sea un túnel sin salida
si hemos derribado el Muro
con la "chispa de la vida".
-Luis Eduardo Aute-
No es novedad el hecho de tener que decir que Buenos Aires, a la hora en que buscamos decidir qué hacer con nuestro tiempo libre, aparte de la juerga, es una ciudad que nos ofrece una cantidad apreciable de opciones, sobre todo si andamos con ganas de cultivarnos un poco
La cuestión cultural es una de las pocas, si no la única, que los diferentes gobiernos democráticos de turno aplicaron políticas más o menos encaminadas hacia un mismo destino común.

Como eventos destacados (en esta oportunidad hablando de los organizados por los gobiernos para que la gente pueda acudir gratis o a un bajo costo) tenemos por ejemplo conciertos en las plazas, muestras de cine, danza y teatro casi todos los fines de semana. También exposiciones de fotografía, pinturas y esculturas e incluso talleres para aprender estas disciplinas.
Anualmente nos encontramos con algunas actividades tan interesantes como originales, cosas tales como la noche de las librerías(no se si será similar a la noche de los libros en Madid), donde las clásicas librerías de la emblemática avenida Corrientes sacan sus bateas a la calle, se colocan improvisadas salas de estar con cómodos sillones en mitad de la avenida donde se pueden oír charlas de reconocidos autores o participar en los debates que éstos ofrecen. Otra es la llamada noche de los museos, en la cual éstos mantienen hasta las cuatro de la mañana sus puertas abiertas y hay combis a muy bajo costo que hacen el recorrido preprogramado por cada uno de ellos. Es obvio que a veces uno no puede recorrer un solo museo ni en dos días enteros mucho menos podrá recorrer 6 ó 7 en unas horas, pero no por ello deja de ser una opción atractiva para despertar interés e incentivar a que los visitantes vuelvan otro día.
La verdad es que actividades culturales no nos faltan y los porteños no nos podemos quejar. Aunque…Si. Siempre hay un aunque (para que no digan que siempre ando poniendo peros), si se me permite la ironía, debo decir que a diferencia de los antiguos romanos, nosotros obviamos el pan y nos quedamos solamente con el circo.
Bien sé que el comentario que acabo de hacer puede ser el detonante del mecanismo de defensa de más de uno que automáticamente exclame ¿Qué? ¿Te atrevés a llamar circo a la cultura? A ellos les respondo que no, no me atrevo a compararla enteramente con un espectáculo circense, por eso aclaré que se trataba de una ironía, aunque (repito, siempre hay un aunque) debemos reconocer que la misma, por utilizar un termino de nuestro argot, está bastante berreteada (el equivalente español sería hortereada, por decirlo de algún modo).
No toda, claro está, peero… (Si, también a veces hay un pero con tres “e” y puntos suspensivos finales)
Los motivos de por qué se ha desprestigiado no los voy a explicar aquí. A quien le interese cuáles fueron se puede remitir al capítulo dedicado a las artes del fascinante libro de Steven Pinker, La tabla rasa: La negación moderna de la naturaleza humana.Entonces, se preguntarán, si no me atrevo a aseverar tal comparación ¿para qué ironizo con ella?
Ironizo por que veo alrededor que muchos de los ciudadanos de cualquier clase social que acuden a estos espectáculos tienen la costumbre de encasillar a la palabra cultura y limitarla al campo de lo artístico, por más amplio que éste resulte, pero la limitan al fin.
No olvidemos que la ironía es siempre un llamado de alerta. Debo aclarar que No estoy para nada en contra de estas manifestaciones culturales, al contrario, muchas las celebro al concurrir y aplaudo a la gente que asiste a los mismas, pero ojo. No podemos pasar por alto que la palabra cultura también alcanza a otras disciplinas… ¿por ejemplo? Exacto. La ciencia.
Esto, por más que muchos puedan decir, y con justa razón, no me gusta, no entiendo no me interesa, deben intentar comprender que en estos tiempos que corren (porque ya no caminan, corren) y con los problemas y debates que se avecinan a futuro, debemos darle lugar y un poco de nuestro tiempo al conocimiento, ya que resulta relevante saber más o menos donde estamos parados aunque no nos especialicemos en un tema en particular. Para, como mínimo, tener una noción generalizada de qué es lo que se sabe y a partir de allí poder actuar en consecuencia.
Como habrán visto, este post, como tantas otras historias, empezó bien y luego surgió un conflicto, pero sin embargo, permítanme anticiparles, amigas y amigos míos, que tiene un final feliz.
Sí, claro, porque lo que quiero anunciar y replicar en esta oportunidad, luego de la introducción que consideré pertinente hacer, es la exposición que se realiza en mi Buenos Aires querido que se da a conocer como El Túnel de la ciencia.
¿Y que es esto? Es una exhibición que hace la Sociedad Max Planck de Alemania. Un recorrido de doce estaciones que abarca desde lo más pequeño hasta lo más grande. Empezando por el big bang y pasando por temas como el nanocosmos, cómo se comunican las moléculas con las células, la arquitectura de la mente, el mundo de los sentidos, desafíos globales, agujeros negros y muchas cosas más. Deteniéndose uno en cada estación es como leer un libro, en algunos casos con el apoyo de audiovisuales, y en todos con el asesoramiento de especialistas en cada materia.
La verdad es que está muy bueno, la entrada es libre y gratuita y obviamente es un programa más que recomendable. Tengo entendido que la exposición recorre muchas ciudades del mundo así es que si aún no llegó a tu ciudad estate atento. Para los que se la perdieron y le interesa pueden acceder a la página Web que es http://www.tuneldelaciencia.mincyt.gob.ar/institucional.html en la que podrán encontrar mucha información e incluso un tour interactivo.

Es mi obligación advertirles que si alguno de ustedes la visita y, como yo es lego en física (bueno yo más que lego soy Rasti y Mis ladrillos todos juntos) no se espante al entrar ya que en el inicio parece un poco complicado en cuanto e su especificidad, pero luego a medida que se avanza el camino se despeja.
No me quiero despedir sin antes mencionar, a manera de valor agregado, que en la estación denominada Del gen al organismo hay una bajita guapa que le produce un desorden en el organismo a cualquiera y llama a cumplir el mandato genético hasta al más racional de los cerebros.
En fin, ahora si, para terminar me gustaría decir que podemos alegremente leer El Túnel de Sábato pero también esta bueno darse una vueltita por El Túnel de la ciencia, no se van a arrepentir.
Saludos
Juan Carlos










