales. ¿Qué instrucciones tienen más probabilidad de prosperar? Creo que el primer grupo y que los individuos adscritos al mismo hablarán más y, con ello, sus mensajes se repetirán con mayor frecuencia, se oirán más a menudo y por ende tienen más probabilidades de ser captados por terceros.
Si mi conclusión no parece plausible a primera vista, recreemos la situación del modo siguiente: imaginemos que un centenar de personas han sido adiestrados en la conducta del primer tipo ( “deberíais ser educados y conversar con vuestros invitados”) y que otros tantos individuos han aprendido la segunda modalidad (“sólo hablará cuando se considere que la educación así lo exige”). El primer grupo hablará, porque dispone del meme necesario que le permite tomar la palabra siempre que pueda. El segundo grupo se mantendrá silencioso. Si los habladores se encuentran con habladores, hablarán. Si los callados se encuentran con callados, no hablarán. La combinación más interesante la representa el grupo de habladores cuando se encuentra ante un grupo de callados porque cabe la posibilidad de que ninguno de los dos cambie su tesitura pero, de hacerlo, se establece un desequilibrio evidente. Un hablador, hablará y, directa o indirectamente, sugerirá que se debe hablar porque las normas de educación suscitan la conversación, o porque es divertido hacerlo o incluso porque es necesario. Ante esta tesitura, es posible que el callado se decida a hablar. Sin embargo, el proceso inverso no suele suceder casi nunca. Un tipo silencioso puede musitar de vez en cuando: <<>> o incluso << ¿podría usted callarse?>>, pero hablará poco, por definición.
Precisamente por este motivo, logrará poco conversos. Es posible que los memes tan singularmente explícitos no abunden, pero existen ejemplos notables como aquel de una compañía telefónica británica cuyo slogan reza: “Hablar es bueno” o bien el antiguo proverbio” el silencio es oro”. La mimética debería ayudarnos a comprender por qué razones el lenguaje debe continuar transmitiéndose, además de enseñarnos que algunos entornos selectivos propician la implementación del infrecuente reglamento del silencio.
Finalmente, otro modo de interpretar la presión memética para incitar el habla se efectúa mediante el análisis de memes en grupo o memeplex y, a la sazón, de tipos de individuos cuya probabilidad de generarlos y transmitirlos es mayor. Los memes que prosperan en el entorno de una persona parlanchina (y que contribuye a que dicha persona sea así) son distintos de los que maneja una persona silenciosa. Por definición, la primera hablará más y, por lo tanto, dará a sus memes una mayor oportunidad de propagarse. Cuando otra persona parlanchina oiga a la anterior, recogerá sus ideas y las transmitirá, a su vez, a una tercera. La persona silenciosa habla poco y sus memes compatibles tendrán menor ocasión de propagarse, debido, a su naturaleza poco dada a explayarse. No cabe la menor duda de que las personas muy proclives a hablar pueden ser irritantes y las calladas, tremendamente fascinantes, pero ella no altera el desequilibrio básico, el resultado inevitable que dicta que los memes para hablar o los que coexisten felizmente junto a los memes que hablan, están destinados a aumentar el fondo memético a expensas de los memes de quienes callan.
Todos estos argumentos meméticos representan parte de un conjunto que aspira a desembocar en unos efectos idénticos. De ser correctos, significaría que el mismo fondo memético se va llenando de memes que fomentan el habla. Todos nos cruzamos en su camino y es por este motivo por el que hablamos tanto. No hablamos para beneficio nuestro ni porque ello nos haga más felices, aunque a veces pueda ser así, ni para el de nuestros genes. Se trata de una consecuencia ineludible de tener un cerebro que es capaz de imitar el habla.
Lo cual nos lleva directamente a nuestros dos postulados principales: Como y por qué se inició el procesos del habla en los humanos. [...]




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lunes, 7 de septiembre de 2009

Sobre el Lenguaje y el Pensamiento -Steven Pinker-


"Es mentira que nunca te he mentido, es mentira que no te mienta más ;es mentira que un bulo repetido merezca ser verdad."

-Joaquín Sabina-


Comentario: Juan Carlos Alonso

Video: Steven Pinker


Pensando en cómo decir menos mentiras


Unos meses atrás, hablando con una amiga que al parecer en ese momento estaba algo decepcionada con la gente, me comentó con actitud resignada y algo extremista que ella prefería a los animales antes que a las personas, porque ellos nunca mentían.
Ahí le expliqué que estaba equivocada, que existen muchas especies de diferentes animales que engañan (que es una forma de mentir). Algunos lo hacen por mandato genético y le suman intención, como lo son los que usan camuflaje o aquellos que imitan la apariencia física de una especie diferente para confundir a su depredador; otros sólo engañan con la intención, como las aves que dan falsas alarmas de peligro al resto de la bandada para no compartir la comida, o los insectos que depositan sus larvas en nidos de otras especies para que al nacer sean alimentadas. Le conté varios ejemplos como estos con la finalidad de aliviar un poco su decepción haciéndole comprender que la mentira no es algo exclusivo del ser humano, sino que es un mecanismo que podemos encontrar en muchos rincones del mundo natural. El tema es que nosotros con respecto al resto de los animales corremos con ventaja, contamos con una herramienta mucho mas sofisticada para estas cuestiones: el lenguaje.
¿Y qué mejor que la palabra de Steven Pinker para analizar algunos de sus aspectos?
En esta conferencia nos habla sobre la relación que existe entre el lenguaje y el pensamiento. Describiendo como es que, a veces, las palabras que elegimos comunican mucho más de lo que creemos o de lo que somos concientes. Yo, a manera de introducción, quise empezar con esa breve anécdota porque mi propósito es, en este comentario, enfocar la atención puntualmente sobre unos de los aspectos del lenguaje que, más allá que en cierto sentido nos resulta útil, su uso desmedido, desde siempre, pero sobre todo últimamente, nos está afectando bastante.
Sabemos muy bien todo lo positivo y beneficioso que nos resulta tener un lenguaje pero ¿Qué pasa cuando lo utilizamos para mentir en exceso?
No hace falta que nos sinceremos demasiado para admitir que no se puede decir siempre la verdad y generalmente aceptamos que es imposible hacerlo, sin embargo cuando eventualmente hablamos de la mentira como recurso, adquirimos un tono solemne y en nombre de la moral, no dudamos en condenarla enérgicamente, haciendo referencia a ella como si se tratara de algo ajeno a nuestra persona, como que es una cosa que sólo practican los demás.
Por otra parte, en lo cotidiano, la realidad es que nos sentimos bastante afectados cuando descubrimos que alguien nos engaña como también tendemos a buscar justificación cuando le estamos mintiendo a alguien. No es mi intención ahora profundizar sobre la cuestión moral del asunto sino analizar brevemente las implicaciones que pueden resultar si no aprovechamos el conocimiento que tenemos hoy para encontrar un equilibrio a la hora de interactuar con la mentira a través del lenguaje.
Todos los días nos topamos con engaños que se nos presentan en una amplia variedad de niveles. Estos, van desde los que aceptamos concientemente de buena gana, pudiendo resultar productivos, como es ir a ver una película de ficción al cine o un acto de magia, también cuando decimos o escuchamos decir “parecés de menos edad” o “qué bien te queda esa ropa” sin que sea cierto. Luego están las que llamamos mentiras piadosas, que son aquellas que no aceptamos tan fácilmente pero en cierta forma reconocemos que a la larga tienen su utilidad. Hasta finalmente llegar a los engaños graves que nos perjudican, como una estafa o alguna infidelidad, estos son los que terminan provocando nuestra indignación o decepción.
En la economía de la naturaleza todos estamos expuestos a ser beneficiados o perjudicados por este recurso y bien sabemos que el lenguaje es una excelente herramienta para explotarlo.
Hoy la psicología nos demuestra que el mejor mentiroso, el más hábil, es el que realmente se cree su propia mentira. Si alguien está dispuesto a mentir y no está del todo convencido, suele titubear y así corre el riesgo de que no le crean. Esto está claro. Pero entonces ¿Quien sería la mejor víctima de un engaño? ¿El incauto o distraído? ¿El ingenuo? No lo creo, todos ellos suelen ser víctimas de frecuentes engaños pero no son los “mejores”. En mi opinión la víctima ideal es aquella persona que con antelación ya cree en una mentira preestablecida y arraigada en el entorno social, ellos una vez que son engañados, no se reconocen como tal e incluso son propensos a reincidir.
Así como es una mentira afirmar que hay verdades sagradas, considero que es verdad decir que existen mentiras sagradas ¿Qué quiero decir con esto? Nada mejor que poner ejemplos: El más claro sería la creencia de que dios cumple deseos a sus fieles, alguien con “autoridad” les dijo esto y lo creyeron, todos los días lo ponen en práctica y por más que los resultados sean negativos casi siempre, lo siguen creyendo. Otras mentiras sagradas se manifiestan a través de arcaicos íconos de situaciones ideales tales como lo el carácter de incondicional que tiene el amor, la felicidad duradera o la fidelidad de una pareja para toda la vida. Cualquiera de estas cosas resultan engañosas y sin embargo mucha gente luego de haberlo comprobado, sufren y así y todo, siguen defendiendo con uñas y dientes que son ciertas para al tiempo volver otra vez a darse la cabeza contra la pared.
Otros ejemplos algo más relacionados con la dialéctica cotidiana son las clásicas mentiras de los políticos o la publicidad (y no sólo la engañosa). Sabemos que hay muchos políticos que mienten descaradamente y en muchos casos no sólo los elegimos siendo concientes de ello sino que luego de haber comprobado que mentían los reelegimos otra vez. Está tan arraigado que esto es así que ya lo tomamos como algo natural y damos por descontado que algún cambio sea factible.
La publicidad también es todo un tema, muchas veces le creemos y compramos un producto por el sólo hecho de que la agencia de publicidad tuvo uno idea original que nada tiene que ver con realzar las bondades reales del producto, o cuando recurren al viejo método de que si comes X fideos vas a ser un tipo feliz. No se es feliz por comer un plato de fideos X (bueno al menos que no hayas comido en cinco días, claro) Si están recurriendo a la felicidad para vender un plato de fideos, y así lo hacen con muchísimos productos, eso habla mucho de las necesidades que estamos teniendo, tengamos cuidado y estemos atentos a este tipo de mensajes.
Para el final quise reservarme el ejemplo de mentira que más ligado al lenguaje está, y ya desde hace algunos años muy de moda: el positivismo absurdo, ese que es promovido por los más carismáticos garúes de chamuyo (charlatanería) que convencen a cantidad de gente que con el sólo hecho de adoptar un actitud positiva el mundo se pondrá a nuestros pies. No nos dejemos engañar, está muy claro que adoptar una actitud positiva al momento de encarar un proyecto puede ser mucho mejor que hacerlo con una actitud negativa pero tampoco influye tanto como para garantizar los resultados que estos personajes predicen, claro a menos que…usted tenga en sus genes este carisma aun no manifestado y carezca de lo escrúpulos necesarios para transformarse en un nuevo gurú, en ese caso, adelante TU PUEDES!!
Lo cierto es que la mayoría de la gente que lo intenta no consigue los resultados esperados pero muchos siguen dándole su apoyo con la misma mecánica con la que funciona la fe: YO creo en mi energía positiva entonces YO puedo conseguir lo que YO quiero… y YO… y YO…Luego son los que tildan a los hombres de ciencia de arrogantes…en fin, no hay mucho más que agregar.
Todo esto es lo que me lleva a pensar que más allá que nadie está exento de ser víctima de un engaño por motivos de distracción o ingenuidad, hay muchísima gente que es propensa a que le mientan, lo demuestra claramente lo masivo del alcance de todos estos ejemplos. Para mí, es evitable y la solución está a nuestro alcance, el escepticismo es la clave, no debemos pensar, como se suele hacer erróneamente, que ser escéptico es no creer en nada o estar en contra de todo, o bien, lo que también está muy en boga últimamente, que todo el mundo conspira contra uno. No. Simplemente es no aceptar la información empaquetada sin procesarla previamente, discernir sobre los temas, basarse en las pruebas, si nos surge alguna intuición trabajemos para tratar de demostrarla.
Debemos erradicar el concepto de que ver la realidad anula lo maravilloso de la magia, porque es al revés. Si no observamos y descubrimos lo fantástico de la realidad y limitamos a la fantasía sólo a la ilusión de lo imposible, no estamos haciendo otra cosa que sumergirnos en una realidad de vacío, donde la presión de la rutina nos terminará aplastando.
Podemos ser positivos de una manera coherente, sin descartar los toques de suerte, pero tampoco ser dependientes de ellos. Contamos con una energía, claro, pero es la que se manifiesta en los impulsos eléctricos de nuestras sinapsis, hay un polo positivo y un polo negativo, necesitamos de los dos para que funcionen.
Esta sin duda es la mejor manera que tenemos de evitar ser engañados. Tengamos en cuenta que nuestro cerebro es sofisticado, pero aún no tanto como para que las cosas sucedan por el sólo hecho de desearlas, esa es de momento una presunción, por ahora no nos queda más que esforzarnos para conseguir lo que queremos.
Hoy más que nunca, en toda la historia, los que no nos especializamos tenemos el conocimiento al alcance de la mano, es una pena si no lo aprovechamos, porque las mayorías, definitivamente, influyen a la hora de tomar decisiones sobre el rumbo que queremos tomar. No olvidemos que el mundo ya está a nuestros pies, desde el momento justo en que aprendemos a caminar.
Quiero terminar con una reflexión sobre el pasaje de la conferencia en que Pinker muestra la imagen del jarrón para demostrar la analogía del funcionamiento del pensamiento y el lenguaje: Yo pienso que si podemos ver un jarrón o podemos ver dos caras, ahora que lo sabemos, aparte de eso ¿por qué no ver las dos caras del jarrón?

Ah, por cierto, si a alguien le interesa, el final de la anécdota inicial con mi amiga fue que se había enojado con todas las personas porque una vez más había sido engañada…
¿Se lo esperaban?
Si… yo también, pero al menos gracias a mi no se hizo zoofílica. Je je je
Sería constructivo que nos organicemos mejor y no nos engañemos a la hora de hablar de los engaños, pensando en cómo decir menos mentiras. Espero sus comentarios


Saludos!!


Juan Carlos


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