viernes, 1 de julio de 2011

La Naturaleza de la Conciencia. -John Searle-


“Como aquella noche en que nos dio su encanto
y el sueño de su cuerpo,
se aparece cual fantasma en el recuerdo
cada vez que el tiempo sabe a soledad
y no hay amor…
¡Es un dolor!
¡Esa mujer es un dolor!!"

-Noel Nicola-




Hoy retomamos nuestra sección Adarme Divulgación y, para ello, escogí un libro algo especial. Lleva el pomposo título de: La naturaleza de la conciencia. Cerebro mente y lenguaje, y consiste en las duras críticas realizadas por parte de los filósofos Daniel Dennett y John Searle a la obra Philosophical Foundations of Neuroscience escrita por el neurocientífico Maxwell Bennett y el filósofo Peter Hacker. Luego de un breve resumen de dicha obra y de sus respectivas críticas, estos dos últimos autores exponen sus supuestas refutaciones (cosa que deja bastante que desear como tales).
De cualquier modo, el libro aborda algunos temas interesantes de los cuales, éste, considero que es uno de ellos.
Saludos!

Juan Carlos




LA UBICACIÓN DE LOS DOLORES




He dicho que todos los estados conscientes existen el cerebro.
¿Pero qué ocurre con el dolor en un pie? Sin duda está en el pie, no en el cerebro. Bennett y Hacker objetan mis ideas en esta cuestión y puesto que esas ideas son a primera vista contrarias a la intuición, quiero dejarlas claras. Creo que si formulamos todos los hechos con claridad, las preguntas referentes a la ubicación de los dolores tendrían respuestas obvias.
En primer lugar, el espacio real, es decir, el espacio físico. Sólo hay un espacio real, físico, y todo lo que se halla en él está relacionado espacialmente con todo lo demás. Hoy, después de Einstein, concebimos el espacio y el tiempo como un único continuo espacio-tiempo, y las ubicaciones de las cosas se especifican en relación con un sistema coordinado. Para nuestros propósitos, el espacio esta lógicamente ordenado. Consideremos la transitividad de "en";: si la silla está en la habitación y la habitación está en la casa, entonces la silla está en la casa. Todos los acontecimientos del mundo real se producen en el espacio y tiempo físicos. Algunos de esos acontecimientos carecen de límites bien definidos –pensemos en la Gran depresión o en la Reforma Protestante, por ejemplo-, pero, en cualquier caso, y al igual que todos los demás acontecimientos, ocurren en el espacio y el tiempo.
Pasemos ahora al espacio experimentado y fenomenológico del cuerpo. Supongamos que sufro una herida en el pie. Esto activa una secuencia de excitaciones de neuronas que suben por mi columna vertebral, pasan por el tracto dorsolateral de Lissauer, acceden a los centros del dolor de mi cerebro y, como resultado de ello, siento un dolor en el pie. Esta descripción es incuestionablemente la correcta, de modo que si, por ejemplo, el médico me pregunta dónde siento el dolor, yo señalaría el pie y no la cabeza. Es decir, para señalar la ubicación del dolor, señalo mis miembros anatómicos en el espacio real. La pregunta es ahora ¿Cuál es exactamente la relación entre espacio físico real y el espacio físico experimentado y fenomenológico del cuerpo?
Para responder esta cuestión, debemos preguntarnos cómo crea el cerebro el espacio fenomenológico del cuerpo. El cerebro crea una imagen del cuerpo, una conciencia fenomenológica de las partes del cuerpo, su estado y las relaciones entre ellas. El cerebro crea una conciencia de mi pie incluida en la imagen del cuerpo y, por consiguiente, cuando siento el dolor, una conciencia del dolor en tanto que situado en mi pie. En síntesis, el cerebro crea un espacio corporal fenomenológicamente real y un dolor en ese espacio corporal. No hay duda acerca de la realidad fenomenológica de estos fenómenos; la única pregunta es: ¿Cuál es exactamente la relación entre el espacio fenomenológico del cuerpo y el espacio físico real de mi cuerpo?

Los problemas surgen cuando intentamos tratar el espacio corporal fenomenológico como si fuera idéntico al espacio físico real del cuerpo. Observemos que la transitividad de "en"; no funciona si intentamos pasar del espacio fenomenológico al espacio físico. Siento un dolor en el pie y mi pie está en la habitación, pero el dolor no está en la habitación. ¿Por qué no? El enigma que supone la relación del espacio fenomenológico con el espacio físico se complica aún más cuando consideramos el dolor en miembros fantasmas. El paciente siente un dolor en el pie, pero no tiene pie. El dolor es real ¿pero dónde está? Bennett y Hacker responden esta pregunta como sigue. “Así pues, realmente siente un dolor donde debería estar su pie(es decir, en su miembro fantasma)”
Pero un miembro fantasma no es un tipo de miembro, como un miembro herido o un miembro quemado por el sol. Los miembros fantasmas no existen como objetos en el espacio real. De modo que si consideramos que la observación de nuestros autores se refiere literalmente al espacio físico, nos encontramos con el resultado absurdo de que el paciente “tiene un dolor donde estaría su pié”, es decir, en la cama. El dolor esta justamente ahí, debajo de la sábana ¿Exactamente por qué razón es esto absurdo? Porque en el espacio físico de las camas y las sábanas no hay dolores. Los dolores sólo pueden existir en los espacios fenomenológicos del cuerpo. Y si consideramos que el paciente se refiere a su imagen corporal fenomenológica, lo que dice es cierto. El hombre siente un dolor en el pie y, aunque no tiene pie físico, sigue teniendo un pie fantasma fenomenológico en su imagen del cuerpo.
Sin embargo, y éste es el punto crucial, el dolor es un acontecimiento real del mundo real, por lo tanto debe tener una ubicación en el espacio-tiempo real. No puede estar en el pie del hombre porque éste no tiene pie. No puede estar donde estaría el pie si el hombre lo tuviese, porque no hay nada entre las sábanas. Evidentemente, está en su pie fantasma, pero su pie fantasma no es un objeto con una ubicación espacial como parte del cuerpo, como la de un pie real. Confío en que resulte obvio que, en el espacio físico del mundo real, la ubicación espacial del dolor fantasma del pie fantasma está en la imagen del cuerpo, que está en el cerebro. En el espacio físico real, tanto el dolor de pie real como el dolor de pie fantasma están en el cerebro, junto con el resto de la imagen corporal.

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1 comentario:

Verónica dijo...

Wow, interesantísimo!!! un gran y excelente ejemplo es Stephen Hawking...la clasificación de enfermedades genéticas digamos...contra trastornos mentales,enfermedades psicogénicas, psicosomáticas cuánta madeja! para descubrir en qué punto hacemos orgánico un dolor, enfermedad etc. ... muy bueno, gracias Juan Carlos un abrazo.