viernes, 20 de noviembre de 2009

Un cuento corto.Que la inconciencia te valga -Juan Carlos Alonso-

"Hoy continué domesticando la razón, llena de asombro ante el día sucedido. Proyecto un rápido boceto de la acción, trazo versiones que capturo del olvido."

-Silvio Rodríguez-


Que la inconciencia te valga



Ayer a las 06:30, como cada mañana, sonó el despertador. José María saltó automáticamente de su cama y se metió en el baño. Medio dormido se lavó los dientes, se duchó, y al afeitarse, sin querer, se cortó levemente en el mentón. Al salir se sintió renovado y algo más despierto, se vistió con la camisa y el pantalón que siempre usa los viernes de “casual”. Para cuando se sentó a desayunar el café con leche y las tres medialunas, el cortecito de su mentón ya había cicatrizado. Miró las noticias en la televisión, grabando en detalle dentro de su cabeza cada desgracia sucedida, para poder reproducirlas más tarde en la oficina. Al terminar el desayuno, puso la taza, la cucharita y el plato para lavar en la pileta, se sacudió las migas de la ropa, y al escuchar el pronóstico del tiempo advirtió que eran las 07:40, hora de echar un vistazo al dormitorio, constatar que su mujer dormía, poner en marcha el auto y salir para le trabajo.
Como el camino habitual estaba cortado por uno de esos imprevistos que suceden casi todos los días, optó por tomar el itinerario alternativo de costumbre y, sin mayor demora de la esperada, llegó prácticamente a horario. Se sentó en el sillón de su oficina y mecánicamente se puso a hacer sus tareas en el ordenador sin sobresaltos. Más tarde, una sensación de vacío en el estómago le hizo mirar el reloj y verificar que ya eran puntualmente la una, hora de salir a almorzar. Hacia allá se dirigió.
Los mismos cuatro de cada mediodía se sentaron ocupando la mesa junto a la ventana del restaurante, esta vez, a diferencia de los otros días, el mozo, trajo cuatro menús del día (del día viernes). Mientras comían intercambiaron la información recibida durante la mañana de distintas fuentes, dos sostenían que la culpa de las desgracias eran del gobierno y dos que éste no tenía responsabilidad alguna. Cuando notaron que la discusión caía en la redundancia y no conducía a nada, optaron por cambiar de tema y se dispusieron a hablar de fútbol. Dos fanáticos de boca y dos de river, inevitablemente a los pocos minutos, la pasión se adueñó de sus discursos, las pulsaciones repentinamente se aceleraron y las venas empezaron a formar un marcado relieve en la sien de los acalorados oradores. Ahora sí, la discusión tomaba un rumbo, iba directo a las trompadas, así es que para evitar tal desenlace, mientras intercambiaban insultos, decidieron pedir la cuenta y volver cada uno a sus puestos de trabajo, de todos modos, ya era la hora de hacerlo.
José María se sentó en el sillón de su oficina y con el mismo mecanicismo de antes retomó sus tareas en el ordenador, esta vez, con un par de sobresaltos. Una sensación de lleno en el estómago le hizo mirar la puerta del baño y cotejar que estaba desocupado. Hora de dirigirse hacia allí, lo hizo de manera algo apresurada. A su regreso notó la presencia sumamente inesperada de la chica que traía los insumos de librería, ya que siempre viene los lunes… Otra vez con ese escote y la falda tan corta, otra vez con esa actitud provocativa, causándole una incontrolable respiración agitada y un sudor frío que empapaba su frente. Otra vez él le propuso lo mismo de siempre, recibiendo, para variar, otra vez una negativa como respuesta. Ofuscado, continuó trabajando.
Horas más tarde, al ver pasar al empleado del bar con el té, sin limón, para la oficina del jefe, miró el reloj y comprobó que eran las 18:30. Otro día había finalizado, apagó la máquina, tomó sus cosas, saludó a cada uno de sus compañeros, abrió la puerta y se fue de la oficina.
De regreso a casa, mientras manejaba, en un primer momento se sintió extraño, algo disperso, al instante y sin saber por qué, se le anudó la garganta y lo invadió una sensación de angustia. Sin pensarlo demasiado estacionó el auto y se metió en la iglesia que estaba de paso, a la que suele acudir los domingos. Se arrodilló sobre un banco de madera, cerró con fuerza los ojos y se puso a rezar. Pidió por el bienestar de su matrimonio, pidió por conservar su trabajo, por la salud de su familia y también por la propia. Luego se persignó y se retiró un tanto más aliviado sin entender demasiado que es lo que le había pasado.
Se subió nuevamente al coche y finalmente llegó a casa, saludó con un beso a María José que lo recibió con gesto serio, y miraron juntos el programa de entretenimientos mientras cenaban. En los comerciales, aprovechaban y compartían una mínima charla de lo ocurrido en el día de cada uno, no de todo, claro está. Luego de la cena, tomaron el café que no logró espabilarlos demasiado de la somnolencia que les dejó la jornada y se fueron a la cama sin lavar los platos.
Mientras María José se quitaba el esmalte de la uñas en su lado de la cama, José María tomó sus ansiolíticos, hundió la cabeza en su almohada y se durmió profundamente.
Soñó con escotes y cortas faldas que caían y también volvió a soñar su sueño recurrente en el que él mismo caía en un vacío interminable, hasta que por fin abrió los ojos repentinamente y, bañado en sudor, se sentó en la cama, estaba exaltado y se asustó aún más cuando se encontró con la imagen de su esposa sentada frente a él, con una expresión desdibujada en el rostro, como si estuviera extremadamente fuera de sí. En su mano derecha sostenía con esfuerzo la 357 que él tenía guardada en la mesa de luz para prevenirse de inseguridades externas. Ella dijo de forma algo ininteligible pero con firmeza en la voz:
-¡Estás perdido mi amor! ¡Sé qué te hizo esa mujer al salir del trabajo, se están amando! mientras le apuntaba con el arma directo a la cabeza.
Él estaba pasmado y con los músculos contraídos quedó inmóvil, sólo alcanzo a balbucear instintivamente:
-¡Te juro que no hice absolutamente nada con esa chica, querida! ¡Razoná por favor te lo pido!
¿Sos conciente de lo que estás haciendo?
Ella respondió con frialdad:
-Que la inconciencia de valga. Y apretó el gatillo.
José María sintió un agudo dolor en la cabeza mientras ésta se desplomaba sobre la almohada.
Aún tenía los ojos abiertos cuando despertó confundido y la vio a su mujer sentada frente a él apuntándole con el teléfono inalámbrico mientras con voz enérgica le decía:
-¡Estás dormido mi amor! ¡Se te hizo tarde para ir al trabajo, te están llamando…!
¿Qué? ¿Pero… qué hora es? Tomó el teléfono, desconcertado y del otro lado de la línea escuchó el monótono sonido de ocupado.
María José, sonriendo irónicamente, le repitió:
Que la inocencia te valga, hoy es 28 de diciembre… ¡y es sábado!
Así que apurate a vestirte que mamá se pone de mal humor cada sábado que llegamos tarde para la hora del almuerzo. Los dos se prepararon sin hablar de lo ocurrido, se subieron al auto y se fueron.
Hoy a la noche, cerca de las 21.30 ingresaron al hospital tras haber sufrido el accidente de regreso a casa, ahora están en terapia intensiva y ambos presentan un cuadro severo con pérdida total de la conciencia.
Sólo yo se que José María no vio el cambio de semáforo, cegado por la ira que derivó de los gritos de María José, cuando al principio de la pelea, ella le había cuestionado a qué se refería exactamente cuando en la mañana él, entre dormido, le juró que con una tal chica, no había hecho absolutamente nada.
- Fin -

Como habrán notado hoy para introducir una variante, en lugar de expresar una reflexión relacionada con el video que pueden ver a continuación, preferí escribir un cuento. Se trata de una sencilla historia que no pretende ser demasiado original, ni mucho menos estar bien escrita. Su intención es sólo remarcar de manera un poco sobrecargada en actitudes, aunque para algunos casos no lo sean tanto, la forma en que el incociente se apodera de estos desdichados personajes, principalmente el de él, desde las reacciones inconscientes que expresa a través de su cuerpo, pasando por las situaciones instintivas, hasta que llegan a controlar tambien la mayoría de sus actividades cotidianas, en su tabajo ,en la iglesia o en su casa, casi sin dejar lugar a alguna situación en el transcurso del día donde se manifieste una toma de conciencia.

Me resulta muy interesante notar como actúa nuestro inconsciente a la hora de crear rutinas que nos brinden seguridades, así como cuando tambien advertimos de qué manera, a veces, delata nuestras verdaderas intenciones. Seguramente más adelante abordaremos nuevamente el tema, de momento, los invito a ver este programa de Redes, titulado El experto y sabio inconsciente donde su conductor, Eduard Punset, entrevista al psicólogo John Bragh que nos brinda alguna pistas sobre este aspecto de nuestro siempre sorprendente cerebro.

saludos!

Juan Carlos




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7 comentarios:

Fidel dijo...

Es la rutina, es ni más ni menos que la rutina, pesada y espesa, con sueños vagos, e incertidumbres repetitivas.

Me ha gustado el tecto. Usas bien los adjetivos plásticos para crear la personalidad de los personajes.

Un saludo

Juan Carlos Alonso dijo...

Gracias Fidel, me alegro que te haya gustado. Son cosas que me parece que hay que prestarles atencion, ya que en determinados casos,si nos dejamos llevar pueden terminar teniendo un doble filo.

Un abrazo.

valnouveau dijo...

Me gustó mas que ilustraras con palabras que con video, genial leerlo como lo escribes y describes.

Si me ha pasado eso de despertar no del todo y decir cosas sin sentido o que después me dicen que dije y no recuerdo. Lo bueno es que no me han delatado mis sueños ni nada que me ponga a tela de juicio.

Saludos!

pecado dijo...

El relato se adapta bastante bien a la explicación de una conducta , para el cerebro es tan real lo que ve como lo que siente porque las mismas redes neuronales estan implicadas.
No conocia esta faceta tuya che...
Por cierto una vez me hipnotice para dejar el tabaco y comprendi el poder del inconsciente.
Saludos otoñales

Juan Carlos Alonso dijo...

Gracias Vale..es cierto lo que decís y no solo en sueños, a veces se delata la gente con algún gesto, o mismo en el lenguaje también es increible como funciona el inconciente, el tema es cuando uno a veces lo percibe, generalmente pocos lo reconoce, bueno por algo es inconciente jejej

Hola pecado gracias, claro se complementan. Si tengo varias facetas desconocidas pero por suerte no todas son tan terribles comoe esta jajajaja
y dio resultado? dejaste el tabaco?

Bueno gracias y besos a ambas
p.d. pecado no me queda mas remedio que devorvértelos pimaverales!!

Ramón dijo...

Pues despues de todos los comentarios, simplemente decir que el cuento corto, historio o como quermaos llamarlo refleja muy bien, lo que el documental de Punset nos transmite.....lo mas alucinante es la gran importancia del subconsciente para que la consciencia puede sobrevivir, y que decir de lo equivocado que esta Freud....saúdos

Juan Carlos Alonso dijo...

Gracias Ramón!!
es cierto..ahora podemos ver lo equivocado que en muchas cosas estaba Freud, sin embargo su trabajo fue indispensable para abrir un nuevo camino en materia de lo que aún no se sabía nada.

Un saludo